AUSTRIA: LA LOCURA DEL GÉNERO

AUSTRIA: LA LOCURA DEL GÉNERO

Hace un tiempo, apareció en el Instituto de Filosofía del Colegio de Escribanos de la Ciudad de Buenos Aires, una partidaria de la ideología de género y yo, como especialista en poner sobrenombres, o adoptarlos, cuando me parecen adecuados o graciosos, la apodé “Generox” con lo cual conseguí que al poco tiempo desapareciera.

Hoy, la mala noticia viene de Austria, pues en guarderías y jardines de infantes de un par de ciudades aparecen seis opciones de género: masculino, femenino, diverso, inter, abierto o ninguna selección. 

El líder del FPÖ, ganador de las últimas elecciones, pero imposibilitado de asumir el gobierno del que se harán de nuevo cargo los derrotados liberales y socialdemócratas, calificó esto de 1mas locura” y escribió: “Nuestros hijos deben ser protegidos de este circo de género”.

Como viejo que soy, para mí el género en sentido estricto, sigue siendo un pedazo de tela. Y al principio todas las extensiones de la palabra, las tomaba en joda. Pero creo que estaba equivocado, porque con el pretexto del género se introducen muchas porquerías que confunden y perjudican a la niñez, la adolescencia y la familia.

Así en la Ciudad de Buenos Aires y con el apoyo del jefe de gobierno, el amoral Mauricio Macri, María Eugenia Vidal inventó el portal “Chau tabú”, que mereció una declaración del Instituto de Filosofía Práctica, del 19 de diciembre de 2013 (“Doce años de declaraciones que no necesitan aclaraciones”, Infip, Buenos Aires, 2017, p. 209 y ss.) 

Allí señalamos una dura puja, entre el gobierno nacional y el porteño, acerca de cual de ellos corrompía más, desde la niñez en adelante, porque para ellos, cuanto más pronto se les impida vivir la niñez y la adolescencia, mejor. Esa colección de bestias nunca podrá entender la oración de Miguel de Unamuno, que cito de memoria y que dice así:

“Agranda la puerta Padre

porque no puedo pasar,

la hiciste para los niños

he crecido a mi pesar.

Si no agrandas la puerta,

achícame por piedad,

vuélveme a la edad dichosa

en que vivir es soñar”.

Cabe aclarar, que, en esta tarea corruptora, colaboran con entusiasmo muchos medios de comunicación, públicos y privados y que el portal del gobierno de Macri está dedicado a adolescentes, pero es de libre acceso a cualquiera que sepa leer y entrar a Internet.

Respecto a los diarios, colabora “La Nación”, a través de dibujos y frases de un pornógrafo llamado Tute, en su diaria “Tutelandia”. Dos botones de muestra: una mujer le pregunta a su hija pequeña: ¿Qué quieres ser cuando seas grande? La respuesta de “putelandia” es unívoca: hombre o sea varón. Otra: un soldado varón sugiere a otro varoncito: ¿Por qué además de hacer la guerra no hacemos el amor?

El engendro de María Eugenia Vidal “Chau Tabú” enmascara su tarea corruptora en la ciencia, pues afirma encararla desde “la rigurosidad de trabajarlo con especialistas en salud,  en educación”, contenidos revisados con toda su autoridad, por la Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans, (FALGBT).

El portal manifiesta su intención: satisfacer los derechos a “una información completa científica y laica sobre la sexualidad y a una educación sexual laica, sin prejuicios”. Todo muy claro, sin equívocos, un lenguaje trasparente, que añoramos en textos papales y episcopales.

No faltará algún obispillo, amigo del sacerdote James Martin y del “Trucho” Fernández, que le agregue a todo esto una dosis de teología, seguro que teología más pornografía asegura éxito de librería y promoción de la revista “Criterio” y de círculos clericales tercer mundanos.

Lo que prima en el Portal, obra dirigida por una ex alumna de Ciencias Políticas de la UCA, es una visión mutilada del ser humano, una visión materialista, hedonista, que hace descender al hombre a un nivel inferior a los animales. Y a la vez, la soberbia, la idolatría de sí mismos de sus promotores, autores y presentadores, que en su empresa degradan al hombre, a la vez que ignoran a Dios y a su ley.

En el Portal, obra de tecnócratas del sexo, no hay lugar para las virtudes morales que hace bueno a quien las practica, no existe espacio para proponer a los adolescentes la posibilidad de ser prudentes, justos, fuertes, temperantes. No hay lugar para el pudor, el decoro, la honestidad, la castidad, la virginidad, el heroísmo, ni para una vida sana. Solo espacio para vicios y pecados.

No se presenta en el Portal la posibilidad de conductas que, desde la fe cristiana, busquen la salvación eterna. ¿Pero cómo se encontrará eso, si el personaje religioso más próximo al gobierno es el rabino Sergio Bergman, partidario de llamar matrimonio a la unión de un par de sodomitas?

Un argumento a fortiori, si esto es el PRO, lo que será Kicillof, cuya política de género espanta. Ambos son enemigos de la supervivencia argentina.

Ante esta realidad debemos defender a la familia tradicional como ámbito primero de educación, incluso sexual, escuela de virtudes, de ejemplaridad, de enraizamiento, de protección de la inocencia de los niños.

Para decirlo con palabras de Saint-Exupéry: “Los hombres habitan y el sentido de las cosas cambia para ellos según el sentido de la casa” (Ciudadela, III), porque “lo maravilloso de una casa no es que ella nos ampare, nos caliente, ni que poseamos sus paredes, sino que haya depositado en nosotros, poco a poco, provisiones de dulzura”, esas reservas que en el caso del escritor-piloto brotarán en forma misteriosa durante los momentos más duros y crueles de su existencia.

Así fue que una noche, perdido en el desierto, allí donde solo existen la arena, el viento y las estrellas, al borde de la muerte, se se abandona a los recuerdos y lo invade una extraña dulzura porque “En alguna parte existía… una antigua casa que yo amaba… bastaba que existiera para llenar la noche con su presencia”.

La casa, la mansión familiar “es pasta en el alba para transformarse en el anochecer en libro de recuerdos”, es el primer vínculo, porque el hombre no es una mónada aislada y autónoma, sino un ser ligado con múltiples ataduras, que amparan sus libertades concretas, por eso volvemos a Saint-Exupéry, quien afirma: “El hecho de librar al hombre de sus ligaduras significa dejarlo inerme. El individuo aislado puede conocer momentos de libertad, pero al faltarle todos sus límites se convierte en juguete de las pasiones. El liberar totalmente al hombre equivale a prepararlo para la esclavitud” (Simone de Saint-Exupéry, Cinque enfants dans un parc, Gallimard, París, 2000, p. 54).

La gran tarea pues si no queremos ser esclavos, es defender la inocencia de los menores contra “el circo del género” y sus payasos.

Estancia San Joaquín, San Serapio de Azul, octubre 25 de 2024

                             Bernardino Montejano

    

 

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