¿ Que está pasando ahora en el Vaticano ?, un inquietante silencio que anuncia tempestad.

¿ Que está pasando ahora en el Vaticano ?, un inquietante silencio que anuncia tempestad.

El silencio ya no es posible. Hoy recogemos una pequeña selección de la prensa Italiana que no habla de otra cosa que del «informe Viganò». Desde aquí defendemos que es mejor utilizar el nombre puesto por su autor porque define mucho mejor sus objetivos y seguir llamándolo «Testimonio». Es un hombre que ha sido testigo de primera linea de los hechos que describe y que por ahora nadie ha desmentido ni una sola coma del texto. Los obispos, pocos en público, se apuntan a pedir una explicación y una clarificación con las consecuencias que sea, esto no puede seguir así y todos los saben.

Las tácticas curiales son muy conocidas y empiezan por ignorar el contenido y atacar al firmante. Lo tacharan de todo pero nos suponemos que el autor, buen conocedor de los mecanismos internos, ya lo da por descontado.

Nos encontramos ante una trama de poder que extiende sus tentáculos por toda la iglesia y que tiene sus profundas raíces en Roma. No queda otra que matar o morir y todos los saben. Las acusaciones de Viganò son serias y  no las hubiera hecho sin contar con toda la documentación que las acredita en su mano. Esto no es un juego del niños como lo quieren ver algunos ingenuos periodistas convertidos en bufones de corte. Viganò parece que se encuentra en paradero desconocido. A los grupos de poder no les tiembla la mano a la hora de destruir a sus enemigos y mucho más a los que considera traidores. Viganò, como buen italiano, sabe de todo esto y ha tomado las medidas necesarias y de libro en estos casos. Seguro que toda la documentación, y mucha más, está en las manos adecuadas que la harán pública si algo le sucede.

¿Que está pasando ahora en el Vaticano?

Los grupos de cardenales están más que nerviosos por la respuesta que el Papa Francisco pueda dar a esta situación y que puede provocar que el sacro colegio se vea diezmado en sus componentes y más desacreditado si esto fuera aun posible. Por ahora parece que se ha dado un tiempo, que no puede ser eterno, para discernir. El Papa está muy enfadado, los italianos que son tan finos utilizan el término «dispiaciuto», en este caso «molto dispiaciuto», Santa Marta está inundada de silencios y parece habitada por espectros. El habitual tono bajísimo de voz del pontífice casi se ha extinguido. Todos saben que las reacciones del Papa Francisco son imprevisibles y el Vaticano parece un desierto y quien puede intenta alargar lo más posible sus vacaciones o administrar sus enfermedades con el ritmo adecuado. Los tranquilizantes se agotan en la farmacia vaticana donde se pueden comprar sin receta y con la complicidad de alguno de los hermanos que gustosos los suministran a domicilio para «el familiar» enfermo de su eminencia. Las caras momificadas surcan los sacros palacios en donde sus más altos representantes se ven acusados de encubrir gravísimos e infamantes delitos y pueden terminar inculpados. Esta mañana los jardines vaticanos daban la sensación de ser una naturaleza muerta que ha quedado paralizada, ni los pájaros se atreven a cantar y el viento se para ante los sacros muros. Es el silencio antes de la tempestad de lluvia acida que todos esperan y de la que intentan protegerse.

Las alegrías, que también las hay, están llenas de fingidas sorpresas y teatrales gestos de escándalo que intentan ocultar un profundo gozo por lo sucedido. En el Vaticano no son todos ni culpables ni cómplices y el testimonio de Viganò no ha sorprendido a nadie. Son muchos los buenos curiales, sacerdotes y obispos, que se encuentran atrapados en una espiral sin salida donde lo único posible es el dolor y la resignación esperando que llegue el ansiado día de «madurar» una pensión que les permita huir de la casa de los horrores. Muchos llegaron aquí jóvenes y con el sincero deseo de servir en el corazón de la iglesia, lo consideraron un honor y se han encontrado con lo que no podían ni imaginar.

Los movimientos discretos existen y se están produciendo con encuentros en el litoral romano o en los bellos castelli. Se debe buscar la lejanía del Vaticano y hasta Roma es territorio peligroso. Se están agotando las nuevas lineas telefónicas, si es posible de países exóticos,  para garantizar la más absoluta reserva. Las conexiones internet fuera del sistema Vaticano se multiplican. Entrar en sitios como Infovaticana puede tener aneja la pena de excomunión. Los sombreros y las gafas de sol, los vaqueros y las camisetas están sustituyendo a la púrpura, los anillos y las cruces solemnes. Los coches de matriculas SCV, peligrosísimos, y los CV fáciles de identificar están desaparecidos o haciendo viajes a ninguna parte. Se recurre al choche discreto del amigo, del hermano o del confidente para poder hacerse invisible. Los teléfonos vaticanos, controladísimos, sólo se utilizan para despistar y decir lo que conviene que otros oigan. La caída de la noche hace que las sombras se alarguen, las luces de los apartamentos se administran para hacer ver que se está cuando no se está o que no se está cuando se está. Todo parece muerto pero todo está muy vivo. Estamos viviendo momentos trágicos y nadie sabe, ni tan siquiera el Papa Francisco, que sucederá. Hasta los defensores a ultranza de la primavera tienen caras invernales y eso que  estamos en agosto, que será cuando lleguen los húmedos inviernos.

Desde esta specola observamos aguzando todos los sentidos en un momento en el que nada es lo que parece y todo busca la confusión. Aún los  ojos más acostumbrados a los trucos curiales pueden sufrir alucinaciones y espejismos en estos momentos. Nunca pasa nada y todo está pasando vestido de un aparente letargo.

¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que limpiáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro estáis rebosando de robo y desenfreno!

Buena lectura.

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