Tras violencia en Jalisco, Iglesia invoca intercesión de La Pacificadora. ¿Por qué se le llama así a la Virgen de Zapopan?

Tras violencia en Jalisco, Iglesia invoca intercesión de La Pacificadora. ¿Por qué se le llama así a la Virgen de Zapopan?

Mientras Jalisco aún se duele en sus heridas tras la ola de violencia desatada por el abatimiento de Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, la pequeña imagen de Nuestra Señora de la Expectación de Zapopan, la Virgen de Zapopan, de apenas 34 centímetros hecha de pasta de caña de maíz y orquídea, ha vuelto a ser invocada como La Pacificadora. La arquidiócesis de Guadalajara, sacerdotes y el propio cardenal José Francisco Robles Ortega han invocado su intercesión y expuesto el Santísimo Sacramento en techos de templos convocando a la oración para pedir que, como hace casi cinco siglos, la también “Generala” conmueva corazones y devuelva la paz al Estado de Jalisco y a México entero.

Más de 250 narcobloqueos en 20 estados, centenares de vehículos incendiados —especialmente en Puerto Vallarta y Guadalajara—, enfrentamientos armados, balaceras, fuga de reos y un saldo que supera los 60 muertos, entre ellos 25 elementos de las fuerzas armadas, escuelas cerradas, comercios paralizados y un Código Rojo hasta el martes 24 de febrero, se mantenía vigente en el occidente de México.

En medio de la zozobra, la Iglesia de Guadalajara no dudó. “Que La Pacificadora, que ya aplacó guerras en nuestra tierra, nos conceda hoy la reconciliación”, declaró el cardenal Robles Ortega a través de las redes sociales, pero esto no es una devoción nueva es el regreso al título más antiguo y poderoso que tiene la Virgen María, Nuestra Señora de Zapopan.

La imagen llegó a la Nueva Galicia entre 1530 y 1531 de la mano de fray Antonio de Segovia, franciscano que la trajo desde Pátzcuaro. Durante la guerra del Mixtón (1540-1542), la mayor rebelión indígena contra los españoles en la región, Segovia la llevó en sus misiones de pacificación. Subía a cerros y riscos ofreciendo indulto real a cambio de rendición. Las crónicas coloniales de fray Antonio Tello en el siglo XVII y del padre e historiador Matías de la Mota Padilla (1742) relatan que la imagen provocaba “luces celestiales” y conversiones masivas, los indígenas rebeldes bajaban “como ovejas mansas” a deponer las armas.

El 8 de diciembre de 1541, tras la pacificación principal, se repobló Tzapopan, hoy Zapopan, con indígenas cristianos de Jalostotitlán. Ese mismo día, fray Antonio entregó oficialmente la imagen a los nuevos pobladores. Desde ese instante preciso, indígenas convertidos, franciscanos y el propio Segovia la proclamaron como “La Pacificadora”. Es el primer título que recibe la imagen y nunca lo ha perdido.

 En 1653, el obispo de Guadalajara, Juan Ruiz de Colmenero, realizó la primera indagación jurídica de milagros y validó su carácter taumaturgo. El cabildo de Guadalajara, en 1734, la reconoció oficialmente como protectora contra rayos, tempestades y epidemias tras varios prodigios documentados. El 13 de junio de 1821, tras la entrada pacífica del Ejército Trigarante a Guadalajara, el general Pedro Celestino Negrete la nombró “Generala del Ejército Trigarante”, título ratificado en 1852 y 1894. Y el 18 de enero de 1921, el Papa Benedicto XV concedió su coronación pontificia, realizada por el arzobispo Francisco Orozco y Jiménez en la catedral de Guadalajara, proclamándola solemnemente “Reina y Madre de Jalisco”.

Estos no son relatos piadosos aislados. Las crónicas franciscanas, las actas capitulares del cabildo y las indagaciones eclesiásticas del siglo XVII constituyen un corpus documental sólido que la historiografía jalisciense ha validado como base de su devoción popular.

Hoy, ese legado de pacificación resuena con fuerza inédita en un período de turbulencia en una guerra no declarada. Mientras el gobierno estatal anuncia el regreso gradual a la normalidad para el miércoles 25 de febrero y la presidencia de la República reporta el levantamiento de la mayoría de los bloqueos, los fieles acuden a su Pacificadora. “En el Mixtón pacificó una guerra de años, hoy puede pacificar los corazones endurecidos por el narco”.

 La Virgen de Zapopan ahora se alza como símbolo de fe y esperanza, relicario vivo de la identidad jalisciense. Cada 12 de octubre sale en romería paralizando la ciudad de Guadalajara, cada año visita parroquias de junio a octubre. En momentos de crisis y calamidades, de terremotos, epidemias y conflictos, Jalisco siempre ha recurrido a ella. Ahora, tras la violencia del 22 de febrero, su título más antiguo cobra nueva significado.

 Nuestra Señora de Zapopan, como en 1541, vuelva a conmover, a reconciliar y a traer la paz que tanto anhela México. Mientras las autoridades refuerzan operativos y la sociedad civil pide justicia, miles de jaliscienses elevan su mirada a la pequeña imagen que, desde hace 485 años, lleva por nombre y por obra lo que implica viva esperanza. Que la Pacificadora devuelva la paz perpetua al Occidente y a México entero.

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