Editorial Centro Católico Multimedial. «En los albores del año nuevo…»

Editorial Centro Católico Multimedial. «En los albores del año nuevo…»

El inicio del 2026 amanecerá con un panorama eclesial de retos y no exento de complicaciones, marcado por la urgencia de renovación y acción. En medio de las polarizaciones políticas y tensiones constantes con el poder, las pretensiones de una nueva reforma electoral que amenaza con una desmedida concentración del poder en manos del partido oficial,  la Iglesia católica de México enfrenta un año crucial en medio de una sociedad fracturada por la violencia, la desigualdad y la secularización rampante.

Mientras el país lidia con crisis políticas y sociales, la jerarquía eclesiástica se asoma también a un año complejo por sus retos y objetivos que se ha trazado como son el fortalecimiento del diálogo nacional por la paz, el impulso evangelizador ante los 500 años de las apariciones de la Virgen de Guadalupe y la conformación de nuevos liderazgos episcopales.

El Diálogo Nacional por la Paz, cuya segunda edición se celebrará en Guadalajara del 30 de enero al 1 de febrero de 2026, en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO), la Universidad Jesuita de la ciudad es de esos frentes abiertos que se ha ido hilvanando con redes finas para tejer y resarcer el tejido social rasgado. Convocado por la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), junto a iglesias, universidades, empresarios y organizaciones civiles, este encuentro busca «detener el dolor y la barbarie» que azotan al país.

Tras el primer diálogo, realizado en años previos con ecos limitados, esta secuela enfatiza la participación de jóvenes reconociendo la necesidad de voces frescas para contrarrestar la apatía. Sin embargo, la Iglesia parece predicar en el desierto; si bien ha invertido importantes recursos para impulsar estas iniciativas, enfrenta el escepticismo de una sociedad que cuestiona su influencia real y probado arraigo. En un país con más de 100 mil desaparecidos y comunidades enteras bajo el yugo del crimen, el diálogo debe traducirse en políticas concretas que vayan reconstruyendo lo caído y uniendo lo que se ha resquebrajado.

Paralelamente, el impulso de la evangelización cobra relevancia de cara a los 500 años de las apariciones de la Virgen de Guadalupe en 2031. Desde 2022, la Basílica de Guadalupe ha iniciado preparativos con el lema «De tu mano y cobijo celebramos 500 años de signos de tu presencia 1531-2031», incluyendo novenas intercontinentales y acciones para reavivar la devoción. Los obispos de México han invitado a los fieles, con un eco bastante limitado, para preparar a la Iglesia hacia los jubileos del 2031-2033 como oportunidad para revitalizar la fe en un México donde el catolicismo, aunque mayoritario, pierde terreno ante el agnosticismo, además de sufrir los azotes que, desde el oficialismo, se apoyan para impedir que los obispos hablen sin temor al amago. La Guadalupana, símbolo de mestizaje y consuelo, unió a un pueblo dividido, pero solo si la evangelización trasciende el folclor y aborda injusticias reales, como la pobreza y la migración forzada y en esto, el 2026 guarda un importante mensaje, el de ser el año de la “resistencia cristera” que aludirá al centenario de la guerra religiosa que  dejó más de 250 mil muertos en la etapa postrevolucionaria

Finalmente, la conformación de nuevos liderazgos episcopales emerge como un desafío generacional. En 2025, varios obispos alcanzaron los 75 años, edad canónica para presentar renuncia, dejando sedes vacantes o en transición. Destacan los arzobispados de México, Guadalajara y Monterrey. En el Episcopado Mexicano podría anticiparse un «cambio generacional» con al menos seis movimientos entre renuncias y traslados, inmersos en el Año Jubilar 2025 y en donde jugará un papel fundamental el nuncio apostólico Joseph Spiteri.

Esta renovación es crucial, pero no exenta de críticas. La Iglesia mexicana aparece todavía poco conformada en un bloque sólido con algunos líderes desconectados de los efectos de la «cultura de la muerte». En un 2026 que inicia con crisis política y expectativas cardenalicias, la Iglesia debe priorizar obispos proféticos para enfrentar la violencia y promover la unidad.

Sin lugar a dudas, el nuevo año despunta como un año de oportunidades y pruebas para la Iglesia en México. Como bien se cuestionan los obispos en el Proyecto Global de Pastoral PGP 2031-2033, “Nos preguntamos si el Tepeyac y sus moradores, México y sus habitantes, ¿gozan del consuelo de una sociedad más justa y pacífica? Más aún, podemos cuestionarnos si, como Iglesia ¿somos “esa casita”, construida con dinámicas sociales y alternativas económicas humanizadoras, ajenas al sistema liberal de corrupción y explotación de los más empobrecidos? La fe mexicana, arraigada en Guadalupe, demanda una Iglesia que no solo ore, sino que transforme”. (PGP 2031-2033, No. 10) En los albores del 2026, estos son los retos donde la Iglesia católica, “madre y maestra” sea capaz de imprimir esperanza, a pesar de las adversidades que nos sumen en la confusión y los engaños.

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