Nuevo obispo de Zamora delinea ejes pastorales en su toma de posesión

Nuevo obispo de Zamora delinea ejes pastorales en su toma de posesión

En una ceremonia cargada de simbolismo y esperanza, envuelto en la cultura purépecha, Joel Ocampo Gorostieta tomó posesión como el undécimo obispo de la diócesis de Zamora este 20 de enero, en la catedral neogótica de Nuestra Señora de Guadalupe de esa localidad michoacana. Con un buen número de fieles, sacerdotes y una treintena de obispos provenientes de diversas partes de México, el nuevo pastor de la Iglesia local pronunció un mensaje pastoral llamando a vencer los miedos, vivir la fe con seriedad y promover la justicia y la paz en una región marcada por la violencia y los retos sociales.

La llegada de Ocampo Gorostieta inició con la profesión de fe y el juramento de fidelidad de en la catedral de Zamora, donde reafirmó su compromiso con la Iglesia católica y el Pontífice. Posteriormente, en la celebración, se leyó la bula pontificia que confirmaba su nombramiento, emitido por el Papa León XIV el 20 de noviembre de 2025. El inicio del ministerio episcopal marca un nuevo capítulo para la diócesis que abarca regiones como la Ciénega, la Laguna de Chapala, la Meseta Purépecha y los valles centrales de Michoacán y llega en un contexto de disminución de vocaciones sacerdotales y persistentes problemas de inseguridad en el estado.

Ocampo Gorostieta, de 62 años, llega a Zamora tras una trayectoria sacerdotal que le ha forjado en ambientes difíciles y complicados. Originario de Tacámbaro, Michoacán, donde se formó como «cura de pueblo», fue obispo de Ciudad Altamirano antes de este nombramiento. En su mensaje compartió anécdotas personales, como el consejo de su hermana, una monja consagrada, quien le instó a ser «un obispo del pueblo». Aceptó el cargo tras un periodo de discernimiento, convencido de que «si el Papa lo pide, lo pide Dios». Su lema episcopal, los ejes de su misión pastoral, —unidad, justicia y paz— resume su visión pastoral, enfatizando que la paz es «fruto de la justicia, un don de Dios y una tarea nuestra».

El mensaje central de su toma de posesión fue un llamado a la comunidad católica para superar los temores y comprometerse con una fe auténtica. «Los invito a vencer los miedos y vivamos en serio nuestra fe», exhortó Ocampo Gorostieta, urgiendo a que la luz de Cristo brille en entornos sociales desafiantes. En una sociedad descrita como laicista, hedonista y materialista, donde Dios ha sido desplazado, instó a redoblar esfuerzos para reconocer y promover el don de la vida. Priorizó la atención a los sacerdotes y la vida consagrada, argumentando que «si nosotros estamos bien, podremos atender mejor a nuestros fieles laicos a quienes debemos servir con verdadero amor, con el amor de Jesucristo, el Buen Pastor».

Otro aspecto clave fue el énfasis en una Iglesia sinodal fortaleciendo la comunión para llevar el Evangelio a las periferias, especialmente a los pobres y necesitados. Invitó a superar el cansancio, el conformismo y las zonas de confort, promoviendo una evangelización activa en centros de misión con alegría y entrega. Dirigiéndose a las familias y agentes de pastoral, llamó a comprometerse en la catequesis de las nuevas generaciones, transformando el hogar en «la Iglesia de casa, donde se aprenda a respetar la dignidad, los derechos y la vida de los demás». No olvidó a los seminaristas, a quienes saludó afectuosamente, ni a las comunidades purépechas y migrantes, enviándoles una bendición especial.

La ceremonia contó con la presencia de figuras destacadas como la nuncio apostólico en México, Joseph Spiteri, del cardenal Alberto Suárez Inda, el arzobispo de Morelia, José Armando Álvarez Cano, del arzobispo emérito de Morelia, Carlos Garfias Merlos, el arzobispo de León, Jaime Calderón Calderón; José Antonio Fernández Hurtado de Tlalnepantla, Leopoldo González González de Acapulco y Rogelio Cabrera López de Monterrey, quien en su homilía habló de los desafíos y ejes que se requieren en el ministerio episcopal: unción. unidad y entrega de la propia vida.

Autoridades civiles, incluyendo presidentes municipales de Zamora, Jacona, Purépero, Chilchota y Sahuayo, así como diputados locales y funcionarios públicos, también asistieron, destacando la relevancia eclesial y social del evento. Entre los obispos presentes, se notó una representación nacional que subraya la unidad de la Conferencia del Episcopado Mexicano.

En el contexto de Michoacán, una entidad azotada por la violencia, el mensaje de Ocampo Gorostieta adquiere particular relevancia. La diócesis de Zamora es conocida por ser la tierra natal del mártir cristero San José Sánchez del Río, un símbolo de fe inquebrantable. El nuevo obispo reconoció esta realidad, exigiendo un mayor testimonio cristiano para transformar la vida eclesial y social, erradicando actos de violencia y promoviendo la paz como tarea colectiva.

Con este inicio de ministerio, Ocampo Gorostieta invita a la comunidad a un proceso de conocimiento mutuo, diálogo, discernimiento y caminar juntos. Llega con confianza en la gracia divina y en la riqueza espiritual de la diócesis, sin prejuicios y con el corazón abierto para servir. Su llamado a intensificar la oración por vocaciones resuena en un momento en que el seminario, descrito como el «corazón de la diócesis», enfrenta desafíos. Este evento no solo fortalece la fe local, sino que inspira a toda la Iglesia mexicana a enfrentar los miedos con esperanza y compromiso.

 

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