La epidemia da la impresión que se va moderando, si nos dicen en algo la verdad, pero nuestros gobiernos quieren seguir con restricciones. Todo hace suponer que las cosas se están descarrilando y los defensores de los grandes reseteos y los nuevos órdenes no cuentan con el aplauso de sus despreciados pueblos para poner en marcha sus planes. Los amantes de la libertad sin límites entran en pánico al enfrentarse con elecciones. Volvemos a la vieja máxima: » Tout pour le peuple, rien par le peuple» ‘Todo para el pueblo, nada por el pueblo’ que solemos citar en el mundo español como «Todo para el pueblo, pero sin el pueblo». Es la vuelta al despotismo ilustrado, al paternalismo, que considera al pueblo incapaz de decidir lo que le conviene, lo que es bueno para él, y necesita de unas élites ilustradas que lo orientan por el camino adecuado. Estamos asistiendo al funeral de la llamada soberanía popular, pero sin que se note. Dicen que a Carlos III le gustaba decir: «mis vasallos son como los niños, que lloran cuando se les lava». La iglesia no es ajena a estas ‘modas’ y se pretende orientar al pueblo, en este caso el de Dios, ‘en la dirección correcta’, las élites deciden intentando imponerlo como una decisión del pueblo, de las mayorías, del diálogo, del discernimiento…
Vivimos tiempos de un rechazo a la autoridad y de un desprestigio sin límites. Nuestros gobernantes, por lo civil y por lo eclesiástico, no entran en argumentos sólidos y de fondo porque se pierden, lo suyo es la estrategia, conservan el poder con artificios mediáticos que no solucionan nada, todo lo confunden y complican. Hoy está muy presente la guerra desencadenada en torno al Motu proprio Summorum Pontificum del Papa Benedicto XVI, un ataque a la Forma Extraordinaria del Rito Romano. Es la punta del iceberg que pretende ‘orientar’ por el camino correcto decidido por nuestras élites ilustradas al inculto y terco pueblo de Dios. El Papa Benedicto abrió una puerta a una libertad que hoy es intolerable, todo, absolutamente todo, tiene que pasar por el nihil obstat del supremo discernidor. El tema no es si uno u otro rito son buenos y santos, sino quién manda aquí y quién decide lo que conviene en cada momento. Vivimos los últimos momentos de un mundo que desaparece y que pretende perpetuarse a golpe de leyes inamovibles y perpetuas que marquen el buen camino a las generaciones venideras. El bicho humano es otra cosa, no se puede ir contra natura porque antes o después las cosas revientan.
El hecho es que, nos guste o no, muchos sacerdotes jóvenes aman la celebración tridentina y se pretende poner límites a estos gustos desviados. El rumor es que el Papa Francisco desea publicar el documento pronto, y que se supone que está recibiendo el apoyo de Parolin y de Ouellet. Las fuentes internas hablan de que estas medidas restrictivas serán llevadas a cabo por el Culto Divino por el subsecretario García Marcías, a quien el Papa Francisco ha elevado al episcopado con el propósito de llevar a cabo estos planes, descrito como: «la persona más anti-tridentina jamás conocida en la misa».
El documento se encuentra ahora en su tercer borrador, ya que los dos primeros se consideraron demasiado severos. Ese documento autorizaba a cualquier grupo estable de fieles adscritos a la «tradición litúrgica anterior» a solicitar la Misa a su sacerdote local, quien «debía consentir gustoso en sus peticiones». La Carta Apostólica afirmó que la forma más antigua de la Misa «nunca había sido abrogada» y que tanto la Forma Extraordinaria como la Ordinaria eran «dos expresiones» de «un solo Rito Romano». Parece que el primer borrador imponía severas restricciones a los sacerdotes jóvenes quedando en algo similar al indulto de Pablo VI, que permitió a los sacerdotes mayores continuar con la Misa Tridentina. Las comunidades diocesanas y los sacerdotes que ya ofrecen la Misa en la Forma Extraordinaria pueden continuar haciéndolo, pero el clero diocesano que desee comenzar a ofrecer la Misa Tradicional debe obtener autorización, se discute si de los obispos locales o la Santa Sede.
No ha gustado en los sacros palacios el resultado del cuestionario enviado a todos los obispos sobre la implantación del Summorum Pontificum que reveló que incluso en lugares inesperados, la antigua Misa es acogida y amada por jóvenes y familias, está dando frutos en parroquias prósperas, vocaciones sacerdotales y religiosas, y en una mayor oración y devoción entre los fieles. Los defensores se preparan para resistir, con una gran fuerza porque son movimientos fundamentados en la acción de los laicos. Estemos a favor no, nos guste o no, más o menos una forma u otra del rito romano, lo que está en juego es la libertad de los fieles y de los sacerdotes para utilizarlo. Los ilustrados han decidido y pretenden imponer su decisión vestida de santos discernimientos , este es el problema de fondo.
El caos administrativo y financiero del Vaticano no tiene límites y son momentos muy delicados en donde las continuas noticias negativas desgastan sin fin la maltrecha imagen pública. Los actuales responsables no son capaces de reorientar las cosas, pensamos que el mismo Papa Francisco fue consciente que estaba ante una lucha perdida desde el principio, y han optado por que parezca que las cosas van bien, sin entrar en el trasfondo oscuro del problema. El Internal Revenue Service, el servicio de recaudación de impuestos del gobierno de Estados Unidos, introduce al Vaticano entre las jurisdicciones que tienen reglas de verificación de seguridad financiera que cumplen con los mejores estándares internacionales. Estados Unidos ha reconocido que la legislación del Vaticano sobre la debida diligencia del cliente es equivalente a la suya. El largo camino de reforma del Libro VI del Código de Derecho Canónico iniciado por Benedicto XVI en 2007, se nos vende como otro de los pasos adelante. Parece que los favores prestados al católico Biden tienen sus contrapartidas.
No hemos hecho mención, pero vemos que sigue coleando en las noticias, que el pasado 23 de mayo tres eruditos italianos en la revista «Heritage» defienden que la tumba de San Pedro no estaría en la Basílica del Vaticano sino en la catacumba de los Santos Pedro y Marcelino en via Labicana, en Tor Pignattara. Fiocchi Nicolai, del Pontificio Instituto de Arqueología Cristiana da su rápida respuesta: “En primer lugar, quisiera señalar, como premisa, que ninguno de los tres firmantes del artículo es arqueólogo”, «podría ser un simple caso del mismo nombre, con un tal «Pedro» que murió accidentalmente el mismo día que los Santos Apóstoles Pedro y Pablo».
Hasta el New York Times lanza alarmas sobre el invierno demográfico, una preocupación unida maliciosamente a los círculos católicos más conservadores como una fijación sectaria. Hoy la música ha cambiado y el invierno demográfico se describe como un enorme tsunami, que está arrasando a todo el planeta: «En todo el mundo, los países están luchando contra el estancamiento de la población y la disminución de la fertilidad como un revés vertiginoso e incomparable en la historia. La teoría de que «un planeta con menos gente, podría aliviar la presión sobre los recursos, frenar el impacto destructivo del cambio climático y reducir las cargas familiares para las mujeres», no son más que meros deseos. Comienzo quieren las cosas, hoy el aborto no es defendible, si alguna vez lo fue, desde el punto de vista médico, es una mera cuestión ideológica y esta se está cayendo por las consecuencias desastrosas que nos está trayendo.
«Siéntate a mi derecha, y haré de tus enemigos estrado de tus pies.»
Buena lectura.
Preti, Vescovi: Funzionari del Culto, o Pastori? L’Opinione di Aurelio Porfiri.
L’allarme del Nyt: avremo più funerali che compleanni
“Tomba di San Pietro non è in Vaticano”/ Ossa a Tor Pignattara? S.Sede smentisce ma…