Israel reabre el Santo Sepulcro tras 40 días cerrado: fieles vuelven tras una Cuaresma marcada por restricciones

Israel reabre el Santo Sepulcro tras 40 días cerrado: fieles vuelven tras una Cuaresma marcada por restricciones

La Iglesia del Santo Sepulcro ha vuelto a abrir sus puertas este jueves, poniendo fin a 40 días de cierre que han marcado de forma excepcional la vida religiosa en Jerusalén y, de manera particular, la reciente Semana Santa.

Tras semanas en las que el acceso estuvo restringido por decisión del Gobierno israelí —en medio del conflicto con Irán—, los fieles han regresado al templo donde la tradición sitúa la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo. La imagen, ahora, contrasta con la de los días pasados: puertas abiertas, peregrinos entrando sin impedimentos y una cierta sensación de normalidad recuperada.

Del acceso restringido a la reapertura

Durante este tiempo, Jerusalén ha vivido una situación poco habitual incluso en contextos de tensión. Las restricciones no solo limitaron la afluencia de fieles, sino que afectaron directamente a las celebraciones litúrgicas en el Santo Sepulcro.

La Semana Santa se desarrolló bajo condiciones extraordinarias. Oficios con aforo reducido, presencia mínima de peregrinos y un clima general de contención marcaron el Triduo Pascual en el lugar más sagrado del cristianismo. A ello se sumaron episodios que generaron inquietud, como las dificultades para el acceso de autoridades eclesiásticas a los santos lugares.

Un regreso cargado de significado

La reapertura de este jueves supone la recuperación del acceso al lugar donde diariamente se celebra la liturgia y hacia el que converge la devoción de millones de cristianos en todo el mundo.

A lo largo de la jornada, los fieles han vuelto a entrar en el Santo Sepulcro, retomando una práctica que durante semanas quedó interrumpida. También en otros puntos de la ciudad, como el Muro de los Lamentos, se ha registrado la vuelta de los peregrinos.

Tras una Cuaresma vivida entre restricciones y una Semana Santa celebrada con sobriedad forzada, Jerusalén comienza ahora a recuperar su ritmo habitual.

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