Editorial Centro Católico Multimedial. «Una pastoral olvidada»

Editorial Centro Católico Multimedial. «Una pastoral olvidada»

La captura y posterior muerte del líder del Cártel Jalisco Nueva Generación en un operativo militar en Tapalpa, Jalisco, desató una ola de violencia que paralizó las actividades cotidianas de millones del país con un saldo trágico, la muerte de, al menos 27 elementos de las fuerzas de seguridad. Entre ellos, 25 integrantes de la Guardia Nacional (GN) que perecieron en emboscadas y ataques retaliatorios, junto a un custodio penitenciario y otro servidor público de la Fiscalía del Estado de Jalisco. Su deceso deja atrás familias destrozadas y un vacío social que el Estado y la sociedad no han sabido llenar.

Esta tragedia no es aislada. Las cifras oficiales revelan una hemorragia en las filas castrenses. Desde 2018 hasta noviembre de 2024, según datos de las fuerzas armadas, al menos 318 elementos del ejército, la marina armada y Guardia Nacional han caído en cumplimiento del deber durante 2,770 enfrentamientos con grupos criminales.  De ellos, 272 pertenecían al ejército, 17 a la marina armada y 141 a la GN desde su creación en 2019.

Estos números no son meras estadísticas, representan vidas truncadas, hogares en ruinas y una deuda social impagable. Las familias de estos elementos enfrentan la orfandad económica y emocional; viudas e hijos quedan expuestos a la precariedad, sin pensiones adecuadas o apoyo psicológico integral. En un país donde el 60% de los GN son menores de 30 años, muchos se alistan por falta de opciones laborales, convirtiendo su sacrificio en un reflejo cruel de desigualdades estructurales.

Pero la crítica no se agota en el ámbito gubernamental. Y ese es el ámbito espiritual. La pastoral castrense que debería ser un mecanismo efectivo de consuelo en la fe y acompañamiento para las familias de los caídos brilla por su ausencia. Tras el luto del 22 de febrero, hasta donde se sabe, no hubo un mensaje auténticamente pastoral, no de simple comunicado, de los obispos de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) para consolar a las viudas y huérfanos de esos 25 guardias nacionales o iniciativa de acompañamiento espiritual que sostenga y alivie el dolor de las familias. Esta omisión revela un descuido hacia las fuerzas armadas, un sector que, pese a su rol en la defensa nacional, parece olvidado en un país donde las fuerzas armadas están en una situación de guerra no declarada.

El encargado directo de esta pastoral en el Conferencia del Episcopado Mexicano, el arzobispo de Tlalnepantla y titular de la Dimensión Episcopal de Fuerzas Armadas, es el responsable de una pastoral que debería tener una estructura definida y en constante renovación ante esta situación en México.

En la Iglesia de México, incluso dentro de los límites del Estado laico —que no prohíbe el acompañamiento humanitario—, la pastoral castrense es una dimensión olvidada. El Evangelio no se predica solo en templos, sino en las trincheras de la realidad nacional. Ignorar esta deuda no solo perpetúa la orfandad, sino que despoja a los miembros de las fuerzas armadas de una compañía espiritual y evangélica porque, como afirmó el Papa Benedicto XVI, “la dimensión religiosa reviste un significado especial también en la vida de un militar”. (Benedicto XVI, Discurso a los participantes del Congreso Internacional de los Ordinarios Militares, 22 de octubre, 2011).

 

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