Hay días que tenemos la sensación de que todo entra en la via de agotamiento. El tiempo pasa deja las cosas en su sitio. El Papa Francisco es muy consciente de que su tiempo de breve y que lo han elegido para un fin concreto que podemos resumir, según confesión propia, en implantar el famoso espíritu del concilio. Ya el propio Pablo VI empezó, con grandes sufrimientos, a intentar reconducir las cosas en unos momentos muy distintos a los actuales y en donde las consecuencias no podían ser tan evidentes como lo son ahora. Eran tiempos de seminario y noviciados todavía llenos, de ordenes religiosas pujantes y llenas de jóvenes llenos de ilusiones. Diócesis en que abundaba el clero y se luchaba por ascender a una parroquia mejor en una competición que hacía que contáramos con excelentes párrocos en los puestos fundamentales y de gobierno. Los años de Juan Pablo II han sido un freno temporal y un cambio de rumbo en una dirección que claramente llevaba al precipicio y que Benedicto XVI continuó y sello con la sabiduría de sus palabras. Ahora estamos volviendo a los años 70, con las mismas consignas del espíritu conciliar , pero ni el mundo ni la iglesia son los mismos y todo suena a añoranzas de ancianidad. La Iglesia católica tal como la conocemos se muere sin remedio y lo hace por extinción. Los seminarios y noviciados están vacíos y con unos niveles de educación que hacen llorar. Las ordenes religiosas femeninas se desangran y pierden monasterios y conventos en cascada. Las diócesis sepultan decenas y decenas de sacerdotes que no son sustituidos. Y todo esto sucede en un mundo en el que reina la indiferencia religiosa y el relativismo moral. Todo está relacionado y una cosa puede ser consecuencia de la otra.
Con este panorama, hay quienes se empeñan en seguir insistiendo en la senda que nos llevado a la perdición. Es más, pretendemos obligar a los demás a seguirla. Son muchos los fieles que se están poniendo muy de perfil ante una jerarquía muda o despistada. Los sacerdotes sensatos, que los hay y no pocos, y los religiosos, un poco menos, hacen lo que pueden y, por salud personal y de sus comunidades, intentan poner buenas dosis de humor y sana distancia de toda está situación.
Será por el conocido refrán que no hay mal que por bien no venga, o por el todo es para bien de San Pablo, o porque creemos en la divina providencia que nunca abandona a sus hijos, todo lo que esta sucediendo parece que no hace sino precipitar el fin de un árbol seco que ya no da frutos. La situación en Estados Unidos está dejando muy a las claras lo que hay detrás de todo el tinglado y ya no es posible el ocultar las cosas. Las vergüenzas están más que al aire y en tan incomoda situación cualquier discurso, por muy sesudo que pretenda ser, se convierte en ridículo.
Las opiniones son unánimes con respecto a la comisión que prepara en encuentro de febrero del que esperamos, o posiblemente ya no, las oportunas aclaraciones. No sabemos quien ha ayudado a discernir al Papa Francisco en tan delicado asunto o si , como es de creer, ha discernido el solito. Cupich al frente de algo es garantía de que nace muerto y además arrastrará a toda su cuadrilla. Son más de 200 obispos en Estados Unidos y con eméritos más de trescientos y se han visto humillados ante la cuadrilla de Cupich que no solucionará absolutamente nada. Son muchos los que piensan que mejor no andarse con rodeos y que sea el propio McCarrick el que presida la comisión que seguro que aportaría una visión mucho más cercana del problema fruto de años de enorme experiencia. O’Malley ha puesto distancia inmediatamente con un comunicado oficial donde deja claro que la idea del encuentro es suya pero que no le han invitado. Ya ha sufrido bastante como para seguir en una senda que ha llamado sin matices de rotundo fracaso.
Entre lo problemas para afrontar soluciones está el no querer llamar a las cosas por su nombre. El islám es el mayor perseguidor de los cristianos sin duda alguna y son los países islámicos donde hay verdaderos problemas para vivir con libertad la fe. Hasta aquí no es necesario perder mucho tiempo en discernir. Cuando se habla de pedofilia se está disimulando en entrar en el verdadero problema que es la existencia de sacerdotes homosexuales que han convertido su ‘inclinación intrínsecamente desordenada’ en una mafia que ha actuado de forma muy eficaz en los últimos decenios. Lo que nos intentan vender es que los máximos defensores de todo este despropósito son los que ahora van a darnos la solución.
Terminamos con unas pensamientos de Santa Catalina de Siena. Estaba próxima la Navidad: la primera que Catalina celebraría en Roma. Como regalo de esta festividad le envió Catalina al Papa cinco naranjas que había confitado y cubierto con oro en hojas. Ella desarrolla la diferencia entre el sufrimiento amargo y el dulce, dándole al Papa la receta de preparar naranjas confitadas.
Le dice al Papa que él es al fin de cuentas el responsable de todos los terribles abusos que desangran a la Iglesia, por muy buena persona que sea, humanamente hablando, y por buenas cualidades que posea. Él es, asimismo, responsable de los malos pastores y monjes engañosos, cuya vida nefanda socava la fe de los creyentes.
Catalina compara la justicia acompañada de la misericordia con una perla preciosa. La justicia sin misericordia sería tiniebla, crueldad, injusticia más bien que justicia. Pero la misericordia sin justicia sería como un ungüento sobre una herida que necesita ser cauterizada con hierro candente; si se echa el ungüento antes de limpiar y cauterizar la herida, solamente producirá dolor, pero no curará.
«Todo el que es de la verdad escucha mi voz.»
Buena lectura.
“Ecco perché sono diventato un informatore della stampa”
Dai cattolici Usa un’insufficienza sulla pagella del papa
declaracion-del-card-sean-omalley
Cina, lotta alle religioni: distrutta chiesa storica
Incontro vaticano sugli abusi, si parte male
Omosessualità, la chiamata all’azione del cardinale Müller
Libertà Religiosa 2018. L’islam è il maggior persecutore
