El Observatorio de Ciudadanía Católica y Análisis Social publicó este lunes su boletín número 43, titulado “Adán Augusto López Hernández: Político y Servidor Público ¿Útil para quién?”. El documento, de doce páginas, ofrece un diagnóstico severo sobre la trayectoria del senador morenista y lo presenta como el prototipo más acabado del político de la Cuarta Transformación: ambicioso, sistemáticamente corrupto y orgánicamente vinculado al crimen organizado.
Apoyado en el criterio de discernimiento de la constitución pastoral Gaudium et spes (n. 43), el texto afirma que el caso de Adán Augusto López Hernández trasciende lo individual y revela una transformación estructural del Estado mexicano. Según el Observatorio, el país ha llegado al punto en que un grupo de personajes políticos se ha convertido en parte orgánica de la delincuencia organizada, hasta el grado de que ambas realidades —la política y la criminal— constituyen hoy dos caras de un mismo fenómeno.
El reporte reconstruye con detalle la “hermandad” histórica entre López Hernández y López Obrador. Remonta el vínculo a 1969, cuando el padre de Adán Augusto, el influyente abogado tabasqueño Payambé López Falconi, intervino decisivamente para librar al joven Andrés Manuel de la cárcel tras la muerte de su hermano José Ramón. Esa deuda de gratitud marcó para siempre la relación entre ambas familias.
Durante su gestión como gobernador de Tabasco (2019-2021), Adán Augusto López Hernández impulsó o, cuando menos, toleró el surgimiento del grupo criminal conocido como “La Barredora”, una célula vinculada al Cártel Jalisco Nueva Generación que se dedicó al huachicol, la extorsión y el control territorial. La detención en septiembre de 2025 de Hernán Bermúdez Requena, su exsecretario de Seguridad Pública y presunto líder de esa organización, reactivó todas las denuncias y colocó nuevamente bajo escrutinio la responsabilidad política del senador.
El texto también aborda las graves inconsistencias patrimoniales detectadas durante su paso por la Secretaría de Gobernación y la coordinación del grupo parlamentario de Morena en el Senado, así como su presunta participación —junto con Andrés Manuel López Beltrán— en el llamado “huachicol fiscal”, el mayor quebranto a las finanzas públicas de las últimas décadas, cuantificado en alrededor de 600 mil millones de pesos.
Pese a la gravedad de las acusaciones, López Hernández ha gozado de una protección sistemática tanto del expresidente López Obrador como del actual gobierno de Claudia Sheinbaum. Ni la Unidad de Inteligencia Financiera, ni la Secretaría de Hacienda, ni la Secretaría Anticorrupción han profundizado en las investigaciones, lo que el Observatorio interpreta como evidencia de la captura institucional.
El análisis concluye que en México ya no existe diferencia práctica entre un Estado fallido y un narcoestado alimentándose mutuamente. Adán Augusto López Hernández encarnaría, junto a otros altos personajes del régimen, la síntesis más clara de esa descomposición.
El boletín cierra con una interpelación directa a la ciudadanía mexicana: ¿cuál es la tarea que tenemos por delante para rescatar la democracia, restaurar la honorabilidad de la justicia y lograr una verdadera pacificación del país? ¿Qué herramientas nos quedan para alzar la voz y reorientar el rumbo político de México, de modo que las nuevas generaciones puedan vivir en condiciones dignas de educación, trabajo y libertad? Y finalmente: ¿estamos aún a tiempo de superar el populismo que mantiene a la población atrapada entre dádivas y falsas promesas?
Con este documento, el Observatorio Católico no solo denuncia un caso particular, sino que llama a la conciencia católica y ciudadana a asumir su responsabilidad histórica ante la consolidación de lo que describe como un narcoestado de facto.
El reporte puede leerse aquí.