Todo apunta a un buen día en Roma, después de la tempestad siempre llega la calma. Hoy no hay lluvia y la temperatura puede ser primaveral. Vamos con otro día lleno de información. Empezamos con algunas audiencias que son más noticia.
La pontificia Academia para la Vida.
El Papa León XIV recibió en audiencia a los participantes de la Asamblea Plenaria de la Academia Pontificia para la Vida, reuniéndose con ellos por primera vez junto con el nuevo presidente, Mons. Renzo Pegoraro, recientemente nombrado para dirigir la institución. En su discurso situó inmediatamente la cuestión de la salud en un contexto internacional marcado por los conflictos. León XIV citó indicadores como la esperanza de vida y la calidad de la salud, que varían notablemente entre países y grupos sociales, según los ingresos, el nivel educativo y el vecindario. León lo deja claro: más allá de las declaraciones, no todas las vidas se respetan por igual, y la salud no se protege ni se promueve de manera uniforme. Este enfoque también conduce a una lectura del «cuidado» como categoría fundamental: apoyo y proximidad no solo a los enfermos, sino a la vulnerabilidad que impregna toda vida humana.
La audiencia al Opus Dei.
Según confesión propia, nada de nada. «En el encuentro de hoy, 16 de febrero, se trataron diversos temas de la actualidad de la Obra en el mundo y el Santo Padre impartió su bendición apostólica para los miembros del Opus Dei y todas las personas que participan en sus apostolados». En el comunicado oficial se sigue hablando de prelado, nunca de coordinador, pero su vestimenta era la propia de un monseñor, ni de un prelado. Según dicen: «En el transcurso de la audiencia, se abordaron varios temas, en un ambiente de gran confianza, sobre las perspectivas y desafíos de la tarea de evangelización que el Opus Dei realiza en el mundo, en camino hacia su primer centenario. El Santo Padre señaló que el proceso de adecuación de los estatutos del Opus Dei sigue en fase de estudio y que todavía no se puede prever fecha de publicación. Ocáriz le regaló dos libros: «La Iglesia en la calle. La recepción de la Gaudium et spes en seis santos pastores» y «Yauyos, una aventura en los Andes». Pues parece que nada de nada, a esperar y ya veremos. Seguimos dejando para mañana lo que se puede hacer hoy.
Bambino Gesù de El Cairo.
Monseñor Yoannis Gaid Lazha, secretario que fue de Francisco, estuvo presente en la audiencia como presidente de la Fundación Bambino Gesù de El Cairo. El centro de atención fue Mariano, el niño de 12 años de Vena di Maida, Calabria, que padece una enfermedad rara que lo obliga a vivir con problemas respiratorios y pesa casi 200 kilos. La fundación «adoptó» al niño con un acuerdo de tutela, transparencia y rendición de cuentas para garantizarle cuidado, dignidad y un futuro lleno de esperanza. La Fundación ha establecido restaurantes comunitarios y un orfanato en Egipto, cumpliendo una función educativa y social y ofreciendo un ejemplo concreto de cómo la protección de los derechos de la infancia puede convertirse en una herramienta para el diálogo entre los pueblos y la construcción de una ciudadanía humana compartida.
¿La primera crisis seria del pontificado?
Queda por ver cómo León XIV pretende afrontar una de las primeras crisis de su pontificado. Son muchos los asuntos pendientes del pontificado de Francisco –basta pensar en el caso del ex jesuita Marko Rupnik o en la disputa legal abierta en el Estado de la Ciudad del Vaticano por la gestión de los fondos de la Secretaría de Estado–, pero la cuestión de la FSSPX es la primera “nueva” crisis eclesiástica de la era leonina. Todos los papas desde el Concilio Vaticano II la han heredado, y su marco general es el legado de un debate que ha estado obsoleto durante muchas generaciones. Pablo VI se encontró en un diálogo dramático con el fundador de la FSSPX , el arzobispo Marcel Lefebvre; luego, San Juan Pablo II tuvo que abordar la cuestión del cisma creado por las ordenaciones ilegítimas; y Benedicto XVI ofreció apertura litúrgica, pero exigió la firma de un preámbulo doctrinal que la FSSPX no podía aceptar (o al menos no aceptó). Francisco otorgó facultades y otras facilidades a los sacerdotes de la FSSPX, pero nunca tomó medidas concretas para resolver las cuestiones fundamentales. León XIV tendrá que encontrar su propio enfoque.
La reunión del 12 de febrero concluyó según lo previsto, con la promesa de diálogo y la amenaza de no diálogo. La promesa de diálogo es la de un camino doctrinal que aclara ciertas cuestiones del Concilio Vaticano II, incluidas las de la FSSPX, a fin de definir los requisitos mínimos fundamentales para la plena comunión. Esto es incluso algo menos que el preámbulo doctrinal que Benedicto XVI pidió firmar. Benedicto XVI no podía aceptar la versión de la FSSPX de que el Concilio era un acontecimiento histórico, sino meramente pastoral, y que, por lo tanto, sus desarrollos podían ser cuestionados o ignorados . Y esto no se debía a que Benedicto XVI fuera progresista, sino a que comprendía el «Concilio de los Padres», su diferencia con el «Concilio de los medios de comunicación» y la necesidad de defenderlo a pesar de las opiniones que se hacían públicas.
León XIV decidió, como era natural, que el Dicasterio para la Doctrina de la Fe se ocupara de la cuestión. La ausencia de la Comisión Ecclesia Dei, responsable del diálogo desde las ordenaciones episcopales originales de la FSSPX, es algo que quienes trabajan en la Santa Sede sienten profundamente. Francisco suprimió la Comisión Ecclesia Dei y fusionó sus responsabilidades con el Dicasterio para la Doctrina de la Fe (entonces llamado la Congregación) en 2019. Y quizás una consecuencia natural sea el restablecimiento de una comisión como Ecclesia Dei, o al menos un comité permanente para el diálogo, precisamente para promoverlo con delicadeza.
Durante el pontificado de Francisco, muchas comisiones internas fueron abolidas o abandonadas, mientras que el Papa estableció otras nuevas y provisionales (el CRIOR sobre el IOR, la COSEA sobre administración, el comité y la comisión para la reforma de las comunicaciones del Vaticano, el propio Consejo de Cardenales) y abandonó las que habían permanecido activas en el pasado. Por ejemplo, no ha habido más noticias de una reunión de la Comisión sobre China convocada por Benedicto XVI, y Ecclesia Dei fue suprimida antes de la ofensiva de Francisco contra el movimiento tradicionalista con el Motu Proprio Traditionis custodes y su posterior implementación, que derogó efectivamente la liberalización del rito antiguo autorizada por Benedicto XVI. Así pues, quizás tengamos una nueva (vieja) comisión.
Quizás no se trata de una crisis decisiva para el pontificado, pero es una crisis que puede revelar en gran medida el estilo de gobierno de León XIV. León XIV actúa por la vía institucional —el dicasterio competente— y no dialoga personalmente, pues carece del carisma necesario para impulsar las cosas. León XIV espera y solo toma decisiones cuando son inevitables e irrevocables. Queda por ver si esta es la mejor estrategia para el mundo tradicionalista. Los seguidores del rito antiguo son cada vez más jóvenes y es un sector de la Iglesia que no puede ignorarse. En tiempos de crisis vocacional, el mundo tradicionalista puede ser una fuente de nueva fe o la causa de cisma y división.
Los jesuitas de la Specola.
La Basílica de San Pedro.
Durante el último año, más de 20 millones de personas han entrado en la basílica. Conferencia de Gambetti en la que quita importancia a los incidentes recientes de violaciones en la basílica. El cardenal destacó «toda la labor preventiva que se inicia en el exterior de la basílica y la labor proactiva en el interior, gracias a la presencia de aproximadamente 60 agentes de seguridad. Ya se está trabajando mucho y estamos considerando implementar medidas de protección en ciertas zonas». «También hemos cuestionado los límites de la ‘militarización’ para controlarlo todo». «Creemos que la basílica debe seguir siendo un lugar que ofrezca una sensación de libertad a quienes entran. No podemos sobrepasar ciertos límites».
Las inversiones del Vaticano.
El Vaticano no solo es el centro espiritual de millones de católicos, sino también un Estado con su propio sistema financiero y cartera de inversiones. Sus ingresos provienen no solo de donaciones y turismo, sino también de la gestión de bienes inmuebles y capital. El Vaticano cuenta con su propio banco, el Instituto para las Obras de Religión (IOR), institución que gestiona las actividades financieras de la Santa Sede. No se trata de un banco minorista para clientes comunes, sino de una estructura que presta servicios a instituciones eclesiásticas y supervisa inversiones. Recientemente, el IOR introdujo un nuevo instrumento: dos índices bursátiles construidos sobre la base de principios católicos.
El Banco Vaticano desempeña un papel central en este sistema, colaborando con otras entidades, como la APSA (Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica). La APSA gestiona la cartera de bienes inmuebles e inversiones, mientras que el IOR presta servicios a las instituciones eclesiásticas y supervisa los flujos financieros. A través de estas entidades, el Vaticano mantiene fondos en forma de bonos, acciones, depósitos y propiedades, en todo el mundo. El Vaticano nunca revela cómo está compuesta su cartera. Según datos de la APSA de 2020, el Vaticano posee más de 5.000 propiedades, principalmente en zonas privilegiadas de Roma, así como en París, Londres, Ginebra y Lausana. Algunas de estas propiedades generan ingresos por alquileres.
Historia financiera el Vaticano.
La historia financiera moderna del Vaticano comienza el 11 de febrero de 1929, cuando se firmaron los Pactos de Letrán entre la Santa Sede y el gobierno italiano liderado por Benito Mussolini. En virtud del acuerdo financiero, el Vaticano recibió 750 millones de liras en efectivo (unos 81 millones de dólares de la época) y otros mil millones de liras en bonos del gobierno italiano con un interés del 5%. En comparación, antes de esa fecha, el presupuesto anual del Vaticano era de tan solo entre uno y dos millones de dólares. El capital fue confiado a Bernardino Nogara, un financiero con experiencia internacional. Aceptó el cargo con una condición: ninguna restricción moral a las inversiones. Actuó con decisión y pragmatismo. Durante el desplome de la bolsa estadounidense de 1929, Nogara compró acciones de IBM, General Motors, RCA y otras grandes empresas a precios extremadamente bajos. Estas acciones se dispararon durante la Segunda Guerra Mundial y el auge económico de la posguerra.
En diez años, los activos del Vaticano aumentaron aproximadamente un 2000 %. Nogara diversificó sus inversiones en dólares estadounidenses, protegiendo su capital cuando la lira italiana se devaluó drásticamente durante la guerra. Posteriormente, el Vaticano invirtió en el holding industrial italiano IRI, que controlaba empresas como Alfa Romeo y Alitalia, y se expandió considerablemente en el sector inmobiliario a través de Società Generale Immobiliare. En ese momento, el Vaticano pasó de ser un centro religioso financiado por el Estado a uno de los mayores inversores de Italia.
Las inversiones del Vaticano siempre han mantenido los detalles de la cartera fuera del alcance del público. Esta discreción contribuyó a generar rentabilidad, pero a la larga se convirtió en una debilidad. A menor transparencia y supervisión, mayor era el riesgo de errores, comisiones infladas y abusos. Con el tiempo, esto ha dañado la reputación de la Santa Sede. La era del crecimiento agresivo del capital y las rentabilidades extraordinarias parece haber terminado. Incluso el aumento de ingresos previsto para 2024 es descrito por el propio Vaticano como un efecto puntual. La pregunta clave para los próximos años ya no es cuánto puede ganar el Vaticano, sino si puede generar rentabilidades consistentes dentro de su nuevo marco ético.
Los laicos en la Curia Romana.
Una entrevista de encargo a un emérito siempre es sospechosa y siempre es un modo de decir lo que no se puede, o quiere, decir, de forma oficial. Ante el revuelo de los últimos nombramiento de monjas en la curia, se intenta justificar defendiendo que estamos ante una prueba abierta, o algo así. El cardenal Marc Ouellet, Prefecto Emérito del Dicasterio para los Obispos, reflexiona sobre el nombramiento de laicos en puestos de autoridad en la Curia romana, preguntándose si se trata de una concesión que debe revisarse o de un avance eclesiológico. Entre las decisiones del Papa Francisco se encuentra el nombramiento de laicos y monjas en puestos de autoridad habitualmente reservados a ministros ordenados, obispos o cardenales en los Dicasterios de la Curia Romana. El Papa justificó esta innovación con el principio sinodal, que exige una mayor participación de los fieles en la comunión y la misión de la Iglesia. Esto contradice la costumbre ancestral de confiar cargos de autoridad a ministros ordenados. Esta costumbre puede ciertamente ser confirmada por el Concilio Vaticano II, que definió la sacramentalidad del episcopado (LG 21). De ahí la inquietud ante una decisión papal que se respeta, pero que quizás se considera temporal. Tanto es así que, en los albores del nuevo pontificado, algunos desearían que se reafirmara el estrecho vínculo entre el ministerio ordenado y la función de gobernar la Iglesia. La justificación canónica presentada al introducirse la Preadicate Evangelium no obtuvo la aprobación general, pues parecía resolver una controversia centenaria de manera voluntarista o arbitraria, al adoptar una postura superficial que el Papa había adoptado en detrimento del diálogo previo con teólogos y canonistas.
Ouellet: «He propuesto una interpretación teológica de esta decisión del Sumo Pontífice que trasciende las posiciones canónicas en disputa sobre el origen y la distinción entre la potestad del Orden y la potestad de jurisdicción en la Iglesia. Esta interpretación se expone en el artículo que publiqué el 21 de julio de 2022 en L’Osservatore Romano , y que se desarrolló en la misma línea en mi libro Palabra, Sacramento, Carisma. Riesgos y oportunidades de una Iglesia sinodal (San Francisco, Ignatius Press, 2025) «. «Los carismas del Espíritu Santo tienen su propia autoridad en áreas donde la ordenación sacramental no es necesaria, e incluso puede ser apropiado que la competencia sea de otro orden; por ejemplo, en la gestión de recursos humanos, la administración de justicia, el discernimiento cultural y político, la administración financiera y el diálogo ecuménico. En todas estas áreas, mencionadas a modo de ejemplo, se puede imaginar una colaboración entre clérigos, laicos y religiosos en la que la posición subordinada del ministro ordenado no sería inapropiada ni cuestionable. La experiencia histórica de la Iglesia demuestra que la tradición de las grandes órdenes religiosas y las diversas formas de vida consagrada o apostólica presupone un gobierno interno dentro del carisma, una vez reconocido y aprobado oficialmente por la autoridad jerárquica. Un capellán de religiosas, por ejemplo, no puede arrogarse el derecho de imponer sus opiniones a los responsables de la comunidad a la que asiste. El ministerio pastoral no puede sustituir la autoridad del carisma». ¿Una concesión temporal que debe revisarse o un avance eclesiológico?
A vueltas con las monaguillas.
Ya es sabido que las parroquias regentadas por religiosos, las de los frailes, antaño conocidas por sus buenos y sabios confesores, se han convertido en los últimos decenios en el nido de toda novedad y ocurrencia. Vocaciones ninguna y el último que se muere entrega al sufrido clero secular, siempre a regañadientes, una parroquia reducida a los escombros. No sabemos si el caso de la parroquia romana de Ostia, pero tiene toda la pinta. Por su faltaba alguna prueba del desacierto, nos quedamos aquí, de que el Papa aparezca servido por crecidas monaguillas resulta que a Martin SJ le gusta: “El uso de monaguillas ha resultado controvertido en algunas diócesis estadounidenses y entre algunos obispos, pero, aparentemente, no en la Diócesis de Roma ni para su obispo”.
El Martin SJ se producen en medio de lo que parece ser una gira mediática agotadora para promocionar su nueva autobiografía, «Work in Progress» . En los últimos días, Martin ha aparecido en Good Morning America y en el programa nocturno del presentador de tertulias de izquierdas Stephen Colbert para impulsar las ventas del libro. Le dijo a Colbert que León continúa la agenda pro-LGBT de Francisco. La afirmación de Martin cuanta con muchos argumentos en contra, incluyendo principios teológicos irrefutables así como consideraciones prácticas que tienen en cuenta las diferencias entre niños y niñas y la preparación de los jóvenes para el seminario.
Históricamente, el papel de los monaguillos ha estado reservado para hombres y niños en la vida de la Iglesia, y varios papas han prohibido expresamente que las mujeres sirvan en el altar. El papa Gelasio (492-496), del siglo V, condenó la mala práctica de que las mujeres sirvieran al sacerdote en la celebración de la misa. El papa Benedicto XIV (1740-1758) lo reiteró en su encíclica Allatae Sunt de 1755. En una carta escrita en 2024 por el cardenal de Sri Lanka, Albert Malcolm Ranjit, Su Eminencia declaró que “ninguna niña debería ser invitada a servir en el altar” porque ese papel “es una de las principales fuentes de vocaciones al sacerdocio en Sri Lanka y afectará el número de candidatos que ingresan a los seminarios, riesgo que no podemos correr”. Históricamente, los lectores , al igual que los acólitos, eran órdenes menores reservadas exclusivamente a los hombres, ya que servían como trampolines hacia el sacerdocio. El obispo Athanasius Schneider lo señaló en su libro Credo ( 2023 ), al afirmar que los ministros de la Iglesia representan a Cristo y, por ello, sus ministerios deben ser ejercidos por hombres ordenados o por sus sustitutos, lectores o monaguillos. Podría decirse que la apertura de la puerta a las monaguillas tuvo lugar bajo Pablo VI, cuando en su motu proprio Ministeria Quaedam de 1972 permitió que los roles de lector y acólito fueran «ministerios laicos», lo que finalmente llevó a las mujeres a asumirlos. El papa Francisco fue más allá en su motu proprio Spiritus Domini de 2021 , que modificó el derecho canónico para permitir que las mujeres fueran instaladas oficialmente como acólitas y lectoras.
La persecución en Nicaragua.
Continúa agravándose y no solo se arresta a sacerdotes, sino que se impide a los fieles celebrar festividades en todos los sentidos. El silencio cobarde del Vaticano ante la persecución de fieles y religiosos por parte de los tiranos nicaragüenses continúa. El domingo 2 de febrero, el cardenal Leopoldo José Brenes anunció el traslado de 23 sacerdotes a la Arquidiócesis de Managua, una reorganización forzada por la expulsión del clero, que ha dejado a muchas parroquias sin titulares en Nicaragua. La magnitud de la persecución religiosa en Nicaragua se refleja en las impactantes cifras: según el informe «Fe Bajo Fuego » de la ONG Colectivo Nicaragua Nunca Más, al menos 261 religiosos han sido expulsados del país desde 2018, incluyendo cuatro obispos, aproximadamente 140 sacerdotes, más de 90 monjas, una docena de seminaristas y tres diáconos. Entre los expulsados se encuentran el presidente de la Conferencia Episcopal, Carlos Enrique Herrera, y los obispos Silvio Báez, Rolando Álvarez e Isidoro Mora.
Ortega y Rosario mantienen «un discurso de reconciliación y amor, pero sus palabras no son congruentes con sus acciones. La dictadura «ya no se limita a hostigar a líderes religiosos ni a cancelar procesiones, sino que ahora busca silenciar la fe en la vida cotidiana y castigar cualquier expresión espiritual que no controle». La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) instó a la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo a poner fin a las violaciones de derechos humanos y a liberar incondicionalmente a todas las personas encarceladas por motivos políticos en Nicaragua. Solo el obispo auxiliar de Managua, Silvio Báez, ha instado a los católicos a no refugiarse en el silencio, instando a la Iglesia a alzar la voz a pesar de la represión. ¿Acaso cabe esperar una redada de las fuerzas especiales de Trump también en Managua? Son muchos los que lo están deseando.
La confusión de género.
El último borrador de la tan esperada guía de seguridad para estudiantes del Departamento de Educación del Reino Unido diluye su política de confusión de género hasta el punto de que niños de tan solo cuatro años podrían ser «transicionados socialmente». Afirma que las escuelas «no deben permitir el acceso de los alumnos a los baños, vestuarios ni a las residencias o internados designados para el sexo opuesto, sin excepción»; «no se debe permitir la participación de los alumnos en deportes designados para el sexo opuesto»; «no deben iniciar ninguna acción relacionada con la transición social»; y deben respetar el papel rector de los padres y tutores en dichas decisiones. Las escuelas son muy cautelosas: «Esperamos que el apoyo a una transición social completa se apruebe en muy raras ocasiones. La Revisión Cass reconoce que los niños mayores generalmente tienen mayor autonomía para tomar sus propias decisiones. Mantener la flexibilidad y mantener abiertas las opciones de los niños ayudará a evitar que se sientan presionados a comprometerse con un camino potencialmente irrevocable cuando son pequeños». «Los niños de primaria no deberían tener que lidiar con los cambios de pronombres. Pero, sorprendentemente, la guía laborista abre la puerta a que se refieran a niños de tan solo cuatro años de una manera que no refleja su sexo biológico».
Los monjes e Internet.
Matteo Ferrari de 51 años, es monje camaldoli desde los 27 yt desde noviembre de 2023 es Prior General de todos los monjes camaldulenses del mundo. El Papa Francisco lo había elegido como único representante de la liturgia en el Sínodo de los Obispos . Es un hombre de pocas palabras pero muy claras: «La celda monástica no es el lugar para ver películas individualmente. Creo que es mucho más saludable pensar en momentos de comunidad, de crecimiento compartido. Netflix y otras plataformas de streaming, así como redes sociales como Instagram y TikTok, que están diseñadas para ser adictivas, deberían evitarse por completo». “Lo mío no es un reproche, sino una invitación a reflexionar sobre un tema que recorre la vida de todos y que no se puede ignorar”. «Los jóvenes que ingresan al monasterio ya tienen una cultura digital desarrollada, y es a ellos en particular a quienes dirijo esta propuesta, para que aprendan a manejar conscientemente herramientas con poder performativo». «En el noviciado, practiquen un verdadero desapego, suspendiendo el uso de redes sociales, internet en la celda, la visualización individual de videos o películas, las suscripciones a plataformas como Netflix y regulando la comunicación con familiares y amigos por WhatsApp. Incluso el uso del teléfono inteligente debe ser regulado por el maestro de novicios». «El uso de las redes sociales corre el riesgo de convertir la práctica de la celda en una mera formalidad».
¿Tenéis ojos y no veis; tenéis oídos y no oís?
Buena lectura.