En un gesto de profundo dolor y comunión eclesial, la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) ha emitido un comunicado oficial expresando su solidaridad fraterna con la Conferencia Episcopal Española y las familias afectadas por el tremendo accidente ferroviario ocurrido en España. El documento, firmado por el presidente de la CEM, el obispo Ramón Castro Castro, y el secretario general, Héctor M. Pérez Villarreal, destaca la cercanía espiritual de la Iglesia mexicana en este momento de luto para el pueblo español.
El accidente se produjo el domingo 18 de enero alrededor de las 19:45 horas locales, cerca de la localidad de Adamuz, en la provincia de Córdoba, en la región de Andalucía, al sur de España. Según informes preliminares, un tren de alta velocidad operado por la compañía privada Iryo, que viajaba de Málaga a Madrid con aproximadamente 289 pasajeros a bordo, sufrió un descarrilamiento en la parte trasera de sus vagones. Estos cruzaron a la vía opuesta, colisionando de frente con otro tren de alta velocidad de la red pública Renfe, que se dirigía de Madrid a Huelva con unos 200 pasajeros. El impacto fue catastrófico, varios vagones se volcaron, algunos cayeron por un terraplén de unos 4 metros y el sitio se convirtió en un amasijo de metal retorcido con cuerpos esparcidos a cientos de metros del lugar del choque.
Las autoridades españolas han confirmado un saldo trágico, al menos 41 personas fallecidas, con el número aumentando a medida que los equipos de rescate recuperan cuerpos de los escombros. Más de 150 resultaron heridas, de las cuales al menos 39 permanecen hospitalizadas, incluyendo cuatro niños en estado crítico. Quince de los heridos se encuentran en condición grave. Este es el peor desastre ferroviario en España en más de una década, desde el accidente de Santiago de Compostela en 2013. El operador ferroviario Adif ha impuesto límites temporales de velocidad en otras líneas, como la Madrid-Barcelona, ante preocupaciones sobre el estado de las vías, aunque la causa exacta del descarrilamiento aún se investiga. Expertos apuntan a posibles fallos en la infraestructura o condiciones meteorológicas adversas, pero no se descarta un error humano.
En respuesta a esta tragedia, España ha declarado tres días de luto nacional, con banderas a media asta y actos conmemorativos en todo el país. El primer ministro ha prometido «llegar hasta el fondo» de lo sucedido, mientras sobrevivientes relatan escenas de horror: «Fue como un terremoto», describió uno de ellos, quien cambió de vagón en el último minuto y evitó lo peor. El Papa León XIV, mencionado en el comunicado mexicano, ha expresado su pésame y oración por las víctimas, uniéndose al duelo global.
El comunicado de la CEM resalta: «Con profundo dolor y en espíritu de comunión eclesial, expresamos nuestra cercanía fraterna y solidaridad con la Conferencia Episcopal Española, así como con las familias de las víctimas». Los obispos mexicanos se unen en oración al Santo Padre, implorando «el eterno descanso de los fallecidos, el consuelo de Dios para sus familiares y el pronto restablecimiento de los heridos». Como Iglesia hermana, elevan súplicas al Señor por misericordia y encomiendan el dolor a la Virgen de Guadalupe, Madre de la esperanza, para que conceda «consuelo, paz y fortaleza» al pueblo español.
El texto concluye con una oración tradicional: «Dales Señor, el descanso eterno. Y brille para ellos, la luz perpetua. Que las almas de todos los fieles difuntos, por la misericordia de Dios, descansen en paz. Así sea». Esta manifestación de fe trasciende fronteras, recordando la unidad de la Iglesia católica en tiempos de adversidad.
El comunicado de la Conferencia del Episcopado Mexicano puede leerse en el siguiente vínculo:
Comunicado Solidaridad España
