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Ya lo reconocen.
Pero mantienen alguna esperanza. Aunque ni ellos mismos se lo creen.
Mataron la vida consagrada que ahora no tiene más futuro que la desaparición salvo contadísimos casos apegados a modos tradicionales.
En un futuro no muy lejano no habrá jesuitas, franciscanos, dominicos, salesianos , claretianos, benedictinos… Como habrán echado el cierre la casi totalidad de las congregaciones femeninas.
Reconocen la proximidad del fin aunque todavía no el suicidio que todos y todas protagonizaron. Y que se niegan a reconocer y denunciar.