
Parece que está en muy buenas condiciones físicas, lo que me alegra mucho, le deseo un feliz cumpleaños y que cumpla muchos más.
Sin embargo, la norma es la norma y hoy pierde su derecho a participar en el siguiente Cónclave que se produzca cuando Dios quiera. Él ya no será elector, cuando toque, del próximo Papa. España, por ahora, cuenta con solo tres votos para ese acontecimiento y pienso que es posible, salvo un imprevisto de salud, que los tres intervengan en el mismo. Digo simplemente que es posible no que sea seguro. Los electores, a día de hoy, o de mañana día 30, no lo tengo muy claro y no me apetece ir a consultar la norma, son ya sólo Blázquez, Osoro y Cañizares. El cardenal de Valladolid hasta el 2022 y los de Madrid y Valencia hasta el 2025. Fechas en las que el Papa Francisco tendría, si viviera o no hubiese renunciado, 85 y 88 años.
En mi pobre opinión Sistach no ha sido bueno ni malo. Discreto. Pudo ser mucho mejor y mucho peor. Pero a él no le va destacarse. No se lo pide el cuerpo. Lo suyo ha sido acomodarse a lo que hubiere rehuyendo protagonismos y buscando comodidades. Para Barcelona, sigo manifestando mi opinión, ha resultado malo pero mucho más por no haber querido complicaciones que por haber animado la maldad. Había no poca y la consintió rehuyendo un saneamiento necesario de lo que había crucificado a su antecesor el cardenal Carles. Y no estaba dispuesto a que le crucificaran a él. Como si lo único que le preocupase fuera tener un buen pasar. Una diócesis muy herida y muy envejecida reclamaba una actuación enérgica pero la energía es ajena al temperamento de Sistach. Apenas intentó ejercerla contra Germinans y le salió el tiro por la culata. Todo lo malo que había lo toleró aunque tampoco persiguió lo poco bueno que apuntaba. Digo que no lo persiguió porque favorecerlo tampoco. Lo único que parecía preocuparle era un dulce pasar sin que nadie le molestara.
Con esa política, y también en lo meramente político tampoco fue ni carne ni pescado, ha dejado a su sucesor una diócesis prácticamente arrasada. Entre las más secularizadas de España si no la más. En la que la Iglesia casi ha dejado de existir. Lo peor es que el relevo, al menos hasta hoy, parece seguir su línea del dolce far niente. Aunque Omella tiene una ventaja sobre Sistach. O dos.
La primera es que los santones más significativos de lo que ha arrasado católicamente Cataluña van desapareciendo. La muerte o simplemente la edad han clarificado mucho. Y lo poco que queda está en puertas. La corrupción de los políticos también ha hecho estragos en soluciones que encandilaron a no poco clero catalán. Unos políticos que sólo eran unos sinvergüenzas de tomo y lomo. Y los nuevos de esa línea supongo que ya se irá dando cuenta la Iglesia de lo que ha propiciado. El último espectáculo lésbico en Montserrat me parece definitivo. Eso es lo que pueden esperar y lo que se han buscado. Suicidamente.
La otra ventaja de Omella es su talante. Mucho más cordial y populista que el del cardenal que siempre marcó distancias. Pero sólo con talante no se resuelve nada. Es mucho más simpático que Sistach, que jamás hizo gala de simpatía, pero sólo con eso, aunque sea un factor positivo, no se resuelve nada. Y menos en Barcelona. Él verá si tiene más empeño que el de repartir sonrisas y abrazos. De momento, rien de rien. Y ya lleva año y medio de ejercicio pastoral. Todo sigue igual.
No sé si ya, o a las 0.00 de mañana el cardenal Sistach deja de ser elector. Pienso que no es una gran pérdida en el Colegio Cardenalicio aunque haya unos cuantos que a su lado son verdaderas insignificancias. Y algunos incluso miserables personalmente. Eso nunca me lo ha parecido Sistach aunque algún pelotillerismo de última hora entre, una vez más, en su talante acomodaticio. Intelectualmente tiene consistencia. La doctrina se la sabe. Pero… La valentía nunca estuvo entre sus características.
Estoy casi seguro de que va a ser un cardenal desaparecido. Y no sólo como elector. Omella le seguirá llamando, a actos institucionales, y él seguirá acudiendo a su lado. Con mitra menos adornada, lo que seguramente no le gustará, pero con más representación personal que Taltavull. Pues eso es lo que hay. O lo que le queda. No le veo yo como a Fray Carlos Amigo volcado en seguir sirviendo a la Iglesia. Aunque puedo equivocarme. Condiciones al arzobispo emérito de Barcelona no le faltan, salud parece que tampoco, que Dios se la conserve, pero me da la impresión de que lo suyo nunca ha sido currar.
No quiero terminar sin reconocer al cardenal Sistach su prudencia ante el independentismo. Seguro estoy que venciendo presiones múltiples. No sería justa esta semblanza si no lo mencionara.