Tras aceptar la renuncia de Mons. Miguel Ángel Alba Díaz por motivos de edad y salud
Esta mañana de sábado 31 de enero, la Conferencia del Episcopado Mexicano dio conocer que el Papa León XIV aceptó la renuncia al gobierno pastoral de la diócesis de La Paz presentada por Miguel Ángel Alba Díaz, quien ha servido a esta sede durante más de dos décadas. De manera inmediata y automática, Miguel Ángel Espinoza Garza, hasta ahora obispo coadjutor de la misma diócesis, asume como obispo residencial en una de las regiones más extensas y desafiantes del noroeste mexicano.
Alba Díaz, nacido en Monterrey en 1951 fue nombrado obispo de La Paz en 2001 por san Juan Pablo II. Cumplidos los 75 años y enfrentando limitaciones de salud que afectan su movilidad, presentó su renuncia conforme al canon 401 §1 del Código de Derecho Canónico. En diversas ocasiones ha expresado su deseo de permanecer en La Paz tras el retiro, manifestando un profundo cariño por la tierra sudcaliforniana: “Amo y me siento identificado con esta región”, ha declarado, descartando un regreso a su ciudad natal. Se anticipa que su despedida formal se realice en febrero, posiblemente en la Catedral de Nuestra Señora de La Paz.
Miguel Ángel Espinoza Garza, nacido en Saltillo, Coahuila, en 1967, fue designado obispo coadjutor de La Paz por el Papa Francisco en noviembre de 2022 y consagrado en marzo de 2023. Licenciado en Filosofía y Teología por la Universidad Pontificia de México y con estudios complementarios en Roma, fue ordenado sacerdote en 1993. Antes de su traslado a Baja California Sur, desempeñó cargos relevantes en su diócesis de origen, entre ellos vicario general y rector del Seminario Mayor de Saltillo. Su nombramiento como coadjutor con derecho a sucesión fue interpretado como una preparación estratégica para asegurar una transición serena y conocedora del territorio, con sus particularidades: comunidades indígenas dispersas, zonas rurales de difícil acceso, migración constante y el impacto del turismo en la vida eclesial.
La CEM expresó su “alegría y oración” por el nuevo obispo, deseándole “un fecundo desempeño en su nueva encomienda”. La designación asegura continuidad en los proyectos pastorale, como el Primer Sínodo Diocesano (2003-2008), la atención a vocaciones y la pastoral social en una diócesis que enfrenta desafíos como la pobreza rural, desastres naturales y el fenómeno migratorio.
La diócesis de La Paz, erigida como tal en 1988 por Juan Pablo II mediante la bula *Quandoquidem Concilium*, abarca todo el estado de Baja California Sur (73,677 km²) y pertenece a la Provincia Eclesiástica de Baja California, sufragánea de la arquidiócesis de Tijuana. Se organiza en seis decanatos y atiende a una población aproximada de 769,000 habitantes, de los cuales el 71.3 % se concentra en el sur, gracias a la disponibilidad de agua y al desarrollo turístico.
Sus raíces evangelizadoras se remontan al siglo XVI. En 1533, Hernán Cortés llegó a la bahía que llamó Santa Cruz (hoy La Paz), acompañado de franciscanos. En 1596, Sebastián Vizcaíno y más franciscanos la rebautizaron como Bahía de La Paz. Los primeros sacerdotes seculares arribaron en 1633 con el Pbro. Diego de la Nava. Los jesuitas, liderados por Eusebio Kino en 1683 y luego por Juan María de Salvatierra en 1697, fundaron la Misión de Nuestra Señora de Loreto, considerada la “madre de las misiones californianas”. Antes de su expulsión en 1768, establecieron 18 misiones. Los franciscanos (con Junípero Serra) y luego los dominicos continuaron la labor.
En 1840, Gregorio XVI creó la diócesis de Ambas Californias. En 1855 se nombró el primer vicario apostólico de Baja California, Juan Francisco Escalante y Moreno, quien inició la construcción de la catedral actual en 1861. El siglo XX trajo misioneros combonianos (1948), la Prefectura Apostólica (1958) y el primer obispo-vicario, Gilberto Valbuena Sánchez (1976). En 1988 se erigió la diócesis plena, con Valbuena como primer obispo residencial, seguido por Braulio Rafael León Villegas (1990-1999) y el último obispo, Miguel Ángel Alba Díaz.
Desde este blog deseamos un fecundo ministerio al nuevo obispo de La Paz. ¡Enhorabuena!