COMUNIÓN EN LA MANO

Mons. Juan Rodolfo Laise - La Comunión en la Mano

COMUNIÓN EN LA MANO

Según nos informa Specola, un semoviente mitrado, el arzobispo de Cascabel en Brasil, mon José María Scalon Aragoneses se pronunció en forma violenta contra quienes comulgamos en la boca, llamándonos “Medievales” y afirmó que el Concilio Vaticano II “nos enseñó que había que comer con las manos”.

 Como puede advertirse, este analfabestia nunca estuvo en el restaurante “Manopla”, de Mar del Plata, que mucho antes de ese concilio tenía un lema y un ejemplo antiguo: “Haga como los romanos, comían con las manos” y “Ellos eran expertos, comían sin cubiertos”. Claro que lo fundamental que ofrecía el menú era pollo con papa fritas, o buenas empanadas, al alcance de las manos de cualquiera.

Aclaro que uso el mon para designar a los monseñores que no son señores, abundantes hoy entre los prelados, cardenales, arzobispos y obispos de la sufrida Patria Argentina. Bastó hace un par de años que utilizara el mon, para designar a un individuo llamado Zecca Feldman, para que un rábula, presidente de la Corporación de Abogados Católicos san Alfonso María de Ligorio, me interrumpiera una conferencia, porque a este pobre hombre no le interesaba el ¿por qué? del mon, sino el quedar bien con cualquiera que hubiera trepado a un cargo, aunque fuera cómplice de los peores delincuentes como el ex gobernador de Tucumán Alperovich, con quien se abrazaba el arzobispo Zecca como viejos compañeros y que hoy se encuentra preso por un delito sexual y por lo tanto, no puede gozar de 79 propiedades, que tiene en blanco.

Tuve un par de experiencias personales con el tema de la comunión en la mano: el primero en tiempos de la gripe porcina, el segundo en el de plandemia.

 Mi entonces párroco de Nuestra Señora de Luján, buen sacerdote, pero ignorante de las reglas a seguir, se negó durante una Misa, a darme la comunión en la boca, delante de toda la feligresía del barrio.

Al rato en la sacristía, tuvimos un duro cambio de palabras en el cual la postura del párroco fue oscilante, desde decir que era un soldado y cumplía órdenes, hasta recriminarme por mis palabras, acerca de cómo debía distribuirse la comunión, y respetarse siempre el derecho de los fieles a comulgar en la boca. Pero la discusión acabó cuando le informé que lo denunciaría al Vaticano. Como estoy en el campo, el escrito no lo tengo a mano, está en Buenos Aires.

Cuando empezaron a salir las resoluciones que hacían lugar a reclamos como el mío, un día, con mi mujer como único testigo, me pidió disculpas. Entonces le dije: es muy fácil pedir perdón en privado a un feligrés ofendido en público. Me contestó con nobleza: usted dirá como puedo reparar la ofensa, a lo que le contesté: que permanezca la humillación, por mis muchos pecados. 

Desde ese día, con monseñor Martinoia, somos amigos, hoy vive en el geriátrico de los curas, pero he concurrido a la parroquia cuando se lo agasajó. 

El segundo caso, fue en la Capilla del Santo Cristo. Yo volvía del campo después de días de ausencia, me acerco a comulgar y una monja que oficiaba de ministro extraordinario me dice con energía: la mano, la mano. Ante su sorpresa le grité: ¡A mí me la da en la boca!, lo que hizo temblando.

Después, vino la discusión con fray Pedro Gómez O.S.B al día siguiente y llegamos a un acuerdo entre dos personas civilizadas: después de la Misa me daría la comunión de rodillas y en la boca. Pero desde el día después, con otros feligreses, como Thais Tanco y algunas amigas de ella, decidimos ir a Misa al Carmelo de Amenábar, donde todavía queda el comulgatorio y dónde jamás se obligó a nadie, contra su voluntad, a recibir en la mano el cuerpo del Señor.

Hoy soy amigo del fraile y más de una vez he comentado sus homilías y elogiado la solemne misa dominical.

Este es mi balance personal y no quiero acabar sin rendir homenaje a ese gran obispo que fue monseñor Juan Rodolfo Laise quien, como mandaba en su diócesis rompió la unanimidad de un episcopado ya entonces obsecuente, a quien llamaba “zoológico espiscopal”, y prohibió en San Luis la comunión en la mano. La medida fue conservada por sus sucesores Jorge Lona y Martínez Perea.

Pero nombrado el obispo actual, cuyo nombre prefiero omitir para no ensuciar estas líneas, lo primero que hizo fue derogar la prohibición y no bastando con eso, encargar una lectura de la Misa en la cual anunciaba la medida, a un conocido transexual.

Vaya mi homenaje al obispo Laise quien construyó iglesias, capillas, seminario, todo lo bueno, que hoy, un irresponsable destruye.

Vaya también mi homenaje a los sacerdotes fieles de san Luis y a las ejemplares monjas del Instituto Mater Dei, congregación fundada por ese gran constructor y hoy ya presentes en otros países, en los cuales su presencia nos honra. Que Dios, Nuestro Señor, los fortalezca en estos tiempos de prueba.

Estancia San Joaquín, San Serapio de Azul, noviembre 11 de 2024,

Bernardino Montejano

 

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