Obispo Castro Castro: La Iglesia, un «hospital de misericordia» para sanar las heridas del mundo

En un llamado urgente a la compasión en tiempos de crisis, Ramón Castro Castro, obispo de Cuernavaca y presidente de la Conferencia Episcopal Mexicana (CEM), presentó el capítulo 18 de su serie de catequesis “Venga a nosotros tu reino”, titulado Reino de Sanación. En esta reflexión, predicada recientemente y disponible en video, el prelado pinta a Jesús como el «médico divino» que transforma la Iglesia en un refugio para los heridos del alma y el cuerpo, invitando a los fieles a asumir el rol de «enfermeros» en un mundo saturado de violencia y desprecio por la dignidad humana.

La catequesis, que evoca imágenes poéticas y bíblicas, se centra en la figura de Cristo como sanador supremo, un tema que el obispo ilustra con referencias clásicas y evangélicas. «Jesús es el médico y el mundo entero es su hospital», afirma Castro Castro, recordando las palabras del Evangelio: «Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores». En un tono pastoral y accesible, el obispo subraya que todos, sin excepción, somos pacientes en necesidad de la «medicina de Cristo», ese «agua viva» que solo Él puede ofrecer.

Castro Castro, extiende la metáfora del Buen Samaritano para describir el ministerio de Jesús. «Él deja las 99 ovejas y se va al encuentro de la que ha quedado atrás», explica, evocando al Señor que venda las heridas del caído al borde del camino y lo lleva al «hostal» –la Iglesia misma–. No se trata de templos de piedra, aclara el prelado citando a San Pablo, sino del «cuerpo místico» de Cristo, donde los creyentes son simultáneamente «enfermos y enfermeros».

En su ensayo ¿Por qué permanezco en la Iglesia?, el entonces joven teólogo Joseph Ratzinger, Benedicto XVI, inspira esta dualidad, que Castro Castro adopta para animar a los católicos: «Los cristianos pertenecemos a la Iglesia porque creemos que detrás de nuestra Iglesia brilla e irradia su Iglesia, la Iglesia de Cristo Médico que cura y renueva». La Iglesia, compara el obispo, es como la luna que refleja la luz del sol: no tiene brillo propio, pero transmite la «luz de toda verdad, de todo amor» divina. Es la Eucaristía, «medicina divina», la que vivifica este cuerpo y lo convierte en «sacramento de salvación».

El mensaje resuena con particular fuerza en el contexto mexicano actual. «Inmersos en un tiempo de profunda crisis, saturado de violencia y desprecio por la excesiva dignidad de cada uno de los hijos e hijas de Dios», la Iglesia debe erigirse como un «hospital de misericordia», con brazos abiertos para recibir al herido. Castro Castro enfatiza que el cuidado no comienza con juicios: «Un hospital no es sitio donde se ataque al enfermo por haber cometido errores que lo llevaron a la enfermedad». Primero, se detiene la hemorragia, se alimenta y se descansa al paciente; solo después se educa para prevenir recaídas.

«Nuestra tarea primordial es menos juzgar la enfermedad que combatirla cuidando al enfermo con caridad y sencillez de corazón», insta el obispo, recordando que la verdadera sanación es un don del Espíritu Santo, no un mérito humano. En un giro personal, advierte: «Si bien un día Dios nos pide cuidar al enfermo, otro día seremos nosotros los enfermos que ingresen al Hospital de la Misericordia».

La catequesis, parte de una serie que invita a orar por la llegada del Reino de Dios, culmina con la invocación evangélica: «Venga a nosotros tu reino». El video de la prédica, accesible en plataformas digitales, ha sido recibido con entusiasmo por comunidades parroquiales y movimientos laicales, que ven en estas palabras un mapa para la acción pastoral en tiempos turbulentos.

En la serie de catequesis “Venga a nosotros tu reino”, no solo se predica, se invita a vivir: a ser yugo fácil y carga ligera en un mundo de «salteadores y bandidos». Para los heridos de México y más allá, el obispo ofrece una promesa: Jesús, el Médico, siempre vuelve al hostal para pagar la cuenta completa.

Venga a Nosotros Tu Reino, con 18 capítulos publicados, está dedicada al centenario de la encíclica Quas Primas de Pío XI del 11 de diciembre de 1925. Este documento instituyó la fiesta de Cristo Rey y buscó reafirmar su reinado social frente al laicismo, considerando que el alejamiento de Jesucristo y su ley es la causa de los problemas modernos. 

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