Excelente exposición de la Cuaresma del arzobispo Aguer

El sentido de la Cuaresma.

          La tradición cristiana registra un período preparatorio a la celebración de la Pascua: es la Cuaresma (Quadragesima). Son cuarenta días en los que el cristiano se ejercita, especialmente, en las tres obras bíblicas ya practicadas por el pueblo judío: la oración, el ayuno y la limosna. En realidad, son obras destinadas a marcar la vida ordinaria de un creyente, pero que en el período cuaresmal adquieren un valor especial; se disponen para que el recuerdo de la muerte y la resurrección de Jesús no resulte un simple recuerdo, sino que sean vividas en el ámbito sobrenatural de la Fe.

          En el tiempo actual de oscurecimiento de la cultura cristiana, esas obras cuaresmales son iluminadas por la predicación de la Iglesia y se proyectan a la vida del mundo con un nuevo valor. Precisamente, la vivencia cristiana de la Cuaresma está ordenada a la recuperación del sentido de la Redención. La pérdida del sentido de la Redención y su necesidad conduce a la pérdida del sentido de la Creación. Que el hombre es un ser creado por Dios y redimido por Cristo permite reconocer la realidad del pecado. El relato bíblico sobre los orígenes de la humanidad explica los hechos que oponen a unos hombres con otros, a unos pueblos contra otros pueblos, y que los medios de comunicación registran sin revelar su profundo sentido y la realidad de su origen. Será útil repasar las obras cuaresmales, proyectando su valor para comprender la historia, las raíces del hoy y la cultura de los pueblos.

          La oración es, ante todo, una realidad humana en la que se reconoce el ser del hombre creado por Dios y redimido por Cristo. San Agustín, en los primeros capítulos de sus “Confesiones”, muestra los esbozos de la oración como valor humano en la vida de los infantes, luego los niños y, finalmente, los adultos en sus relaciones con Dios, en las que se descubre quién es el ser humano. La oración vincula al hombre con Dios y le revela quién es el hombre mismo. Una de las causas principales de los conflictos humanos es que el hombre se cree un dios.

          El ayuno no consiste, fundamentalmente, en la privación del alimento, sino en primer lugar la privación de los vicios; ordena al hombre consigo mismo, poniendo en su lugar las diferentes dimensiones que lo constituyen. El nombre “limosna” procede del griego y se traduce simplemente como “misericordia”. Es lo que falta en la cultura de hoy; la exclusión de la misericordia es la primera causa de los enfrentamientos que los medios de comunicación registran sin poder expresar su sentido.-

+ Héctor Aguer

Arzobispo Emérito de La Plata.

 

Buenos Aires, 20 de febrero de 2026.

Viernes después de Ceniza. –

 

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