En un acto de “obediencia”, el arzobispo de Monterrey, Rogelio Cabrera López, presentó su renuncia al cargo pastoral este 24 de enero, coincidiendo con su 75 aniversario de vida. Esta normativa marca un momento personal significativo para el prelado y resalta un período de transición en la estructura eclesial mexicana donde seis de las 19 provincias eclesiásticas han visto a sus arzobispos alcanzar la edad de retiro sumándose a una vacante por fallecimiento del arzobispo de Tijuana, lo que deja a siete provincias en espera de nuevos pastores representando aproximadamente el 36.84% del total.
La presentación de la renuncia, anunciada previamente en un mensaje dominical en redes sociales el 18 de enero, se enmarcó en celebraciones llenas de gratitud y reflexión espiritual. Cabrera López, quien ha liderado la arquidiócesis de Monterrey desde 2012, enfatizó que este paso se da «con paz, obediencia y libertad interior», recordando que el ministerio episcopal es un servicio temporal al pueblo de Dios. Conforme al canon 401 del Código de Derecho Canónico, los obispos deben ofrecer su dimisión al Papa al cumplir 75 años, aunque la aceptación depende exclusivamente de la decisión del Sumo Pontífice. El arzobispo aclaró que continuará al frente de la arquidiócesis hasta que se determine lo contrario, asumiendo su rol «con responsabilidad y siempre en comunión con la Iglesia y con el Romano Pontífice».
Cabrera López efectuó una acción de gracias en catedral metropolitana de Monterrey la tarde del 23 de enero, en vísperas de su cumpleaños. En un ambiente de cercanía fraterna, el arzobispo presidió la eucaristía rodeado de obispos, sacerdotes, religiosos y familiares donde ejerció ministerios previos. Agradeció particularmente la presencia de sacerdotes con quienes colaboró en Tapachula y Tuxtla Gutiérrez, así como de su familia cercana, diáconos permanentes y religiosas. Destacó la participación de Luis Carlos Lerma Martínez, obispo de Nuevo Laredo, y de su obispo auxiliar electo, José Eugenio Ramos Delgado, simbolizando la continuidad del ministerio episcopal.
En su homilía, reflexionó sobre las lecturas bíblicas del día centrándose en el relato de Saúl y David del Antiguo Testamento. Subrayó la fragilidad humana y la grandeza del perdón, afirmando: «El perdón es siempre un acto de nobleza; eres más humano cuando perdonas y menos humano cuando odias y eres vengativo«. Al comentar el Evangelio de San Marcos, enfatizó el sentido de la vocación cristiana: «Jesús llamó a los que Él quiso», recordando que toda llamada es un acto de amor divino gratuito. En este contexto, compartió su propio camino episcopal, próximo a cumplir 30 años como obispo, reconociendo humildemente aciertos y errores, y expresando un deseo de conversión continua.
La celebración continuó el 24 de enero con un desayuno conmemorativo que reunió a familiares, sacerdotes, seminaristas, obispos y autoridades civiles. Desde temprana hora, el arzobispo saludó personalmente a los asistentes, reflejando su estilo pastoral cercano, descrito como «con olor a oveja y también con olor a ciudad». El padre David Jasso, en nombre de la Iglesia local, ofreció un emotivo mensaje destacando los 47 años de ministerio sacerdotal y casi 30 como obispo de Cabrera López. Resaltó su perseverancia, servicio generoso y compromiso con las periferias, las misiones parroquiales y la sinodalidad, tanto en la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) como en el CELAM y encargos pontificios.
Posteriormente, la secretaria canciller leyó un escrito del propio arzobispo, donde comunicó la presentación de su renuncia y compartió tres sentimientos clave: una profunda deuda con Dios y el pueblo servido; un sincero pedido de perdón por errores y limitaciones; y una gratitud honda por el acompañamiento de laicos, sacerdotes, consagrados, diáconos, seminaristas y obispos. De viva voz, Cabrera López agradeció la presencia de todos y recordó su trayectoria, marcada por la obediencia desde su nombramiento como obispo de Tacámbaro en 1996, pasando por Tapachula y Tuxtla Gutiérrez. «Nunca busqué estos servicios, sino que los asumí confiando en la gracia de Dios», expresó con sencillez.
El arzobispo también valoró el rol de su familia en su formación y el apoyo de colaboradores, enfatizando que la misión eclesial es una obra compartida. Reconoció la importancia de la colaboración con autoridades civiles para el bien común, ante los desafíos sociales actuales. Animó a orar por vocaciones, citando el Evangelio: «Pidan al dueño de la mies que envíe más trabajadores», confiando en que Dios guía la Iglesia más allá de las limitaciones humanas.
Este evento personal se inserta en un contexto más amplio de renovación en la Iglesia mexicana. De las 19 provincias eclesiásticas del país, seis arzobispos han presentado su renuncia al alcanzar los 75 años: el cardenal José Francisco Robles Ortega de Guadalajara; Rogelio Cabrera López de Monterrey; Víctor Sánchez Espinosa de Puebla; Pedro Vázquez Villalobos de Oaxaca; Leopoldo González González de Acapulco y el cardenal Carlos Aguiar Retes de México. A esto se suma la vacante en la arquidiócesis de Tijuana, tras el fallecimiento de Francisco Moreno Barrón en noviembre de 2025, lo que eleva a siete el número de provincias en espera de un nuevo arzobispo.
Del total de 19 provincias, estas siete sedes equivalen al 36.84% aproximadamente. Este porcentaje subraya un momento de transición significativa, donde la Santa Sede debe discernir sucesores que continúen la labor pastoral en un país con más de 90 millones de católicos, enfrentando retos como la secularización, la violencia y la promoción de la sinodalidad impulsada por el Papa Francisco y continuada por León XIV.
Recientemente, la renuncia de Carlos Garfias Merlos, arzobispo de Morelia, fue aceptada el 19 de enero, solo diez días después de su presentación el 9 de enero, con José Armando Álvarez Cano asumiendo inmediatamente como sucesor, ya designado coadjutor. Álvarez Cano recibirá el palio arzobispal del Papa León XIV el 29 de junio, en la fiesta de San Pedro y San Pablo, retomando una ceremonia centralizada en el Vaticano.
La renuncia de Cabrera López no implica un cese inmediato, sino una espera confiada. Como él mismo expresó, «la Iglesia es del Señor» y su legado de cercanía y servicio perdurará. La arquidiócesis de Monterrey, con sus más de 6 millones de fieles, mira al futuro con esperanza, mientras la Iglesia mexicana navega esta fase de relevo generacional, fortaleciendo su comunión universal.