Arzobispo de Oviedo enfrentó encapuchados armados en Guerrero, México; la misión Lumen Dei en zonas de violencia

Arzobispo de Oviedo enfrentó encapuchados armados en Guerrero, México; la misión Lumen Dei en zonas de violencia

En un episodio que subraya los peligros inherentes a la labor misionera en regiones conflictivas, el arzobispo de Oviedo, en franciscano Jesús Sanz Montes (1955), enfrentó a encapuchados armados durante su reciente visita a la región de la Montaña, en el municipio de Tlapa, estado de Guerrero, México. El incidente, al que consideró como de menor trascendencia, fue relatado por el propio prelado en una entrevista a la la arquidiócesis de Oviedo, publicada en su sitio web oficial. Aunque el suceso no escaló a mayores consecuencias, pone de manifiesto la inseguridad crónica que azota esta zona, marcada por vendettas tribales y el influjo del narcotráfico.

La visita de Sanz Montes a México no era casual. Como detalla en la entrevista titulada «Si perdemos la inquietud misionera, perdemos nuestra identidad como cristianos», publicada el 10 de octubre de 2025, el arzobispo acudió, a finales de septiembre de 2025, para acompañar la apertura de una misión de la Unión Lumen Dei y el inicio del curso pastoral en la diócesis de Tlapa. No era su primera incursión en la zona; el año anterior, dos antiguos compañeros del seminario lo invitaron a explorar este «terreno de misión», un paisaje montañoso y boscoso salpicado de pequeñas comunidades indígenas, muchas de ellas sumidas en la pobreza extrema. «Tengo allí dos antiguos amigos del Seminario que me invitaron el año pasado a que conociera todo aquel terreno que, efectivamente, es un terreno de misión«, explicó Sanz Montes en la conversación.

Actualmente, dos sacerdotes y un diácono de Lumen Dei atienden unas 45 parroquias dispersas, enfrentando desafíos logísticos como caminos intransitables que requieren vehículos 4×4. Su labor va más allá de los sacramentos: incluye una presencia humana y fraterna para sostener a comunidades que han preservado la fe a través de generaciones, a pesar de la escasa atención sacerdotal histórica. «La gente ya más adulta o la gente anciana son enormemente respetuosos, queda en ellos el poso de aquella primera evangelización, hace siglos, que tuvo lugar a través de la presencia de mis hermanos franciscanos», señaló el arzobispo, destacando la esperanza que representan los niños y jóvenes en estas aldeas.

Sin embargo, el idílico entorno contrasta con una realidad sombría. Guerrero, particularmente la región de la Montaña en Tlapa, es uno de los estados más violentos de México, según informes de organizaciones como Amnistía Internacional y el propio gobierno federal. La zona forma parte de corredores del narcotráfico, donde cárteles como el de Guerreros Unidos o facciones del Cártel de Jalisco Nueva Generación disputan territorios. A esto se suman conflictos «tribales» ancestrales, como venganzas familiares que perpetúan ciclos de violencia primitiva. «Es una zona que, además de la sencillez y la pobreza de estas comunidades, en el estado de Guerrero es ‘proverbial’ la violencia, quizá es una de las zonas más violentas de México», afirmó Sanz Montes.

El incidente que protagonizó el arzobispo ocurrió durante un trayecto rutinario. Acompañado por un sacerdote local, se dirigían a celebrar la misa en una pequeña comunidad . «En una de las curvas aparecieron tres encapuchados con ametralladoras. Nos detuvieron en el vehículo y nos preguntaron quiénes éramos y a dónde íbamos», relató. Al identificarse como «padres misioneros», los asaltantes respondieron: «No se preocupen, sigan adelante». Aunque el episodio se resolvió sin violencia, el arzobispo admitió el impacto emocional: «Te impresiona ver que te encañonan personas a las que no puedes ver el rostro, pero más allá de ese susto comprensible, por otra parte, no tuvo mayor consecuencia». Subrayó que los misioneros son generalmente respetados en la zona, lo que probablemente evitó un desenlace peor.

Este suceso no es aislado. En Guerrero, los ataques a clérigos y misioneros han aumentado en los últimos años. Según datos del Centro Católico Multimedial, al menos 10 sacerdotes han sido asesinados en México desde 2018, muchos en regiones como esta, donde la Iglesia actúa como mediadora en conflictos locales. La labor evangelizadora, que incluye promover la paz y el perdón, choca directamente con las dinámicas de venganza. «Anunciar en aquellos lugares donde la gente vive con esta esencialidad primitiva, la paz cristiana y anunciar el perdón que nos debemos unos a otros, es una de las encomiendas que tenemos en esta evangelización», enfatizó Sanz Montes.

De regreso en España, el arzobispo contextualizó el incidente dentro de un panorama global de violencia. En la entrevista, aludió a conflictos como la guerra en Gaza —iniciada hace dos años con el ataque de Hamás— y la invasión rusa a Ucrania, además de decenas de guerras olvidadas que sirven para «dar salida a armamento obsoleto». En el ámbito nacional español, criticó la «crispación política» que genera divisiones. Como cristiano, abogó por ser «instrumentos de la paz» en lo cotidiano: «Para que podamos soñar un mundo en paz, mi pequeño mundo tiene que estar pacificado». Citando a San Francisco de Asís, instó a evitar «guerras» en familias, amistades y comunidades parroquiales.

La entrevista también aborda retos diocesanos en Oviedo, como el aumento de vocaciones —con 12 nuevos seminaristas y 44 en total— y la prioridad en jóvenes, familias y educación. Sanz Montes elogió al nuevo Papa León XIV, cuya exhortación Dilexi Te enfatiza el amor a los pobres, describiéndolo como una «bocanada de aire fresco» que promueve la unidad y la paz, inspirado en San Agustín.

Este incidente en Tlapa no disuadirá la misión. Al contrario, refuerza el mensaje central de la entrevista: «Perder esta inquietud misionera es perder nuestra identidad como cristianos». La arquidiócesis de Oviedo, a través de esta publicación del 10 de octubre, no solo informa sobre el viaje, sino que invita a reflexionar sobre el compromiso evangelizador en contextos adversos. En un mundo donde la violencia acecha incluso a los mensajeros de paz, la experiencia de Sanz Montes recuerda que la fe se forja en la adversidad, y que la Iglesia, misionera por esencia, persiste en llevar esperanza a los rincones donde la violencia no tiene la última palabra.

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