El Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO), Universidad Jesuita de Guadalajara, se convirtió en un faro de esperanza colectiva al albergar la inauguración del Segundo Diálogo Nacional por la Paz. En medio de la persistente crisis de violencia en México —con más de 20 mil homicidios dolosos anuales y un número de personas desaparecidas que no disminuye—, más de 1,370 participantes de todo el país se reunieron para pasar de la mera gestión de la violencia a la exigencia activa y corresponsable de una paz sostenible y territorial.
Organizado por la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), la Provincia Mexicana de la Compañía de Jesús, la Conferencia de Superiores Mayores de Religiosos y Sociedades de Vida Apostólica de México, y la Dimensión Episcopal para los Laicos, el encuentro retomó el impulso del Primer Diálogo Nacional realizado en Puebla en 2023, que dio origen a la Agenda Nacional de Paz. La sesión inaugural reunió discursos emotivos y comprometidos de líderes religiosos y laicos, centrados en la acción inspirada en la fe, la responsabilidad compartida y la necesidad urgente de justicia, memoria y reconciliación.
El acto comenzó con las palabras de bienvenida del doctor Alexander Zatyrka Pacheco, SJ. rector del ITESO, quien marcó un tono de compromiso ético y espiritual. Acoger este diálogo, afirmó, representa “una oportunidad para participar en la co-construcción de procesos de reflexión comunitaria” que la universidad jesuita tiene la obligación de acompañar.
Zatyrka recordó la realidad herida del país: aunque hubo una ligera disminución en homicidios, la violencia sigue azotando territorios urbanos y rurales. Invocando a san Ignacio de Loyola —“el amor se debe poner más en las obras que en las palabras”—, presentó a Jesús de Nazaret como modelo de paz construida mediante gestos de humanidad, cercanía y solidaridad con los más vulnerables. Pidió a la academia ponerse al servicio de las víctimas, sistematizando saberes y validando metodologías con humildad, para convertir la paz en “práctica cotidiana”. Concluyó reafirmando que la paz es una “tarea artesanal”, un tejido paciente que se hilvana colectivamente desde lo local hasta lo nacional.
Por su parte, el cardenal Francisco Robles Ortega, arzobispo de Guadalajara, ofreció un mensaje profundamente reconciliador. Saludando a los presentes como “hermanos y hermanas”, evocó la imagen del video inaugural —encender velas— como metáfora del propósito del encuentro: “En cada reunión nacional o local pretendemos encender la luz de la paz”. Sin embargo, reconoció las fuerzas opuestas que “se empeñan en apagarla mediante la violencia y la guerra”. Robles insistió en sembrar “semillas de paz” en espacios cotidianos —familia, calle, escuela, barrio y trabajo— para transformar la violencia en signos de esperanza y reconstruir la comunidad. Inspirado en la resurrección de Jesús, que reconcilió a la humanidad con Dios y entre sí, describió la paz no como meta acabada, sino como “camino” presidido por Cristo, que exige reconciliación permanente y “acciones puntuales y concretas” en la vida diaria.
El obispo Héctor Mario Pérez Villarreal, secretario general de la CEM, intervino con un discurso anclado en el dolor persistente de México. “Estamos aquí porque México sigue sufriendo ante la violencia, pero también porque hay personas que todavía creemos en la paz”, declaró. Pérez Villarreal subrayó que este segundo diálogo nace del dolor acumulado desde el primero, de ausencias que aumentan y de historias que se resisten a convertirse en estadísticas. Presentó la paz como una “responsabilidad exigente y cotidiana” que demanda diálogo pese a obstáculos, involucrando a todos desde trayectorias diversas. Unidos por la certeza de que “México puede ser mejor”, rechazó la normalización de la corrupción, la mentira y la violencia, afirmando con fuerza: “Solo la verdad, la restitución de la justicia y la reconciliación nos conseguirán la paz”. Invocó a Jesucristo para iluminar las conversaciones y guiar los pasos hacia una paz posible.
Otras voces enriquecieron la inauguración como la del padre Luis Gerardo Moro Madrid, SJ provincial de los jesuitas en México, presentó el evento como el inicio de un “pacto” de largo aliento que exige perseverancia, coherencia y coraje, incluso cuando la paz deje de ser moda. “La paz no se decreta; se construye, se teje hilo a hilo”, afirmó, urgiendo pasar del lamento a la acción.
La hermana Juana Ángeles Zárate Celedón, de la Conferencia de Superiores Mayores, destacó las raíces del diálogo en “miles de voces” de madres buscadoras, comunidades resistentes y jóvenes que se niegan a rendirse, reconociendo la violencia como resultado de decisiones, omisiones y silencios prolongados, pero también hallando esperanza en los territorios más golpeados.
En representación de la Dimensión Episcopal para los Laicos, Denise María Arana Escobar cerró las intervenciones principales planteando la pregunta central: “¿Qué país queremos construir juntos?”. Rechazó idealizar una paz perfecta o abstracta y abogó por una “paz real y posible, arraigada en los territorios”, enfatizando el compromiso práctico y colectivo.
Los discursos convergieron en un mensaje unificado: la paz requiere esfuerzo colectivo, inspirado en la fe y anclado en justicia, verdad y reconciliación. Participantes —obispos, sacerdotes, laicos, jóvenes, empresarios, víctimas y representantes de diversos sectores— conformaron una amplia coalición dispuesta a trascender ciclos políticos.
Los tres días del diálogo, bajo el lema “De administrar la violencia a exigir la paz”, se estructuraron para generar resultados concretos. El primer día (“Miramos”, 30 de enero) confrontó las causas profundas de la violencia —desigualdad, impunidad, economías criminales— mediante reflexiones sobre el dolor nacional.
El segundo (“Interpretamos”, 31 de enero) recopila metodologías exitosas de experiencias locales e internacionales, incluyendo aportes de embajadores de Irlanda, Noruega y Suiza, y presentó 10 modelos probados como círculos de paz en prisiones, iniciativas de salud mental en comunidades indígenas y policía de proximidad.
El tercero (“Actuamos”, 1 de febrero) se centró en construir “Diálogos Locales por la Paz” en los estados, identificando recursos, necesidades y compromisos, culminando en una celebración eucarística. Con 250 proyectos implementados en 2025 y 14 acciones prioritarias —apoyo a víctimas, justicia restaurativa, fortalecimiento de policías locales y reforma penitenciaria—, el encuentro busca convertir la paz en política de Estado compartida, instando a todos los sectores a invertir en una década de transformación.
Las jornadas del II Diálogo Nacional por la Paz se pueden seguir en: https://dialogonacionalporlapaz.org.mx/new/