En un momento en que México enfrenta una crisis de confianza en sus instituciones, el obispo de Cuernavaca y presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), Ramón Castro Castro, ha presentado la 31ª entrega de su serie de catequesis «Venga a Nosotros Tu Reino», dedicada a los «Servidores Públicos». Esta predicación, disponible en video a través de YouTube, se basa en la liturgia que proclama: «Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria por siempre, Señor». Estas palabras, según el obispo, recuerdan que todo poder proviene de Dios y debe orientarse a su gloria y al bien del pueblo. En un país donde la confianza en las autoridades ha sido «gravemente dañada», Castro enfatiza que la política no es una oportunidad de enriquecimiento, sino una vocación de servicio auténtico.
La serie «Venga a Nosotros Tu Reino» se ha convertido en una herramienta de formación espiritual par fieles, difundida a través de las redes sociales de la CEM y el perfil del obispo. Esta entrega particular llega en un contexto de desafíos nacionales, como la corrupción rampante y la polarización social. Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), más del 75% de los mexicanos percibe altos niveles de corrupción en el gobierno, un escenario que el obispo describe como urgente para recordar los principios cristianos en la vida pública. Castro cita a San Juan Pablo II, quien definía la política como «una forma elevada de caridad» cuando busca el verdadero bien del hombre. Esta visión evangélica contrasta con la tentación del poder, tal como Jesús advirtió a sus discípulos: «Entre ustedes no será así. El que quiera ser grande, que sirva».
En su predicación, el obispo ilustra cómo el poder se asemeja al de Dios cuando «sana heridas, acompaña al débil y se hace prójimo». Ejemplos concretos incluyen destinar recursos públicos a hospitales y escuelas, combatir la corrupción, y gobernar con sobriedad y transparencia. Para Castro, un gobierno que funciona adecuadamente se convierte en un «bien común en sí mismo». Esta perspectiva no ignora la autonomía del Estado, que la Iglesia reconoce, pero exige libertad para anunciar el Evangelio y acompañar a sus hijos. «Iglesia y Estado no se confunden, pero deben colaborar para el bien integral de la persona», afirma el obispo, recordando la grave responsabilidad de quienes gobiernan México en cualquier nivel. De sus decisiones depende el bienestar de millones, y una sola decisión justa puede beneficiar a multitudes.
La catequesis culmina con una llamada a la oración por los gobernantes y por nuevas vocaciones políticas cristianas. Castro subraya que todos somos responsables del bien común, invitando a participar activamente en la vida pública. «Que Cristo Rey inspire a nuestras autoridades a gobernar con justicia, humildad y amor al pueblo», concluye, repitiendo el lema de la serie: «Venga a nosotros tu Reino». Esta reflexión se alinea con la celebración de los 100 años de la solemnidad de Cristo Rey en México, promoviendo una fe que transforma la sociedad.
Esta entrega dialoga directamente con la doctrina católica sobre el compromiso político, particularmente con la Nota Doctrinal sobre Algunas Cuestiones Relativas al Compromiso y la Conducta de los Católicos en la Vida Política, publicada por la Congregación para la Doctrina de la Fe en 2002, en la festividad de Cristo Rey del Universo. El capítulo IV, «Consideraciones sobre aspectos particulares«, ofrece un marco preciso para entender el papel de los cristianos en la política, destacando incompatibilidades y principios guía.
En primer lugar, el documento advierte sobre incompatibilidades en asociaciones católicas que apoyan fuerzas políticas contrarias a la enseñanza moral de la Iglesia en cuestiones éticas fundamentales, como la defensa de la vida y la familia. Tales posiciones, afirma el texto, son «contradictorias con los principios básicos de la conciencia cristiana» e «incompatibles con la pertenencia a entidades católicas». Esto resuena en la catequesis de Castro, quien llama a una política coherente con el Evangelio, evitando que la fe se diluya en ideologías partidistas. Además, critica incoherencias en medios católicos que orientan ambiguamente en decisiones políticas, induciendo a error sin considerar la doctrina eclesiástica.
Otro aspecto clave es la construcción de una cultura cristiana. Los fieles deben esforzarse en edificar una cultura inspirada en el Evangelio y la Tradición, presentando su patrimonio espiritual en términos modernos para evitar una «diáspora cultural». No basta con transformaciones estructurales; se necesita una base cultural sólida, ya que sin ella los fundamentos sociales serían frágiles.
Rechaza visiones utópicas que instrumentalizan el mensaje religioso, transformando la tradición bíblica en un «profetismo sin Dios» que reduce la esperanza a lo terrenal, anulando la dimensión eterna. En cambio, enfatiza que la auténtica libertad no existe sin la verdad: «Verdad y libertad, o bien van juntas o juntas perecen miserablemente», cita de Juan Pablo II. En sociedades relativistas, esta ausencia debilita la libertad y promueve el individualismo, un mal que el obispo ve en la erosión de la confianza mexicana.
Finalmente, el documento aborda la libertad religiosa, basada en la dignidad humana según Dignitatis Humanae del Concilio Vaticano II. No se funda en una igualdad absoluta entre religiones, sino en la dignidad ontológica de la persona, condenando el indiferentismo y relativismo. Esto refuerza la demanda de Castro por libertad para la Iglesia en anunciar el Evangelio, colaborando con el Estado sin confusión de roles.
La 31ª catequesis de Ramón Castro Castro no es solo una reflexión espiritual; es un llamado profético a los cristianos para reclamar la política como espacio de caridad evangélica. Integrando el Evangelio con la doctrina de 2002, el obispo propone que el Reino de Dios se construya en México a través de servidores públicos íntegros. En un país marcado por desigualdades, esta visión podría inspirar una renovación: cristianos que, como sal y luz, transformen la vida pública.