Bernardo Ruiz Cano, seglar de 27 años, ejerció como periodista y poeta comprometido con la fe católica hasta su trágica muerte el 24 de septiembre de 1936. Nacido en Jaén en 1909, destacó en los años 30 por su oratoria brillante y pluma combativa al servicio del Evangelio. Fue director de El Pueblo Católico (revista apologética) y posteriormente del diario El Día de Jaén, desde cuyos editoriales defendió sin concesiones los principios cristianos frente al laicismo imperante. Carlista convencido e intelectual tradicionalista, Bernardo alzó la voz por la libertad de la Iglesia y la Realeza de Cristo en tiempos de persecución.
Como integrante de la Comunión Tradicionalista, Ruiz Cano participaba en tertulias y círculos culturales donde se fraguaba la resistencia católica al secularismo radical. Creía firmemente que la fe debía impregnar la vida pública, y así lo proclamaba en sus artículos y conferencias. Esa valentía le señaló ante los revolucionarios cuando estalló la guerra civil. Tras la sublevación de julio de 1936, Jaén quedó en manos de comités milicianos que desataron una dura represión anticatólica: templos arrasados, archivos quemados, clérigos y laicos asesinados por centenares. Bernardo era un objetivo claro: católico practicante, figura pública de la prensa y militante carlista.
A inicios de septiembre de 1936, fue detenido en su domicilio por milicianos armados. Sufrió interrogatorios violentos en los que se le exigió renegar de sus convicciones religiosas y políticas. Bernardo se negó a firmar una apostasía, manteniéndose sereno y en oración pese a los golpes recibidos. Su firmeza enfureció a sus captores. Finalmente, el 24 de septiembre, junto a otros presos, fue llevado a una cuneta en las afueras de Iznalloz (Granada) y fusilado sin juicio previo. Tenía solo 27 años. Se ignoran sus últimas palabras, pero testigos posteriores relataron que enfrentó la muerte con la misma entereza con que había vivido, perdonando a sus asesinos y quizá exclamando “¡Viva Cristo Rey!”, el grito de los mártires de entonces.
La Santa Sede ha reconocido oficialmente que Bernardo Ruiz Cano murió in odium fidei, es decir, asesinado por odio a la fe. Su próxima beatificación, junto a la de otros 123 mártires jiennenses, supone un hito para la Iglesia local. En su figura se reivindica el sacrificio de tantos seglares que ofrecieron su vida por Cristo sin empuñar armas ni sembrar odio. Para el ámbito del periodismo católico, Bernardo se convierte además en un patrono e inspiración especiales: un comunicador que no buscó la comodidad ni la fama mundana, sino la verdad del Evangelio por encima de todo. Infovaticana, medio al que él mismo habría podido pertenecer por ideales, ve en Bernardo Ruiz Cano el modelo del periodista fiel que, en un contexto hostil, defendió la fe con la pluma y la palabra, hasta dar la vida. Su legado interpela hoy a los comunicadores a anunciar la verdad con valentía y caridad, sin miedo a las consecuencias.
