Padre Filiberto Velázquez se va de Guerrero,  crimen organizado amenaza su labor pastoral

Padre Filiberto Velázquez se va de Guerrero,  crimen organizado amenaza su labor pastoral

 Por la incesante y creciente violencia en el estado de Guerrero, el Pbro. Filiberto Velázquez Florencio, padre Fili, ha sido desplazado del Estado de Guerrero y de la diócesis de Chilpancingo-Chilapa por amenazas directas del crimen organizado. La decisión, hecha pública por el obispo José de Jesús González Hernández el 4 de enero de 2026, responde a la falta de garantías de seguridad para el religioso quien ha dedicado años a la defensa de los derechos humanos y la mediación en conflictos armados.

Filiberto Velázquez, originario del Estado de México, fundó en 2018 el Centro de Derechos Humanos Minerva Bello, organización con sede en Chilpancingo, que se ha convertido en un pilar para las víctimas de la violencia en Guerrero. Desde su creación, el centro ha acompañado a familiares de desaparecidos, desplazados internos y afectados por el fuego entre cárteles. Una de sus labores más destacadas ha sido la representación legal en el caso del estudiante normalista de Ayotzinapa, Yanqui Kothan Gómez Peralta, asesinado por policías estatales el 7 de marzo de 2024 en Chilpancingo.

Más allá de la documentación y denuncia, el padre Fili ha actuado como mediador entre grupos criminales, una tarea riesgosa que inició bajo el obispo anterior, Salvador Rangel Mendoza (2015-2021). En febrero de 2024, facilitó un acuerdo de paz entre Los Ardillos y Los Tlacos, conocido como Cártel de la Sierra, que puso fin a una ola de violencia que paralizó Chilpancingo y dejó más de una docena de taxistas muertos. Posteriormente, intervino en un cese al fuego entre Los Tlacos y La Familia Michoacana en el municipio de Heliodoro Castillo, deteniendo confrontaciones que generaron decenas de muertes, suspensiones de servicios públicos y desplazamientos forzados creando decenas de pueblos fantasma. Estas mediaciones humanitarias han permitido la entrega de ayuda a comunidades aisladas en la Sierra y la región Central de Guerrero, donde el estado ha fallado en sus obligaciones de seguridad para la población.

En 2021, Velázquez también estableció la Casa del Peregrino, un albergue en Chilpancingo que ofrece hospedaje a familiares de pacientes en el Hospital General Raymundo Abarca, un compromiso con los más vulnerables, extendiendo su labor pastoral hacia la asistencia social directa. Sin embargo, estas acciones lo han colocado en la mira del crimen organizado, que ve en sus intervenciones una amenaza a sus intereses territoriales y económicos.

Las amenazas contra el padre Fili no son nuevas. El 10 de octubre de 2023, sobrevivió a un atentado en la carretera Tixtla-Chilpancingo, donde su vehículo fue baleado. Este incidente llevó al gobierno federal a asignarle guardias personales a través del Mecanismo de Protección para Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas, incluyendo elementos de la Guardia Nacional. A pesar de esta medida, las intimidaciones persistieron inclusive con campañas de criminalización en redes sociales. El 30 de octubre de 2025, desde su cuenta de Facebook, denunció publicaciones «informativas» ligadas al ayuntamiento de Chilpancingo que lo acusaban indirectamente de vínculos con actores armados. «Su único compromiso y vocación ha sido con la paz de Guerrero, con las víctimas, con las comunidades y con la vida«, escribió, responsabilizando a las autoridades de cualquier atentado contra su integridad.

Esta campaña de difamación, que incluyó cuentas relacionadas con el poder político local, no solo dañó su reputación, sino que incrementó el riesgo real para su vida. En diciembre de 2025, en una entrevista con el diario El Sur, reiteró: «Las publicaciones que hoy circulan carecen de pruebas. Me imputan de forma indirecta hechos delictivos. Dañan mi honor y mi buen nombre y, lo más grave, me colocan en una situación de riesgo real e inminente». Estas declaraciones subrayan cómo la estigmatización desde estructuras oficiales agrava la vulnerabilidad de los defensores.

El punto de inflexión fue en octubre de 2025 cuando fue nombrado párroco interino de la iglesia de San Cristóbal en Mezcala, tras el asesinato del sacerdote Bertoldo Pantaleón Estrada quien desapareció el 4 de octubre y fue hallado muerto dos días después con un disparo en la cabeza, en su camioneta cerca de la autopista México-Acapulco. Velázquez asumió el cargo el 14 de octubre, pero lo abandonó el 15 de noviembre ante el incremento de amenazas. El obispo González Hernández explicó que, aunque contaba con escoltas, «cuando hay amenazas directamente a la persona, aun con guardias, pues ya ven lo que pasa». Citando el caso del obispo emérito Rangel, quien también sufrió consecuencias por sus esfuerzos de paz, el prelado enfatizó: «Nosotros andamos metidos en la refriega y el que anda metido por buscar la reconciliación sale afectado».

La decisión de desplazar al Padre Fili fue tomada por la diócesis ante la apatía del gobierno estatal que no proporcionó garantías adicionales. Inicialmente, se propuso su salida del país hacia Canadá por un periodo indefinido con instrucciones de mantener un bajo perfil. Sin embargo, se optó por relocarlo a Chiapas donde continúa su labor de manera discreta. El obispo confirmó que se encuentra en buen estado de salud, pero insistió en que la Iglesia no busca más mártires: «No queremos más sacerdotes asesinados».

En Guerrero, el crimen organizado ha intensificado sus ataques a figuras religiosas que intervienen en zonas de disputa, como la Sierra y la región Central. El desplazamiento de Velázquez no solo deja un vacío en la defensa de derechos humanos, sino que evidencia la fracaso de las autoridades en proteger a quienes llenan los huecos dejados por el Estado.

Organizaciones como el Centro Minerva Bello continúan operando, pero sin su fundador, enfrentan mayores desafíos. El padre Fili, en sus últimas declaraciones, urgió a detener la criminalización desde el poder político y a priorizar la paz. Su salida forzada es un recordatorio de que, en Guerrero, la búsqueda de reconciliación puede costar la libertad o la vida. Mientras tanto, la diócesis llama a la oración y a la acción para que no se repitan estos episodios, en un estado fallido donde la violencia parece no tener fin.

 

Ayuda a Infovaticana a seguir informando