La muerte del presbítero José Medina García sacudió a la Iglesia católica en el norte de Veracruz y desató rumores que van desde la versión inicial de que el sacerdote habría fallecido debido a complicaciones por el frío hasta la hipótesis más dolorosa, un posible suicidio. El comunicado oficial emitido este lunes por la diócesis de Papantla, firmado por el obispo José Trinidad Zapata Ortiz, no solo contradice la primera información difundida, sino que utiliza un lenguaje tan cauteloso que ha abierto la puerta a interpretaciones que la propia diócesis pide evitar.
El 23 de febrero, durante las primeras horas, circuló la versión de que el sacerdote, de 41 años y párroco en Misantla, había fallecido a causa de un agravamiento de su salud por las bajas temperaturas. La explicación parecía lógica; sin embargo, el comunicado diocesano revela una realidad muy distinta.
“Según la información preliminar, el sacerdote habría ingerido una sustancia tóxica, situación que derivó en su urgente hospitalización. A pesar de los esfuerzos médicos realizados, lamentablemente perdió la vida”, dice el texto. No se habla de “envenenamiento accidental”, ni de “ingestión involuntaria”, ni de “exposición a tóxicos», sino de una posible acción implica una acción deliberada.
Más revelador resulta cuando el comunicado pide: “Con prudencia y respeto a su dignidad, así como al dolor de su familia”, evitar “emitir juicios anticipados y confiamos en que las autoridades competentes podrán esclarecer plenamente los hechos”. Esto contrasta con otros hechos cuando un sacerdote muere por causas naturales, por un accidente de tránsito o incluso por un envenenamiento accidental, las diócesis suelen dar la información de inmediato y sin reservas. Aquí, en cambio, se apela a la “prudencia”, se menciona explícitamente a las “autoridades competentes”, es decir, la Fiscalía) y se pide no adelantar conclusiones.
El padre Medina García tenía una edad en la que la mayoría de los sacerdotes están en plena actividad pastoral. No se mencionan enfermedades crónicas previas ni problemas de salud públicos. El comunicado tampoco habla de un malestar repentino o de síntomas previos que hicieran prever un desenlace fatal por causas naturales.
José Trinidad Zapata Ortiz, octavo obispo de Papantla, cierra el documento encomendando el alma del sacerdote a la misericordia divina y citando el evangelio de san Juan: “Yo soy la resurrección y la vida, el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá”. Invita a rezar por el eterno descanso del presbítero, por su familia y por la Iglesia diocesana. Posteriormente se darán detalles de las exequias. Pero el silencio sobre la causa exacta de la muerte es ensordecedor.
En la Iglesia, los casos de suicidio sacerdotal son extremadamente delicados. Cuando ocurren, las diócesis suelen manejarlos con el mayor hermetismo posible por respeto a la familia y para evitar el escándalo. El comunicado de Papantla sigue exactamente ese patrón: informa lo indispensable, evita detalles, pide prudencia y deja todo en manos de las autoridades civiles.
Mientras las investigaciones avanzan, la pregunta surge y es inevitable ¿el padre José Medina García decidió poner fin a su vida? El comunicado oficial no lo afirma, pero tampoco lo niega. En tanto, la diócesis de Papantla ha pedido respeto y oración, la comunidad espera respuestas claras que, por ahora, solo el dictamen pericial de la Fiscalía podrá dilucidar sobre la muerte de un joven sacerdote, pastor cercano y apreciado por su feligresía.
Las exequias del “padre Josesito”, como era conocido, se realizarán en la parroquia de San Miguel arcángel en Pueblo Viejo y las últimas honras fúnebres en su comunidad de origen, el pueblo de Adolfo Ruiz Cortines en Coxquihui, Veracruz.
Descanse en paz.