En una catequesis que resuena con urgencia en el contexto mexicano actual, el obispo Ramón Castro Castro, presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), ha enfatizado el principio de subsidiariedad como pilar fundamental para una sociedad cristiana auténtica. Titulada «¡Nada de suprimir libertades!», esta reflexión forma parte de la serie «Venga a Nosotros Tu Reino», específicamente el capítulo 25, donde el prelado aborda cómo las instituciones superiores deben apoyar a los grupos intermedios sin coartar su autonomía.
La catequesis continúa una serie de meditaciones sobre cuatro coordenadas sociales cristianas: el bien común, el destino universal de los bienes, la subsidiariedad y la solidaridad en futuras entregas. Castro Castro resume la subsidiariedad como «el apoyo que las instituciones superiores brindan a los cuerpos intermedios sin anular su libertad ni absorber sus funciones». Este principio, arraigado en la doctrina social de la Iglesia católica, reconoce la creatividad innata de los ciudadanos para formar asociaciones que fomenten el desarrollo integral.
En México, donde la sociedad civil enfrenta desafíos como la desconfianza institucional y la polarización política, el obispo destaca ejemplos cotidianos de subsidiariedad en acción: cooperativas, organizaciones vecinales, grupos parroquiales y asociaciones profesionales. «Cada uno de estos espacios es expresión de la capacidad humana para lograr, mediante acción colectiva orientada al bien común, el desarrollo personal, familiar y social», afirma Castro Castro. La familia, describe, es el núcleo primordial de estos grupos, merecedora de protección absoluta.
El mensaje adquiere un tono crítico al abordar el rol del Estado. El obispo advierte contra la tentación de las autoridades de controlar o instrumentalizar iniciativas ciudadanas para fines políticos, una práctica que, según él, contradice directamente la subsidiariedad. «En nuestro México hemos visto cómo a veces las autoridades, en lugar de apoyar iniciativas ciudadanas, buscan controlarlas o instrumentalizarlas para fines políticos», denuncia. En su lugar, el Estado debe actuar como un «padre» que custodia y ampara, preservando el espíritu de libertad e iniciativa en estos grupos.
Castro Castro insiste en que el Estado no debe suplantar a estos cuerpos intermedios, sino potenciar su capacidad para generar bienes sociales. En situaciones excepcionales, como crisis o daños al bien común, la intervención estatal es justificada, pero siempre con el compromiso de proteger la libertad fundamental. «Su misión es servir a la libertad de estos grupos y potenciar su capacidad social para generar bienes que construyen el bien común como fuerza única», enfatiza.
La catequesis no se limita a una crítica pasiva; llama a la acción ciudadana. En un país marcado por la desconfianza hacia las instituciones, donde muchos han perdido fe en el Estado, la subsidiariedad emerge como una «alternativa» divina. «Nuestra patria necesita desesperadamente tu energía creadora, tu ingenio social, no desde el aislamiento, sino sumando fuerzas con tu familia, compañeros de trabajo, con cada compatriota», exhorta el obispo. Ejemplos inspiradores incluyen vecinos organizados para la seguridad comunitaria, padres creando escuelas alternativas y empresarios locales generando empleos.
El discurso culmina con un recordatorio espiritual: las autoridades rendirán cuentas ante Dios por su manejo del poder. «La autoridad política es servicio temporal, pero la responsabilidad ante Dios es eterna», advierte, aplicándolo desde el presidente hasta el síndico municipal. Invoca a Santa María de Guadalupe para infundir celo por el bien común, humildad para la unidad y un «corazón de padres» en los gobernantes: ancho para abrazar, sabio para cuidar y fuerte para no aplastar libertades.
Esta catequesis llega en un momento oportuno para México, donde debates sobre centralización del poder y autonomía local dominan el panorama político. Organizaciones civiles y líderes religiosos han aplaudido el mensaje, viéndolo como un llamado a equilibrar el intervencionismo estatal con el empoderamiento comunitario. En palabras de Castro Castro, «sal de ti mismo, sé contagio de esperanza, brilla como faro en la niebla». Así, la subsidiariedad no es solo un principio teórico, sino una invitación práctica a tejer redes que sanen los males sociales.
Con esta reflexión, el obispo no solo reafirma la doctrina católica, sino que ofrece un marco ético para la reconstrucción social en México. En un mundo «que agoniza», como lo describe, la libertad responsable es el camino hacia un reino de paz, seguridad y dignidad. «Venga a nosotros tu reino», concluye, eco de la oración que inspira la serie.
La catequesis puede ser vista aqui.
