En Aguililla, paz y la esperanza vencen a la violencia: El Obispo camina con el Pueblo Santo de Dios

En Aguililla, paz y la esperanza vencen a la violencia: El Obispo camina con el Pueblo Santo de Dios

En medio de un paisaje marcado por vehículos calcinados y el eco de enfrentamientos recientes, decenas de fieles se congregaron el 27 de febrero de 2026 para participar en una procesión por la paz, presidida por el obispo de Apatzingán, Cristóbal Ascencio García. Esta manifestación de fe no solo conmemoró el 60 aniversario del Colegio Las Américas, sino que se convirtió en un símbolo de resistencia y esperanza espiritual ante la ola de violencia desatada tras la captura y muerte del líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), el 22 de febrero. En un municipio que ha sufrido daños materiales y emocionales profundos, la procesión recordó que la esperanza puede prevalecer sobre el miedo.

La violencia estalló inmediatamente después de la operación militar de Tapalpa, Jalisco. Miembros del CJNG respondieron con una oleada de ataques coordinados en al menos 20 estados, incluyendo Michoacán, Jalisco, Guanajuato y Colima. En Aguililla, tierra natal del capo, los bloqueos carreteros y los incendios de vehículos transformaron las calles en escenarios de caos. Autoridades reportaron más de 250 bloqueos en todo el país, con vehículos quemados obstruyendo autopistas y dejando columnas de humo negro en el horizonte. En Michoacán, específicamente, se registraron al menos 14 muertes, incluyendo siete elementos de la Guardia Nacional, durante los enfrentamientos subsiguientes.

Imágenes capturadas en los días siguientes muestran autos carbonizados al lado de carreteras en Aguililla, como los que bloquearon el acceso a la cabecera municipal, y letras quemadas que formaban el nombre del pueblo, un acto simbólico de intimidación por parte del cártel. Residentes describieron noches de terror, con balaceras y el cierre forzado de comercios.

«He visto por la carretera carros calcinados… aquí en la central de las combis también calcinadas…, en la calle carros igualmente», relató el obispo Ascencio en su homilía, reflejando el impacto directo en la vida cotidiana. Personas dejaron de trabajar por el miedo, y el trauma emocional afectó a niños y adultos por igual. Preguntas como «¿Hay alguien que les pagará esos daños de sus vehículos incendiados, de los que no trabajaron porque no se les permitió?» resonaron en la comunidad, destacando la injusticia y la impunidad que acompaña a estos eventos.

Aguililla. Fe y esperanza.
Aguililla. Fe y esperanza.

A pesar de este contexto sombrío, el 27 de febrero trajo un rayo de luz. La procesión inició en el Colegio Las Américas alrededor de las 16 horas con el Santísimo Sacramento. Encabezada por el obispo Cristóbal Ascencio García y acompañada por sacerdotes de la diócesis de Apatzingán, la procesión recorrió las principales calles de la cabecera municipal. Algunas fuentes estiman aproximadamente 500 personas vestidas de blanco como símbolo de paz– se unieron al recorrido, cantando himnos y orando por la reconciliación. La procesión tuvo un alto en la plaza principal donde el obispo impartió una solemne bendición hacia los cuatro puntos cardinales para continuar hacia la parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe para celebrar el momento culminante, la misa por la paz.

El templo estuvo repleto de devotos, hombres, mujeres y niños para orar por la paz en la diócesis de Apatzingán, en Aguililla y México entero convirtiéndose en un lugar de paz, fraternidad y esperanza que los fieles ocuparon hasta el atrio al colmar su interior. Eso fue el signo indiscutible de que su esperanza está viva y no se pierde para que la realidad se convierta con la fuerza y luz que viene de lo Alto.

En su homilía, el obispo Ascencio enfatizó que «la paz en México, en Aguililla, comienza con tu decisión y la mía no sólo de no hacer daño a alguien y con nuestra decisión de no ser indiferentes ante el mal y el sufrimiento de los demás». Reconoció el sufrimiento local: «Ustedes han sufrido daños, injusticias… he visto por la carretera carros calcinados… personas que han dejado de trabajar, el mal emocional del miedo a los niños y adultos». Invocó la Cuaresma como un tiempo de reconciliación, urgiendo a «ayunar de contiendas y discordias, esforcémonos por perdonar. Ayunar de discordias y venganza significa elegir la Paz aunque cueste… El perdón no es debilidad, es libertad, es el puente que nos restaura la paz y nos devuelve la alegría».

Sacramento de fe. Pacificación
Sacramento de fe. Pacificación

Ascencio también citó reflexiones del mensaje semanal del cardenal Felipe Arizmendi, obispo emérito de San Cristóbal de las Casas, del 25 de febrero: «Que el gobierno haga lo que le toca, nosotros ofrecemos a Jesucristo garantía de una patria nueva… donde todos somos hermanos, incapaces de dañar a los demás, respetuosos y solidarios con todos. Tenemos el tesoro de Jesucristo, camino, verdad y vida. No tenemos oro ni plata, mucho menos ejércitos para proteger al pueblo, pero tenemos lo que puede dar un sentido diferente a la vida y a la sociedad».

En el Evangelio del día, el obispo recordó las palabras de Jesús mencionando: «No basta con no matar, sino que es necesario arrancar del corazón la raíz de la violencia: el rencor, la ambición y el desprecio. La reconciliación con el hermano se convierte en prioridad incluso antes que el culto. La cuaresma es tiempo de conversión, convertirse es volver al Dios de la vida».

Misa por la paz. Volver al Dios de la vida
Misa por la paz. Volver al Dios de la vida

La participación de los fieles fue notable. Familias enteras, incluyendo niños y ancianos, se sumaron a la bendición en la plaza pública, un acto público de fe que contrastaba con el aislamiento impuesto por la violencia días antes y ahora vestidos de blanco como símbolo de paz. El evento no solo fue una oración colectiva, sino un llamado a la acción comunitaria, destacando aspectos de alegría a pesar de las «violentas horas» en Aguililla.

Este tipo de procesiones no es nuevo en regiones azotadas por el crimen organizado. La Iglesia católica en México ha jugado un rol fundamental en esfuerzos por la paz desarmada y desarmante como lo evidencian iniciativas similares en otras diócesis. En Aguililla, donde el CJNG ha disputado territorios con grupos rivales como Los Viagras, la presencia del obispo Ascencio representa un acompañamiento espiritual que antepone las armas de la fe para el pueblo santo de Dios que necesita a sus pastores

La procesión de Aguililla envía un mensaje claro: la violencia, aunque devastadora, no define el espíritu de su gente. En palabras del obispo, «Allí donde hay reconciliación, el Reino de Dios empieza a hacerse visible». A medida que el humo de los incendios se disipa, la esperanza de una paz duradera se enciende en los corazones de los habitantes recordando que, en medio del caos, el pueblo camina con fe.

Pueblo que camina con fe
Pueblo que camina con fe

 

 

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