ARMONÍA Y UBICACIÓN

San Clemente I, Papa
ARMONÍA Y UBICACIÓN
Hoy, la segunda lectura de la Liturgia de las horas, es un texto de una carta del papa
san Clemente a los Corintios que es una apología de la caridad y de la armonía “que justa y
bellamente viene de la tradición”.
Dos palabras acerca de san Clemente, papa de cuya vida tenemos pocas noticias y de
cuyos escritos, la carta a los corintios es el único cuya autoridad es universalmente reconocida,
y cuya redacción fue entre los años 96 y 98.
En el prólogo, describe el estado floreciente de la Iglesia de Corinto y de ciertas
discusiones, a la cual dedica la primera parte, aludiendo a los vicios que pueden anidar en
ellas: la discordia y la envidia.
Las virtudes más necesarias a practicar son: caridad, penitencia, obediencia, piedad,
hospitalidad y humildad.
En la segunda parte, da una serie de consejos prácticos para superar las divisiones,
recuerda casos de insubordinación, exhorta a la unión y dice que el amor debería ocupar el
puesto de la discordia, para que volviese la paz.
Nada se sabe acerca de su muerte; su martirio es históricamente improbable, y lo
escrito acerca del mismo entre los siglos IV y VI, es legendario, quimérico, fabuloso.
En su carta a los corintios, Clemente insta que roguemos a Dios que “por su
misericordia, nos permita vivir en la caridad, sin humana parcialidad, irreprochables” y
también para “que nos sean perdonados cuantas faltas y pecados hayamos cometidos por
acechanzas del adversario”.
Nos pone de ejemplo a “los que proceden en su conducta con temor y caridad, que
prefieren sufrir ellos mismos y no que sufran los demás; prefieren que se tenga mala opinión
de ellos mismos, antes que sea vituperada aquella armonía y concordia que justa y bellamente
nos viene de la tradición. Mas vale a un hombre confesar sus caídas que endurecer su
corazón”.
El 9 de julio, en el diario “La Prensa”, en “El rincón de los sensatos”, nuestro amigo
Hugo Esteva, quien pronunció esta semana una sobresaliente conferencia sobre otro
investigador y médico ejemplar Jérome Lejeune, en el Instituto de Filosofía Práctica (INFIP), en
el marco del Curso Figuras Ejemplares, publicó un breve y sugestivo artículo, titulado
“Ubicarse”, donde a partir de su experiencia en el campo de la medicina, abstrae una regla
general respecto a la necesidad de ubicarse, “es decir, noción de la propia medida, de lo que se
conoce, del ámbito en el que se actúa”.
Continúa Esteva: el ubicarse, “que fue bastante claro, para muchas generaciones, se va
perdiendo por contagio y por vacuidad. Se ignora lo que se sabe, y sobre todo, lo que no se
sabe. Y ahí nomás quedan el ridículo y lo grotesco. Pero, más grave, el vacío suele llenarse con
guarangadas que no respetan sexo ni edad. Que chocan porque se ve la falta de naturalidad
con que en general se expresan: quieren protestar como hombres de campo, pero jamás
aprendieron a ensillar un caballo”.
“Lo peor es cuando actitudes similares llegan a lo más alto de los niveles
gubernamentales… el presidente de la República no puede seguir hablando como ‘un carrero’
aunque le haya resultado útil en la campaña electoral, en el orden local y menos en el
​internacional. El presidente debe transmitir equilibrio, dominio de sí y de las circunstancias;
ingenio e ironía, sí, grosería no. La buena educación, no es mojigatería. Al contrario,
habitualmente es sinónimo de firmeza”.
“No hay caso: hasta en el máximo nivel es necesario ubicarse”.
Magnífico el aporte de Esteva preocupado por la desubicación de Milei y como habla
de desubicación en el máximo nivel, estamos obligados a referirnos al máximo desubicado, la
más alta autoridad espiritual de la tierra, el papa Francisco, “siervo de los siervos de Dios”.
Su actitud, de una soberbia sin límites, queremos compararla con la de su antecesor
Juan XXIII, conocedor de sus límites y bien ubicado, hasta en sus chistes. Así un día al visitar un
hospital, cuyo cuidado estaba a cargo de las monjas del Espíritu Santo, tuvo el siguiente
diálogo al recibir el saludo de bienvenida: -Santidad soy la superiora del Espíritu Santo, a lo
cual respondió: -Madre, la felicito, yo soy solo el vicario de Cristo.
La desubicación de Francisco, quien se considera superior a Cristo, a quien corrige y
pretende superar en bondad, cuando expresa sus deseos de que no exista el infierno o esté
vacío, es fuente de oscuridad y confusión.
La cual alimenta cuando critica a las Sagradas Escrituras como en la audiencia del 19 de
junio, noticia así titulada por Infocatólica del día siguiente: “Francisco asegura que no todos los
salmos pueden ser rezados por los cristianos” porque reflejan una mentalidad religiosa que no
es la nuestra, audiencia (Info católica 20/6/24).
La crítica es tan insólita, que hizo dudar a la sensata María Esnaola quien no me creía
cuando se la comenté, todo tan inverosímil como que el primer vaticanense, según fue
calificado por invención de Mecha, mi mujer, sea un musulmán, hijo de refugiados traídos por
Francisco en un viaje y preferidos a cristianos que quedaron a la espera. La razón aducida fue
que los mahometanos tenían más avanzados sus trámites.
La desubicación de Francisco es un pésimo ejemplo para cardenales y obispos, entre
ellos los argentinos, que ojean pero no ven que su ubicación y su servicio, están en el terreno
espiritual y no invadiendo en forma permanente el campo del César y haciendo política de baja
estofa. Solo si se ubican en el lugar que les corresponde, podrá volver a reinar la armonía,
deseada por el papa Clemente en la Iglesia de nuestra patria.
Buenos Aires, julio 12 de 2024 Bernardino Montejano

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