
Un amigo mejicano me hace llegar un informe que circula por Méjico sobre la negativa del cardenal a que la procesión del Corpus siga en las calles de la capital.
Creo que es bueno que los lectores del Blog lo conozcan. Y de paso a Carlos Aguiar Retes, de 69 años, cardenal de la S.R.I y arzobispo de Méjico.
EL JUEVES DE CORPUS Y EL CARDENAL DON CARLOS AGUIAR.
Tan importante personaje de la Iglesia en México llegó a la Arquidiócesis Primada precedido de una fama que lo presentaba como clérigo progresista.
Sin embargo, desde su toma de posesión, no ha tomado decisiones espectaculares que lo acrediten como militante activo de dicha corriente.
Como vocera de la Arquidiócesis, nombró a Marilú Esponda, perteneciente al Opus Dei y miembro de una de las familias católicas más distinguidas en este país. Dicha dama se caracteriza por ser una mujer brillante y capaz; prueba de ello es que el semanario DESDE LA FE notoriamente desde que Marilú se hizo cargo del mismo.
No obstante, a pesar de que no ha hecho nada digno de censura que le den la razón a quienes lo acusan de progresista, la conducta del Cardenal Aguiar, al igual que la luna, tiene también su cara oculta.
Concretamente nos referimos a que, en el tiempo que viene desempeñando el cargo de Arzobispo Primado, dicho personaje interrumpió un piadoso acto de culto externo que se predecesor había convertido en toda una tradición.
Quienes algo sepan de historia de México saben muy bien que, durante los tres siglos del dominio español en este país, era una piadosa tradición que el Jueves de Corpus el Santísimo recorriera las principales calles de la capital del país arropado por el fervor de miles de fieles.
Tan espléndida manifestación de culto público se celebró por última vez el jueves 31 de mayo de 1866. El año siguiente, debido al triunfo del masón Benito Juárez, dicha procesión dejo de llevarse a cabo.
Vinieron después los tiempos de la dictadura liberal de Porfirio Díaz, la Revolución de 1919 y la persecución contra la Iglesia que provocó la guerra cristera.
El caso fue que una piadosa tradición que databa de los tiempos del Virreinato fue abandonada por más de ciento treinta años.
Hasta que el jueves 6 de junio de 1996 fue rescatada por el entonces arzobispo primado de México, monseñor Norberto Rivera Carrera.
El hecho de rescatar una de las más bellas tradiciones mexicanas, aparte de ser algo laudable, fue una decisión evangelizadora puesto que se logró que, después de estar encerrado durante más de un siglo entre los muros del templo, Cristo Eucaristía volviese a salir a la calle, a tomar posesión de ella y -de ese modo- que a pleno sol y sin rubores, el pueblo católico le brindase la adoración debida.
El Cardenal don Norberto mantuvo tan piadosa tradición hasta el Jueves de Corpus de 2017 (15 de junio) último que le tocó presidir como Arzobispo Primado.
Su sucesor el Cardenal don Carlos Aguiar Retes tomó posesión el 5 de febrero de 2018 y desde entonces han pasado dos fiestas de Corpus y en ninguna de ellas ha salido el Santísimo a la calle, limitándose a que la procesión se realizase dentro del recinto catedralicio.
Dos años han bastado para interrumpir una tradición que don Norberto había celebrado durante 21 años seguidos y que entroncaba con aquellos tiempos piadosos del Virreinato.
¿Cómo explicar tan extraña conducta del Cardenal Primado?
Desde luego que descartamos que el Cardenal haya prohibido la procesión pública con el Santísimo movido por el temor a provocar a las autoridades civiles.
Y lo descartamos porque México -a pesar de tener un presidente izquierdista- no padece una persecución religiosa como en tiempos del presidente Calles.
Al actual presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) -con todo y ser un populista al estilo de Hugo Chávez- lo que menos le interesa es tener un enfrentamiento con la Iglesia Católica, máxime si consideramos que coincide con la Jerarquía Eclesiástica en su rechazo a los llamados matrimonios igualitarios. AMLO -conservador en temas morales (es protestante evangélico)- en un momento dado, puede necesitar del apoyo de los obispos mexicanos. Esa es la razón por la cual no es lógico afirmar que el Cardenal Aguiar no sacó el Santísimo a las calles por temor a posibles represalias.
Debido a que dicha decisión la adoptó el Cardenal con plena libertad y sin presiones de ningún tipo, cabe preguntarse: ¿POR QUE LO HIZO?