En Roma hace frío, no es habitual que contemos con temperaturas bajo cero, estos días, poco bajo cero, pero las hay; y las jornadas no son como para tirar cohetes. El Jubileo de la Esperanza se cierra con cifras superiores al Jubileo de la Misericordia: en 2015-2016 fueron 22 millones, mientras que en el Año Santo recién concluido superaron los 33 millones procedentes de 185 países diferentes. El acto final tuvo lugar ayer en la Basílica de San Pedro con el rito de cierre de la Puerta Santa. Para la ocasión, el Papa lució un báculo nuevo con su lema episcopal, «In Illo uno unum»; la Puerta será tapiada en unos diez días. Ayer se inauguró en el Aula del Sínodo el primer Consistorio Extraordinario presidido por el Papa León XIV. La imagen corresponde a las reuniones por idiomas, no es lo más bello que hemos encontrado, es lo que tenemos.
Primera audiencia del año sobre el Vaticano II.
En el Aula Pablo VI por la mañana el Papa inauguró en la audiencia habitual de los miércoles, el ciclo de catequesis sobre el Concilio. Cuando el Papa San Juan XXIII inauguró el Concilio el 11 de octubre de 1962, lo describió como el amanecer de un día de luz para toda la Iglesia. Así lo recordó el Papa, quien hoy, en el Aula Pablo VI, inauguró una nueva serie de catequesis sobre el Concilio a través de sus documentos. «La labor de los numerosos Padres convocados, provenientes de Iglesias de todos los continentes, allanó eficazmente el camino para una nueva era eclesial». «Tras una rica reflexión bíblica, teológica y litúrgica que abarcó el siglo XX, el Concilio Vaticano II redescubrió el rostro de Dios como Padre que, en Cristo, nos llama a ser sus hijos; contempló a la Iglesia a la luz de Cristo, luz del pueblo, como misterio de comunión y sacramento de unidad entre Dios y su pueblo; inició una profunda reforma litúrgica, centrando el misterio de la salvación y la participación activa y consciente de todo el pueblo de Dios». Para el Papa el Concilio «nos ha ayudado a abrirnos al mundo y a acoger los cambios y los desafíos de la época moderna en el diálogo y en la corresponsabilidad, como Iglesia que quiere abrir los brazos a la humanidad, hacerse eco de las esperanzas y de las angustias de los pueblos y colaborar en la construcción de una sociedad más justa y más fraterna».
Comienza al consistorio.
En las palabras iniciales del consistorio el Papa dejó claro que no se trataba de un evento «marco», sino de un tiempo deliberadamente estructurado para la escucha. Actualmente hay 245 cardenales, repartidos casi a partes iguales entre los menores de 80 años que votaron en el cónclave que eligió a Leo y los mayores. No es algo indiferente y un cardenal de alto rango ocupó un lugar destacado en la agenda de audiencias privadas de Leo el miércoles: el cardenal Joseph Zen , arzobispo emérito de Hong Kong. Zen, que cumplirá 94 años la próxima semana, fue un férreo crítico conservador de Francisco, especialmente por su acercamiento a China, y se quejó durante años de que el Papa Francisco no lo recibiera en audiencia privada. El número de asistentes es significativo: 190 cardenales. En la forma ordinaria se convocan al menos los cardenales presentes en la Ciudad y en la extraordinaria en la que la convocatoria afecta a todo el Colegio. No tenemos la lista oficial de los asistentes, ausencias hay, las comentaremos, entre las ausencias la del cardenal Leopoldo José Brenes Solórzano , arzobispo metropolitano de Managua, que declaró no haber sido invitado, cosa que evidentemente es falsa. Parece que no se entera de lo de su Ortega y señora, no es extraño que tampoco de esto.
Timothy Radcliffe pontificando.
El cardenal Timothy Peter Joseph Radcliffe OP, – el que confiesa que presentó a sus amoríos a su comunidad, no tendremos nada mejor que enseñar – inauguró la sesión con una meditación capaz de preparar a la asamblea para una ‘escucha eclesial’ . «Nos reunimos en este Consistorio para ofrecer nuestra asistencia al Santo Padre en el ejercicio de su ministerio al servicio de la Iglesia universal. Pero ¿cómo podemos hacerlo?». El cardenal amplió su mirada a la actualidad, describiéndola como una época de «tormentas terribles» : una escalada de violencia, desde el crimen armado hasta la guerra; una brecha cada vez mayor entre ricos y pobres; la erosión del orden global establecido tras la última guerra mundial; el surgimiento de la inteligencia artificial , cuyos efectos aún desconocemos. «Si no estamos ya preocupados, deberíamos estarlo». Radcliffe reconoció la tentación más común: sentirse solo , agotado , exhausto.
Intervención de León XIV.
La intervención de León XIV eligió un tono elevado pero extremadamente directo, aclarando desde el principio que el corazón de estos días no sería la redacción de documentos, sino un genuino ejercicio de comunión y discernimiento. El Papa reinterpretó los grandes pontificados de la segunda mitad del siglo XX como un desarrollo coherente de la visión conciliar, hasta la síntesis ofrecida por Benedicto XVI y Francisco en la categoría de atracción. «No es la Iglesia la que atrae, reiteró el Papa, sino Cristo mismo ; y si una comunidad cristiana es creíble, es solo porque permite que la savia que fluye del Corazón del Salvador pase a través, sin oscurecimiento». León XIV afirmó claramente que la unidad tiene una fuerza atractiva intrínseca , mientras que la división produce dispersión y esterilidad.
Los cardenales.
Una vez elegidos los temas, los cardenales se reunieron en torno a una mesa circular , divididos en 20 grupos según el idioma , con intervenciones de unos tres minutos cada una para asegurar que todos tuvieran la oportunidad de contribuir. La primera parte de la reunión fue presidida por el cardenal Ángel Fernández Artime; mañana, por la mañana, el cardenal Tolentino; y por la tarde, el cardenal Tagle. La apertura empezó con el canto del Veni Creator , la lectura de un pasaje del capítulo 6 del Evangelio de Marcos y dos minutos de silencio . A continuación, el cardenal Giovanni Battista Re , decano del Colegio Cardenalicio, saludó con «un poco de su habitual espectáculo» .
De 16:20 a 18:00 , los cardenales se trasladaron al Aula Pablo VI para el trabajo en grupo, en el que León XIV no participó: el Papa optó por no intervenir en las discusiones, reservándose el derecho a escuchar y regresó para los informes finales. Solo los secretarios de los primeros nueve grupos —compuestos por cardenales de las Iglesias locales— pudieron presentar un resumen de tres minutos del debate y las razones que llevaron a la selección de los dos temas. Los secretarios de los otros once grupos solo comunicaron los títulos de las preferencias expresadas. El despedirse el Papa: «Siento la necesidad de contar con ustedes. Han llamado a este siervo a esta misión; es importante que discernamos juntos». «¿Hay vida en la Iglesia? Creo que sí»,
El consistorio ha continuado con las cenas habituales, varios cardenales se reunieron con un arzobispo curial y un obispo presentes en Roma. Recordaron con entusiasmo la jornada, centrándose también en el trabajo realizado en los grupos del Aula Pablo VI: relataron cómo el Papa se sentó en una de las mesas con ellos, participando directamente en las discusiones. Se mostraron entusiasmados con las palabras del predicador y lo que se planteó en los grupos. Comentaron un ambiente jovial, sereno y relajado. «Ver el Aula Pablo VI de nuevo poblada por ‘obispos’ y no por otros es un espectáculo hermoso» aludiendo al último escenario del Sínodo de la Sinodalidad.
Emanaciones de Timothy Radcliffe.
Barron y la sinodalidad.
La sinodalidad cosa de Rousseau.
El profesor William A. Thomas, teólogo y excompañero de clase del Papa León XIV y del Cardenal Mario Grech expone la crisis ideológica que subyace al Sínodo sobre la Sinodalidad. Tras hablar del desastroso pontificado del papa Francisco, argumenta que todo el proyecto sinodal está «desprovisto de cristología» y carece de fundamento en las Escrituras, la Tradición Apostólica o los Padres de la Iglesia. “Le dije a Grech: ‘No puedes promover esto, porque carece de cristología'». “Como dijo el propio Papa León, no hay un modelo para esto, por lo que es un movimiento muy ambiguo y confuso dentro de la Iglesia, carente de apostolicidad. No se remonta a los Padres. No hay ningún lugar en las Escrituras donde Jesús hable de la sinodalidad ni de la Iglesia sinodal”. “La Iglesia sinodal es la Iglesia de Inglaterra. No es la Iglesia Católica, que es la única Iglesia verdadera en la tierra”. “Cuando leí una copia del documento final (sinodal) en español, empecé a ver que la filosofía que lo sustentaba se basaba en la de Jean-Jacques Rousseau, padre del sentimentalismo, quien escribió un libro llamado El Contrato Social . La sinodalidad es casi página por página de El Contrato Social de Rousseau, quien desgrana por completo la noción del cristianismo en Europa y prepara a Europa para la sangrienta revolución que tuvimos en Francia”. El sentimentalismo se trata de sentimientos y emociones. Alguien dice: «Oh, esto es pecaminoso, esto está mal, esto es mortal, esto te destruirá el alma», y así sucesivamente», dijo. «Pero hoy en día no se puede decir eso, porque herirías a la gente, herirías sus sentimientos… así que todo vale». Le dije al cardenal Grech que «esto no va a ninguna parte, ningún obispo con agallas puede aceptar esto y hay que parar». “Lo que la Iglesia necesita es un movimiento de renovación, un renacimiento a través de la catequesis, un renacimiento a través de la fe en Jesucristo como Redentor del mundo, un renacimiento en la auténtica devoción mariana, un renacimiento en la vida sacramental”. “No necesita algo… que distraiga y desvíe lo divino hacia este sentimentalismo humano de escucharnos, de animarnos. Eso no es lo que Cristo había previsto”. “El mandato es ir al mundo entero y predicar la Buena Nueva, anunciar la Buena Nueva que el Redentor del mundo, de hecho, redimió con su pasión, muerte y resurrección”.
Sarah y la música sacra.
Terminamos con la agradable noticia de que se publican unas charlas del cardenal Sarah impartidas en la Universidad de Princeton en noviembre del año pasado. Se centró en la publicación de su nuevo libro, «El canto del Cordero: Música sacra y liturgia celestial», coescrito con el músico eclesiástico Peter Carter, director de música sacra del Instituto Aquinas de la Universidad de Princeton. «El cardenal afirmó que la liturgia de la Iglesia se ha instrumentalizado con demasiada frecuencia y se ha politizado en las últimas décadas. Aseguró que era un error que los líderes de la Iglesia persiguieran y excluyeran a quienes denunciaban los abusos litúrgicos». Recordó la armonización que hizo el Papa Benedicto XVI entre el Novus Ordo Missae y la Misa tradicional en latín y su énfasis en que “lo que las generaciones anteriores consideraban sagrado sigue siendo sagrado y grande también para nosotros”. La liturgia «no es algo que usted o yo podamos inventar o cambiar, aunque nos creamos expertos o incluso obispos», «Debemos ser humildes ante la sagrada liturgia, tal como nos ha sido transmitida en la Tradición de la Iglesia». Citando al Papa Benedicto, dijo: “En lo que respecta a la liturgia, no podemos decir que un canto sea tan bueno como otro”. Explicó que la música sacra “tiene una objetividad” que tiene sus raíces en la tradición litúrgica de la Iglesia. “Es decir, lo que se canta en la liturgia puede verdaderamente decirse que es ‘El Cántico del Cordero’, alabando y dando gloria a Dios Todopoderoso y suplicándole por las necesidades de su pueblo». La música sacra “no es un ‘bonito’ añadido a la liturgia; es un componente esencial de ella”.
No queremos alargarnos mucho más, pero no queremos dejar de hacer una referencia a una interesante publicaciòn de F. Antonioli y L. Verrani, en Lo Scisma emergenti , han dado título a su investigación, que habla no tanto de cismas, sino más bien de «conflictos, laceraciones y silencios en la Iglesia del Tercer Milenio», como reza el subtítulo.
«Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír».
Buena lectura.
