Hollerich enfría el debate sobre el diaconado femenino: “Podría dividir a la Iglesia”

Hollerich enfría el debate sobre el diaconado femenino: “Podría dividir a la Iglesia”

El cardenal Jean-Claude Hollerich ha advertido que la ordenación de mujeres como diaconisas es un asunto “a largo plazo” que solo podría abordarse con el consenso de toda la Iglesia, para evitar una fractura interna. Así lo señaló en una entrevista concedida a Vatican News, en la que también defendió una mayor presencia femenina en puestos de responsabilidad eclesial.

Un debate abierto, pero sin decisiones inmediatas

Según explicó el purpurado luxemburgués, el tema del diaconado femenino ha estado muy presente en el reciente proceso sinodal, donde numerosas mujeres expresaron su deseo de acceder a este ministerio. Sin embargo, Hollerich insistió en que una decisión en este momento podría provocar divisiones, tomando como referencia la experiencia de la Comunión Anglicana tras la ordenación de mujeres.

“El acceso al ministerio ordenado solo puede darse mediante un consenso de toda la Iglesia”, subrayó, dejando claro que no se trata de una cuestión que pueda resolverse de forma unilateral o precipitada.

Comprensión hacia las mujeres, pero sin cambios en la doctrina

El cardenal reconoció la “decepción” de muchas mujeres, especialmente en Occidente, por la falta de avances en esta materia. Aun así, defendió que el camino actual debe centrarse en ampliar su participación en la vida de la Iglesia fuera del ministerio ordenado.

En este sentido, insistió en que es necesario reforzar la presencia femenina en los procesos de toma de decisiones, incluyendo ámbitos de gran relevancia, como ya ocurre en algunos organismos de la Curia romana y en diversas diócesis.

Hollerich puso como ejemplo su propia archidiócesis, donde varias mujeres ocupan cargos de responsabilidad, incluyendo funciones en la formación del clero y en la supervisión de áreas clave como la educación o la acción social.

La clave: repensar el diaconado

El cardenal subrayó que antes de cualquier decisión es imprescindible un trabajo teológico serio sobre la naturaleza del diaconado, su relación con el sacerdocio y el episcopado, y su lugar en la vida de la Iglesia.

Incluso planteó la posibilidad de recuperar formas no sacramentales de participación, como un eventual subdiaconado para mujeres, que permitiría su implicación en la liturgia y en el servicio eclesial sin alterar la doctrina sobre el sacramento del orden.

Diferencias culturales y ritmos distintos

Hollerich también destacó que el debate sobre el papel de la mujer en la Iglesia está fuertemente condicionado por factores culturales. Mientras que en Europa existe una clara tendencia hacia la igualdad plena, en otras regiones del mundo las perspectivas son distintas.

Por ello, consideró legítimo que puedan darse ritmos diferentes en la incorporación de mujeres a determinadas responsabilidades, siempre dentro del marco de la comunión eclesial y sin romper la unidad.

Una cuestión abierta al discernimiento

En cualquier caso, el cardenal evitó fijar plazos, señalando que el desarrollo de este debate debe dejarse a la acción del Espíritu Santo y al discernimiento conjunto de la Iglesia universal.

Sus palabras reflejan una posición que, sin cerrar completamente el debate, lo sitúa en un horizonte lejano, subrayando al mismo tiempo la necesidad de reforzar el papel de la mujer en la vida eclesial sin modificar por ahora la disciplina sacramental.

Un giro de discurso que evidencia tensiones internas

Las declaraciones actuales contrastan de forma evidente con afirmaciones realizadas por el propio Hollerich en marzo durante un simposio en la Universidad de Bonn. En aquella ocasión, el cardenal no solo sostenía que la cuestión del acceso de las mujeres al ministerio ordenado “no está cerrada”, sino que advertía que “no puede imaginar a largo plazo cómo puede sostenerse una Iglesia si la mitad del pueblo de Dios sufre por no tener acceso al ministerio ordenado”.

El arzobispo luxemburgués reconocía además un cambio personal de postura, admitiendo que había sido más conservador en el pasado y que su opinión había evolucionado tras su experiencia pastoral. Según afirmaba, esta demanda no sería marginal, sino ampliamente compartida por mujeres en la vida parroquial.

Sin embargo, frente a ese planteamiento más abierto, su intervención actual introduce un claro enfriamiento, al situar cualquier posible desarrollo en un horizonte lejano y condicionado a un consenso global difícilmente alcanzable.

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