En una demostración masiva de fe y devoción, casi 50 mil jóvenes de todo México se congregaron el pasado 31 de enero en las faldas del Cerro del Cubilete, en Silao, Guanajuato, para participar en la Marcha Nacional Juvenil a Cristo Rey 2026, rebautizada como «Marcha del Centenario» en conmemoración de los 100 años del inicio de la Guerra Cristera (1926-1929).
El evento, organizado por el Movimiento Testimonio y Esperanza, culminó con una misa presidida por el nuncio apostólico Joseph Spiteri y concelebrada por el arzobispo de León, Jaime Calderón Calderón, destacando un llamado a la paz y la conversión en tiempos de violencia.
La peregrinación comenzó en las primeras horas del sábado en un recorrido de más de 10 kilómetros por caminos empinados entre cerros y parajes. Bajo el lema “Donde hay cruz y sacrificio, nace la Gloria”, los jóvenes avanzaron con cánticos, porras y rezos, resistiendo el frío matutino y el sol del mediodía. Muchos llegaron en autobuses que se extendieron por kilómetros en la carretera Guanajuato-Silao, mientras otros optaron por iniciar el ascenso a pie, mostrando solidaridad al compartir alimentos. El evento previo, conocido como Cubifest en Aguas Buenas, incluyó una Hora Santa al amanecer, preparando espiritualmente a los asistentes.
Esta edición especial se enmarca en el centenario de la Cristiada, un conflicto armado desencadenado por la «Ley Calles» durante el gobierno de Plutarco Elías Calles, que criminalizó aspectos del culto católico y la enseñanza religiosa, acumulando tensiones desde la Constitución de 1917. La Iglesia respondió con una resistencia pacífica, pero miles de feligreses tomaron las armas al grito de «¡Viva Cristo Rey!», enfrentando a las fuerzas federales hasta el acuerdo de 1929 mediado por el Vaticano y Estados Unidos. El ascenso 2026 rinde homenaje a los mártires cristeros, pero enfatiza un mensaje de paz, recordando que «el católico no busca la batalla, no busca la guerra; busca la paz», como se ha destacado en reflexiones eclesiales.
En la cima, frente al imponente Monumento a Cristo Rey –una estatua que simboliza la fe mexicana–, se celebró la Santa Misa. El nuncio apostólico Joseph Spiteri, en su homilía, invocó el llamado del Papa León XIV a ser «artesanos de paz», urgiendo al diálogo, la verdad y la conversión. «No podemos llegar a una verdadera paz que todos deseamos, sin la verdad; la verdad exige también un cambio de corazón, lo que llamamos la conversión, un cambio de estilo de vida más sencillo, más respetuoso. Pidiendo también la conversión de los que traen armas, de los que quieren el poder, su ley del más fuerte, sobre todos los hermanos«, expresó Spiteri, conminando a los jóvenes a tejer relaciones de fraternidad y solidaridad para superar la violencia, la falta de respeto a la dignidad humana y la imposición de la ley del más fuerte.
Los participantes, provenientes de diversas diócesis, no solo rezaron y cantaron, sino que también portaron cartulinas exigiendo respeto a la vida desde la concepción hasta la muerte natural, y oportunidades de trabajo dignas. El arzobispo Calderón Calderón, junto a otros obispos y sacerdotes, reforzó el mensaje de unidad espiritual, recordando la herencia de los mártires como fuente de esperanza en un México azotado por la inseguridad.
Igualmente, el obispo de Celaya, Víctor Alejandro Aguilar Ledesma, destacó en una rueda de prensa posterior en la catedral de Celaya el 1 de febrero, la fuerza de la fe juvenil, describiendo a los participantes como «fermento, levadura y testimonio». Resaltó cómo los jóvenes gritaban con fe y esperanza: “Si dinamitan este monumento, construimos otro”, reflejando su compromiso maternal con la Iglesia y un «nuevo resurgir» en medio de la conmemoración del centenario de la resistencia cristera.
Esta marcha que se realiza anualmente superó expectativas en 2026 por su carácter conmemorativo, atrayendo a una juventud católica vibrante que manda un mensaje claro: la sangre de los mártires no fue en vano. En palabras de los organizadores, los jóvenes son «herederos del espíritu cristero sin armas ni consignas de guerra», enfocados en la paz y la evangelización. El evento no solo revitaliza la fe, sino que invita a la sociedad a reflexionar sobre la libertad religiosa y la reconciliación nacional, en un contexto donde la Iglesia sigue siendo un pilar de esperanza para millones.