
Y ahora que le veo creo que jamás me lo tropecé.
Me alegro mucho del no encuentro.
Y de no haber perdido el tiempo con quien no es de los míos. Jamás hice nada por encontrármelo y él tampoco conmigo. Pues ambos nos hemos ahorrado un mal encuentro.
Pues qué le vaya bonito. Y si no le va, también me la refanfinfla. Vamos, que Restán me trae absolutamente sin cuidado. ¿Le trae con algún cuidado, por mínimo que sea, a alguien? Creo que no.
Y si eso es lo que les gusta a los obispos, ¡vaya cacosidad de obispos! Cacosidad de caca.
No puedo evitar que me venga a la mente aquello de la inteligente mirada del caballo. Inexistente por mucho que se la quiera buscar.