Ahora tocó al obispo de Tehuacán, Gonzalo Alonso Calzada Guerrero, ser blanco de la violencia al sufrir un asalto carretero cuando se dirigía a la celebración de la fiesta patronal en Magdalena Alquizapan.
En un comunicado, la diócesis de Tehuacán señaló que el obispo fue despojado de su vehículo y objetos personales. El 23 de julio, seis jóvenes interceptaron al obispo robándole su camioneta Mitsubishi L200, modelo 2024. Fue abandonado en una zona cercana a San Martín Atexcal, , ahí pidió ayuda y, posteriormente, denunció los hechos delictivos.
El vicario general diocesano, agradeció a la Virgen ya que siempre “protege y acompaña” al obispo, a la vez que imploró por la paz solicitando oraciones por los “hermanos que lastiman a las familias”, refiriéndose a los delincuentes.
No es el primero…
En abril pasado, el obispo de Orizaba, Eduardo Cervantes Merino, sufrió un asalto junto con dos sacerdotes y decenas de automovilistas, los medios diocesanos dieron a conocer el relato del obispo y cómo se suscitó el asalto al cual llamó “un incidente más”, haciendo ironía acerca de los calificativos que la incompetencia de las autoridades hacen para minimizar la grave inseguridad y violencia que vive diversas regiones del Estado de Veracruz.
“Son situaciones dolorosas y tristes que padece nuestras comunidades” afirmó el obispo quien dijo “ahora me tocó a mí”.
A diferencia del obispo de Tehuacán, en esa ocasión la Conferencia del Episcopado Mexicano emitió un comunicado de solidaridad para el obispo y las personas que sufrieron el atraco. El documento suscrito por el presidente y secretario general de la CEM pidió a las autoridades a poner “mayor atención y cuidado” para garantizar el libre tránsito en autopistas del país.
Cervantes Merino llamó a la conversión a los asaltantes y criticó la estrategia de seguridad del gobierno: “Lo que nos hace falta es una organización seria… Me parece que necesitan estrategias más adecuadas para la seguridad. Es muy complicado dar abrazos cuando te tienen con los brazos levantados”