El Arzobispado de Lima ha incorporado recientemente a Manel Riera Cunill como director-coordinador del Área de Procesos Canónicos, un cargo de alta sensibilidad que le otorga responsabilidades significativas en la intervención y reorganización de comunidades religiosas en el Perú. La designación ha sido respaldada por Monseñor Jordi Bertomeu, figura clave en diversas investigaciones vaticanas sobre abusos y gobernanza eclesial.
Entre las tareas que se le han encomendado a Riera se encuentra la intervención de instituciones como Pro Ecclesia Sancta y las Siervas del Plan de Dios, esta última vinculada al controvertido Sodalicio de Vida Cristiana, actualmente bajo fuerte escrutinio tanto por abusos cometidos en el pasado como por su estructura interna.
Sin embargo, el nombramiento de Riera no ha estado exento de polémica. En España, su trayectoria ha estado marcada por la sombra de investigaciones por presuntas irregularidades urbanísticas y en la gestión empresarial. Aunque no ha sido condenado, su nombre ha aparecido en causas relacionadas con presunta corrupción, creación de sociedades con estructuras opacas y vínculos poco claros con iniciativas que se presentan como de protección a menores, pero que han generado inquietud en medios jurídicos y eclesiales.
Uno de los casos que más llama la atención es la fundación en el Reino Unido de entidades como “We Are Free” y la “Company for the Protection of Minors and Vulnerable People Ltd”, asociaciones que en su operativa y estructura presentan importantes irregularidades, y que han sido objeto de análisis tanto por medios especializados como por expertos en gobernanza eclesial.
La preocupación se intensifica al considerar que el Área de Procesos Canónicos, especialmente en contextos de intervención, requiere no solo solvencia jurídica, sino una integridad personal y profesional incuestionable. Además, es un ámbito particularmente delicado cuando se trata de casos de abuso y protección de menores, materia en la que la Iglesia ha reiterado la necesidad de máxima transparencia y rectitud moral.
En este contexto, diversas voces dentro y fuera de la Iglesia peruana comienzan a cuestionar la idoneidad de Manel Riera para ocupar un cargo de tanta responsabilidad, especialmente cuando los estándares de limpieza y credibilidad en el manejo de estos asuntos son, o deberían ser, particularmente altos.
Por el momento, el Arzobispado de Lima no ha emitido declaraciones públicas respecto a estas controversias. La situación, sin embargo, pone de relieve la necesidad de criterios más rigurosos a la hora de seleccionar a quienes tienen en sus manos tareas tan delicadas para el futuro de la Iglesia y la confianza de los fieles