
O eso leo en las noticias sobre las mismas.
Las donaciones de los fieles hoy deben ser mínimas. Desaparecieron los ingresos por la jubilación de las ancianas. Si cerrase el restaurante les quedaría la pérdida por la adquisición del mismo. El vivir por la venta de los perros parece imposible. Una vez más parece demostrarse que la capacitación económica no parece estar entre las virtudes, si es que tiene alguna, de la exsuperiora de la comunidad. Con lo que el triste final de la absurda aventura parece aproximarse.