Cada vez se parece más al ministro Puente.
No hace nada bien. Aunque él crea y diga lo bien que lo hace todo.
Y resulta tan impresentable como él.
Si mienten, mal. Y si se creen lo buenos que son, peor.
Por mentirosos o por retras deberían dimitir. Y si no, deberían cesarles.
Ni como católicos ni como españoles nos merecemos eso.