Artículo de Bernardino Montejano.
EL MARTIRIO DE LA FAMILIA POLACA ULMA
Gracias a la Cigüeña de la Torre, nos enteramos del martirio de
una familia polaca cuyos integrantes fueron beatificados en forma
colectiva. Nos situamos en el contexto de la Segunda Guerra Mundial,
en. Polonia. Allí viven Józef y Witkoria Ulma con sus seis hijos, en
Markowa, una pequeña aldea de campo al sureste de Polonia.
Estamos en 1944; desde 1941 los nazis han implantado una ley que
prohíbe ayudar de cualquier manera a los judíos. A pesar de esta ley,
penada con la muerte, Josez y Witkoria deciden dar cobijo en su hogar
a dos familias de judíos vecinos del pueblo, en total, ocho personas
judías acogidas y mantenidas ocultas en su casa en sigilo durante
meses.
Pero algún alcahuete los denunció y los ocho judíos refugiados
más todos los Ulma fueron asesinados. En menos de una hora
murieron fusiladas 16 personas: toda la familia murió de manera
conjuntapor odio a la fe y por amor al prójimo, un caso prácticamente
único en la historia de la Iglesia. La Iglesia abrió la fase diocesana del
proceso de canonización de la familia Ulma el año 2003. El 10 de
septiembre de 2023, el Cardenal Marcello Semeraro presidió en Markowa
la ceremonia de beatificación.
Pero, por si esto no fuese suficiente, hemos de seguir adelante
para hacer notar otro dato aún más admirable. Fueron ejecutadas 16
personas, hemos dicho: los 8 judíos, los padres y sus 6 hijos suman
16. Y los beatificados son 17. El caso es que Wiktora estaba
embarazada de su séptimo hijo cuando los nazis se presentaron en su
casa. Al parecer, su estado de gestación debía ser muy avanzado
porque Witkoria comenzó a dar a luz en el momento de su martirio al
último de sus hijos. Cuando ese mismo día unos vecinos exhumaron
los cadáveres de la familia, mal enterrados sobre la marcha en fosa
común abierta en el terreno, vieron que Witkoria había comenzado a
dar a luz a su hijo, de manera que encontraron fuera de la madre la
cabeza y parte del cuerpo de la criatura.
Y así, junto al admirable martirio familiar, beatificados de
manera conjunta padres y sus seis hijos, admiramos un prodigio aún
mayor, puesto que el séptimo hijo recibió también el reconocimiento
del martirio por parte de la Iglesia en la misma ceremonia de
beatificación.
El Dicasterio para las Causas de los Santos explicó
oficialmente que ese séptimo hijo fue encontrado ya
nacido durante el momento del martirio de su madre
(en el parto) y, por tanto, considerado entre los niños que recibieron en la ceremonia el título de
beatos.
El comunicado lo explica: “En el momento del asesinato, la Sra.
Wiktoria Ulma estaba en estado avanzado de embarazo de su
séptimo hijo. Este hijo fue dado a luz en el momento del martirio de
su madre… De hecho, con el martirio de los padres, recibió el
bautismo de sangre y se añadió al número de los hijos martirizados”.
No le dio tiempo al pequeño beato a vivir más que unos
segundos fuera del seno de su madre, puesto que enseguida recibió
el premio de su corona martirial.“Sin haber pronunciado nunca una
palabra, hoy el pequeño Beato grita al mundo moderno que acoge,
ama y protege la vida, especialmente la de los indefensos y
marginados, desde el momento de la concepción hasta la muerte
natural…”
(Homilía en la beatificación de la familia Ulma).
Un martirio nunca surge como una mera reacción heroica ante
un último y supremo momento de prueba. Más bien es el resultado de
toda una vida de virtudes cristianas, vividas con generosidad y
entrega constantes. Así fue también en el caso de los Ulma.
Józef era un campesino con escasos estudios, terminó solo la
Primaria, pero su vida de fe era intensa. Lector habitual de
la narración del Buen samaritano
.
Su esposa, Witkoria, era a su vez
una mujer profundamente creyente, de fe sencilla y perseverante, esa
“fe de toda la vida”, que ella supo vivir encarnada en lo cotidiano de
su día a día de esposa y madre de familia.
Por lo tanto, el asilo heroico que Józef y Witkoria dieron a las
dos familias de judíos es un acto final de caridad suprema
que, en su
caso, tiene
precedentes
:
era frecuente que acogiesen en su hogar a
necesitados, huérfanos y mendigos, y que compartiesen sus cosechas
con los necesitados cuando había escasez. De esta manera, la ayuda
que los Ulma dieron a los judíos nofue un gesto excepcional y
puntual, sino la culminación coherente de una vida ya orientada a la
caridad.
El régimen nacional socialista fue expresión de un paganismo
post cristiano denunciado por la Iglesia Católica y al cual el papa Pío
XI le dedicó la encíclica Mit Brennender Sorgeen la cual se ubican en
su lugar los elementos temporales de la sociedad: “Si la raza o el
pueblo, si el Estado o una forma del mismo tienen en el orden natural
un puesto digno de respeto… quien los arranca de esta escala de
valores terrenales, elevándolos a suprema norma de todo, aun de los
valores religiosos, divinizándolos con culto idolátrico, pervierte y
falsifica el orden creado e impuesto por Dios, está lejos de la
verdadera fe y de una concepción de la vida conforme a ésta”.
En el mismo documento señala que “la infidelidad a Cristo Rey
es testimonio de su fidelidad al actual régimen”; eran otros hombres y
otros tiempos. Y algo muy actual para China: “No es lícito a quien
canta el himno de la fidelidad a la patria terrena convertirse en
tránsfuga y traidor con la infidelidad a su Dios, a su Iglesia y a su
patria eterna”.
Buenos Aires, febrero 22 de 2026.
Bernardino Montejano