A pocos meses de cumplirse los cien años del estallido del conflicto religioso en México (1926-1929), conocido como la Guerra Cristera o Cristiada, los obispos de la Provincia Eclesiástica de Guadalajara han publicado un mensaje pastoral que invita a dar razón de nuestra esperanza, tal como lo indica la primera epístola de Pedro (1 Pe 3,15), y a iluminar desde la fe los acontecimientos históricos que marcaron la vida de las personas y de la nación.
El documento, titulado Mensaje de los Señores Obispos de la Provincia Eclesiástica de Guadalajara con motivo del Centenario del Conflicto Religioso en México, firmado por el cardenal José Francisco Robles Ortega, arzobispo de Guadalajara, y el obispo auxiliar Manuel González Villaseñor, se enmarca en la ruta jubilar 2025-2026-2031 propuesta por la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) y retoma el espíritu del papa san Juan Pablo II en el V Centenario de la evangelización.
“Para iluminar desde la fe estos acontecimientos y comprenderlos como cristianos, debemos primero conocerlos con honestidad y objetividad, siempre a la luz del Evangelio y del Magisterio”, afirman los prelados. Reconocen que la Cristiada constituye uno de estos momentos y subrayan que ya existe una vasta serie de investigaciones historiográficas que permiten analizar la crisis de poder generada por la Revolución, las causas de las persecuciones, la Constitución de 1917, la Ley Calles, la suspensión de cultos, la respuesta de los obispos, la Guerra Cristera, los arreglos de 1929 y el posterior restablecimiento de las relaciones Iglesia-Estado bajo el presidente Manuel Ávila Camacho.
Lo que más destacan los obispos jaliscienses es el testimonio valioso de una fe grande, madura, robusta y comprometida en la vida cotidiana buscando la paz, la libertad religiosa y el verdadero progreso de los pueblos. “Somos conscientes del papel trascendental que jugaron los hijos de esta provincia durante el conflicto religioso, de manera particular, del gran liderazgo que en favor de la paz y de la resistencia pacífica y democrática encabezó el beato Anacleto González Flores. Tampoco podemos olvidar el sufrimiento de todas nuestras poblaciones al estallar la rebelión armada, ni soslayar la generosidad, valentía y buena voluntad de la mayoría de quienes tomaron las armas y dieron su vida en defensa de la libertad religiosa, decisión difícil que, sin embargo, debemos trabajar para que nunca vuelva a suceder, pues como nos enseñó el Papa Francisco «La guerra es una derrota para la humanidad» (Ángelus 7/09/13).
Este mensaje provincial llega pocos meses después del documento nacional de la CEM, publicado el 13 de noviembre de 2025 tras su CXIX Asamblea Plenaria, titulado Iglesia en México: Memoria y Profecía – Peregrinos de Esperanza hacia el Centenario de nuestros Mártires. En él, los obispos de todo el país honraron a más de 200 mil mártires –niños, jóvenes, ancianos, campesinos, sacerdotes y laicos– y afirmaron que dijeron con la vida lo que proclamaban con los labios: Cristo es Rey, no el Estado opresor; Cristo es Rey, no el dictador en turno que se envuelve en su soberbia.
La CEM fue clara al indicar que el centenario del 2026 no puede ser una mera conmemoración nostálgica, sino que debe ser un examen de conciencia y un compromiso renovado. Preguntan directamente a los fieles si estamos dispuestos a defender nuestra fe con la misma radicalidad. La importancia de este centenario radica en que 1926 marcó el punto de quiebre de una persecución sistemática que buscaba relegar la fe al ámbito privado y someter la conciencia al poder estatal. La Ley Calles, promulgada el 2 de julio de 1926, intensificó las restricciones anticlericales de la Constitución de 1917: prohibición de educación religiosa, exclaustración de religiosos, limitación drástica del número de sacerdotes, cierre de templos y suspensión del culto público a partir del 31 de julio de 1926. La respuesta popular fue masiva y espontánea en el centro-occidente del país, especialmente en Jalisco, Michoacán, Colima, Guanajuato y Zacatecas.
Cien años después, los obispos ven en esta gesta no solo un capítulo doloroso, sino una página luminosa que interpela a la Iglesia actual en un México azotado por la violencia, la corrupción y el secularismo agresivo. La libertad religiosa, la primacía de la conciencia y la defensa de los derechos humanos siguen siendo desafíos vigentes.
Diversas diócesis ya han comenzado a traducir este llamado en acciones concretas. Por ejemplo, en Colima se prepara una agenda amplia que iniciará formalmente el 5 de abril de 2026, centenario del levantamiento cristero en la entidad, donde el obispo Gerardo Díaz Vázquez ha convocado a reflexionar sin generar división para fortalecer la identidad cristiana, incluyendo un triduo celebrativo hasta 2029 con testimonios y posibles monumentos.
En Cancún-Chetumal se organizó el Primer Congreso Cristero el 7 de febrero de 2026 en la Universidad La Salle Cancún y la parroquia de San José Sánchez del Río, con expositores como el padre Juan Razo García, Uriel Esqueda y el padre Javier Olivera Ravasi, bajo el aval del administrador apostólico Pedro Pablo Elizondo Cárdenas.
En Hermosillo se realizó el 20 de febrero de 2026 un panel titulado A 100 años de la Guerra Cristera en la Sala de Usos Múltiples del Seminario Mayor, conmemorando también el aniversario luctuoso del arzobispo Juan Navarrete Guerrero.
La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y diversas instituciones académicas programaron un seminario con historiadores como Jean Meyer, bajo el título 100 años de la Cristiada: La Guerra Cristera y el problema político de los católicos hispanoamericanos, realizado los días 5 y 6 de febrero de 2026 en el Palacio de la Autonomía de la Fundación UNAM, donde Meyer ofreció la conferencia inaugural.
Uno de los eventos más destacados en este contexto ha sido la conferencia magistral impartida por el historiador Jean Meyer en la diócesis de Aguascalientes, titulada Gran Conferencia A 100 Años de la Cristiada, realizada en el Auditorio Dimo de esa ciudad. Meyer, reconocido experto en la materia y autor de obras fundamentales como La Cristiada, ofreció una ponencia que profundizó en el respiro que representó este conflicto para la cristiandad, analizando las raíces del enfrentamiento entre el Estado posrevolucionario y la Iglesia católica, así como sus repercusiones en la identidad mexicana.
En su exposición, Meyer enfatizó cómo la Cristiada no fue solo una guerra armada, sino un movimiento de resistencia popular que involucró a campesinos y comunidades enteras en defensa de su fe, destacando figuras como los mártires y líderes cristeros que encarnaron un compromiso radical con sus creencias. La conferencia, dividida en partes para una mejor comprensión, incluyó referencias a documentos históricos y testimonios orales, y fue organizada por la diócesis local como parte de las actividades del centenario, atrayendo a un público diverso que incluyó académicos, fieles y jóvenes interesados en la historia religiosa de México. Meyer también conectó el pasado con el presente, sugiriendo que las lecciones de la Cristiada son relevantes hoy para enfrentar desafíos como la secularización y la defensa de la libertad religiosa en un mundo cada vez más polarizado.
El evento de mayor impacto simbólico hasta ahora fue la Marcha Nacional Juvenil al Monumento a Cristo Rey del Cubilete en Guanajuato, el 31 de enero de 2026, que reunió a más de 50 mil jóvenes según estimaciones oficiales, aunque algunas fuentes hablan de hasta 70 mil participantes, precisamente para reavivar la memoria cristera.
Al término de la misa, presidida por el nuncio apostólico Joseph Spiteri y concelebrada por el arzobispo de León Jaime Calderón Calderón, se hizo una lectura pastoral llena de realismo y esperanza, recordando que los jóvenes de hoy son herederos del espíritu cristero sin armas ni consignas de guerra.
Otras diócesis como Tepic han participado activamente, enviando grupos de jóvenes a eventos como la marcha al Cubilete, mientras que en Piedras Negras el obispo Alfonso Miranda Guardiola integró el tema a su mensaje de Año Nuevo 2026, llamando a ser promotores de paz al conmemorar el centenario, orando por las víctimas de la violencia y construyendo una nación justa.
El centenario de la Cristiada no es, por tanto, un asunto exclusivo de historiadores o de devotos nostálgicos. Es, como afirman los obispos de Guadalajara, una oportunidad para animar la esperanza en un futuro mejor para nuestra patria, recordando que nadie enciende una luz para ocultarla, según el Evangelio de Lucas (Lc 11,33). Es un llamado a que los católicos mexicanos de hoy, como los de ayer, sepan dar razón de su esperanza no solo con palabras, sino con una fe encarnada en la defensa de la dignidad humana, la justicia social y la libertad religiosa.
En un país que aún arrastra heridas abiertas de violencia y polarización, el testimonio cristero se presenta como un signo de fe. Los obispos no piden revancha ni olvido, sino verdad, reconciliación y, sobre todo, fidelidad. ¡Viva Cristo Rey! ya no es solo un grito de batalla del pasado; es una profesión de fe para el presente y el futuro de México.