
Óiganlo.
No hay figura que pueda aguantar tantas desautorizaciones y desde tantas procedencia, sobre todo cuando es tan escasísima su entidad. Yo le apodo Su Insignificancia. Jiménez Losantos verdaderamente acaba con él.
Es también particularmente significativo que nadie salga en su defensa o manifestando algo positivo en su persona. Es como si no tuviera un amigo o, si alguno tuviese, ese no encontrare en él nada que mereciese elogio o defensa.
Y en todos sus despropósitos se metió motu proprio, nada le oblligaba a ello. Solo su insuficienca neuronal y mitral.
Lo peor es que su desprestigio arrastra el de la diócesis.