Nos enfrentamos a un día en el que las noticias dan pena, mucha pena. Evidentemente no es el primero ni será el último. Esconder la realidad no conduce a nada, solamente a empeorar las cosas. Nos duele, a nosotros los primeros, el tener que contar lo que vemos en los medios, nos da vergüenza y rabia el daño inmenso que se está produciendo a la iglesia, un daño que siempre será menor, mucho menor, que si lo ocultamos.
Hoy vivimos sumergidos en la idea, muchos de nuestros gobernantes la tienen, de que podemos ‘crear’ a realidad, jugamos a dioses, queremos cambiar el pasado y controlar un presente que se va de las manos. No es cómodo enfrentarse a la incómoda y terca realidad, pero es imprescindible si queremos construir algo serio, si no queremos que el castillo simplemente desaparezca, porque no existe. Jugar con fuego, y se ha jugado demasiado tiempo, solo puede producir un incendio incontrolado. Las noticias de hoy nos vuelven a poner delante del tema de abusos, tanto los de Rupnik como los juzgados y condenados en el preseminario San Pío X del Vaticano. Se procedido de forma administrativa evitando procesos serios que nos llevarán a la verdad, castigando a los culpables, si los hay, y defendiendo a los inocentes, si los hay. Con ocurrencias y malabarismos terminamos en un mundo falso que nos está llevando a la ruina y al desprestigio universal.
La Oficina de Prensa del Vaticano informa sobre el caso Rupnik: “El caso está actualmente siendo examinado por el Dicasterio para la Doctrina de la Fe”. Hace unos días estaba en religiosos, y mañana ya veremos, todo apunta a que al final, nada de nada. Ni el acusado puede defenderse ni las acusadores son escuchadas en un proceso. Lo que nos dicen es que: “En los últimos meses, tras el encargo recibido del Papa a finales de octubre, el Dicasterio se ha puesto en contacto con las instituciones implicadas a diferentes niveles en el asunto para recibir todas las informaciones disponibles sobre el caso”. “Después de haber ampliado el alcance de la investigación a entidades no contactadas previamente y haber recibido los últimos elementos de respuesta, ahora será cuestión de estudiar la documentación adquirida para identificar qué procedimientos serán posibles y útiles de implementar».
Mientras tanto, dos ex monjas de la orden religiosa de Rupnik hablaron, son Gloria Branciani y Mirjam Kovac, una italiana y la otra eslovena. Las dos mujeres hablaron de los abusos «espirituales, psicológicos y sexuales» que sufrieron, cuya raíz «es el abuso más profundo, que es el abuso de conciencia». Acompañó a las dos mujeres la abogada Laura Sgrò, que las invitó a «levantar el velo del silencio sobre los abusos perpetrados contra las monjas, de los que nadie habla», e instó a las víctimas a «denunciar los abusos a las autoridades judiciales».
Barrett Doyle desde Estados Unidos: «El caso de Rupnik recuerda al del ex cardenal Theodore McCarrick, las autoridades eclesiásticas conocían sus crímenes al menos desde los años 1990, pero no intervinieron, al contrario, lo protegieron ignorando el sufrimiento de las víctimas». «No es que los miembros de la curia impidan al Papa Francisco aplicar las normas sobre la protección de las víctimas, o que a veces sea débil de corazón, creo que está en contra de la reforma. Por eso los cambios que implementó después de la cumbre resultaron ser completamente inadecuados y no tuvieron ningún impacto perceptible». «Cuando el Papa Francisco habla con enojo de un problema, no se trata de la violación de niños y adultos vulnerables por parte de sacerdotes. No, le preocupa el mal del chisme, creo que considera a las víctimas como dañinas porque desde su punto de vista fomentan el chisme». “Si la Iglesia tiene alguna esperanza de reforma, proviene exclusivamente de presiones externas». «Creo que la Santa Sede se verá finalmente obligada a renovar radicalmente el derecho canónico. Hasta entonces, los escándalos continuarán y, peor aún, las agresiones sexuales, que destruirán vidas inocentes».
Seguimos con Alemania. La conferencia episcopal alemana acepta la parada del «comité sinodal» solicitada por Parolin, Fernández y Prevost, pero pide discusión. El Papa Francisco parece estar en sintonía con Alemania, pero no le gusta que le tomen la delantera. Schoenborn , arzobispo de Viena y fiel aliado del Papa Francisco, llega incluso a evocar el cisma. Schoenborn, «equilibrador», advierte: cuidado, debemos evitar un «cisma». En realidad, sigue habiendo un tira y afloja por parte de la Iglesia alemana, que quisiera acelerar algunas reformas, desde la ordenación sacerdotal de las mujeres hasta la posibilidad de que los sacerdotes renuncien al celibato, pasando por el matrimonio de parejas homosexuales. La tensión no se ha resuelto ni siquiera con las reuniones bilaterales celebradas en el pasado reciente.
Hay un punto de acuerdo entre el Papa Francisco, con Tucho como instrumento, y los obispos alemanes sobre la apertura a bendecir a las parejas «en situación irregular y del mismo sexo», sancionada con la declaración «Fiducia Supplicans», pero estas no son bodas. La impresión de que el Papa y los dicasterios romanos hicieron todo lo posible para contentar a los obispos alemanes y con una vieja táctica, esperan que los obispos alemanes también hagan concesiones a cambio. Schoenborn llega a decir: «Los obispos alemanes deben preguntarse seriamente si realmente quieren abandonar la comunión con y bajo el Papa o aceptarla lealmente. Negarse a ceder sería una obstinación, un signo claro de un cisma que nadie podría desear».
Con todo esto sobre la mesa no es extraño que Vladimir Luxuria vuelva a los medios: «a pesar del Vaticano, para ella Roma es una ciudad muy pagana. Cuántas veces he ido a Londres y a Nueva York para entender la transgresión y luego descubrí que somos mucho más transgresores.»