En un contexto donde México enfrenta desafíos sociales profundos, como la desigualdad económica y la indiferencia ante la pobreza, la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) continúa su compromiso evangelizador con la serie de catequesis «Venga a Nosotros Tu Reino».
Esta semana, se estrenó el capítulo 30, titulado «Corazones Desprendidos», predicado por el obispo de Cuernavaca y presidente de la CEM, Ramón Castro Castro. Esta entrega, que invita a una reflexión sobre el desapego material y la solidaridad, reafirma el enfoque catequético de la serie, inspirado en el centenario de la encíclica Quas Primas del Papa Pío XI, sin desviarse de su misión de formar corazones para el Reino de Dios.
La serie, lanzada en 2025 para conmemorar los 100 años de la institución de la Fiesta de Cristo Rey –establecida por Pío XI en 1925 para afirmar la soberanía de Cristo en la sociedad–, ha mantenido una brújula firme en la enseñanza doctrinal y pastoral.
No se trata de simples mensajes en redes, sino de catequesis profundas que buscan transformar la realidad mexicana a la luz del Evangelio. A lo largo de sus 30 capítulos, la serie ha explorado cómo el Reino de Dios se construye en el aquí y ahora, abordando temas sociales, familiares y éticos con un llamado a la acción concreta. Esta orientación catequética evita que la serie se diluya en reflexiones abstractas, recordando que, como enseña Quas Primas, Cristo debe reinar en las mentes, voluntades y corazones, extendiéndose a las instituciones y la vida pública.
En «Corazones Desprendidos», el obispo Castro parte del Evangelio del joven rico (Mateo 19:16-22), quien cumple los mandamientos pero se aleja entristecido al ser invitado por Jesús a vender sus bienes y dárselos a los pobres. El prelado enfatiza que el pasaje no condena la riqueza en sí, sino el apego que ata el corazón y lo cierra a Dios y al prójimo. «El desprendimiento evangélico no exige necesariamente quedarse sin bienes, sino reconocer que la riqueza es un medio, no el fin de la vida», explica Castro.
En el contexto mexicano, critica la acumulación sin solidaridad, la indiferencia ante el sufrimiento y el lujo excesivo frente a la pobreza extrema. Recuerda la doctrina social de la Iglesia: la propiedad privada lleva una «hipoteca social», destinada al bien común y la dignidad humana.
El obispo urge a las empresas y empresarios a asumir una responsabilidad ética, generando empleos dignos, salarios justos y cuidando el medio ambiente. Denuncia la devastación ambiental por ganancias como un pecado contra las generaciones futuras, pero la conversión no es solo estructural; es personal y constante, más allá de caridades ocasionales. Castro visibiliza rostros concretos de la pobreza en México: madres buscadoras de desaparecidos, migrantes, pueblos indígenas despojados y jóvenes sin oportunidades. «Construimos el Reino cuando pasamos de la comodidad egoísta al compartir responsable, viendo en el pobre no una carga, sino un hermano que nos evangeliza con su esperanza», afirma.
Esta entrega se inscribe en una trayectoria coherente de la serie, que no ha perdido su esencia catequética pese a la diversidad de temas. Los capítulos anteriores han formado un mosaico temático que enlaza la fe con la realidad nacional. El primero, «Hacia un México de Justicia y Esperanza para Nuestras Familias«, sentó las bases al presentar el Reino como un proyecto accesible y transformador. El segundo enfatizó la construcción de un México donde las familias vivan mejor, promoviendo valores como la unidad y el apoyo mutuo. En el tercero, «¿Quién Podrá Entrar al Reino?», se exploró las condiciones espirituales para participar en esta realidad divina.
A lo largo de la serie, se han abordado dimensiones variadas: la familia como iglesia doméstica (capítulo 28), los trabajadores del Reino (29), la búsqueda de la verdad en un México herido por la desinformación (20), ser un don para los demás (14), y la misericordia de Jesús como médico del mundo (18). El capítulo 12, también predicado por Castro, llamó a ser ciudadanos del Reino para transformar el país, integrando la doctrina social con llamados a la justicia y la paz.
Temas recurrentes incluyen la superación de la violencia, el cuidado de la creación, la inclusión de marginados y la evangelización en contextos urbanos y rurales. Cada episodio combina Escritura, magisterio papal y aplicaciones prácticas a México, como la crisis migratoria o la corrupción.
Lo que distingue a «Venga a Nosotros Tu Reino» es su fidelidad al espíritu de Quas Primas. En un mundo secularizado, Pío XI advirtió contra ideologías que marginan a Dios; la serie actualiza esto, invitando a los mexicanos a reconocer a Cristo como Rey en la política, economía y cultura. No es propaganda, sino catequesis que empodera en tiempos de polarización proponiendo el Reino como antídoto a la injusticia, fomentando diálogo y acción solidaria.
Con 30 capítulos, el más reciente, «Corazones Desprendidos», no solo resume el Evangelio del desapego, sino que corona una serie que, anclada en Quas Primas, guía a los fieles hacia un México más justo. Como dice el obispo: «Venga a nosotros tu Reino», un llamado que resuena en cada capítulo invocando a Santa María de Guadalupe para desprenderse de ataduras y alcanzar los bienes eternos.