El desgarrador testimonio de una de las víctimas de abusos sexuales del Secretario General de la Conferencia Episcopal de Perú: «Yo quería gritar»

El desgarrador testimonio de una de las víctimas de abusos sexuales del Secretario General de la Conferencia Episcopal de Perú: «Yo quería gritar»

InfoVaticana publicó ayer la existencia de una denuncia formal contra Mons. Antonio Santarsiero Rosa, obispo de Huacho y secretario general de la Conferencia Episcopal de Perú, en la que se le atribuyen presuntos abusos sexuales y maltrato psicológico durante años.

Consultado por este medio, el obispo Santarsiero asegura no haber recibido notificación oficial de dicha denuncia y afirma haber tenido conocimiento de su existencia únicamente a través de la consulta periodística. En su respuesta, niega rotundamente las acusaciones de abusos y maltrato psicológico, subrayando que estas contradicen su trayectoria sacerdotal y episcopal.

El expediente, remitido tanto al nuncio apostólico como al Dicasterio para la Doctrina de la Fe, incluye varios testimonios concordantes que describen conductas graves y reiteradas, algunas de ellas iniciadas —según los denunciantes— cuando las presuntas víctimas eran menores de edad.

Un relato desgarrador

El denunciante, identificado como D., describe a las autoridades los abusos sexuales que afirma haber sufrido a manos del obispo Santarsiero dentro del seminario de la diócesis de Huacho. El testimonio, de una crudeza extrema, relata cómo el prelado lo separaba de sus compañeros para quedarse a solas con él, cómo los tocamientos fueron escalando en gravedad a lo largo de los años, y cómo la víctima se encontraba psicológicamente atrapada por la autoridad religiosa del agresor, incapaz de gritar o escapar. D. describe una situación de sometimiento, asco y vergüenza que se prolongó durante años y que, según su relato, continuó incluso después de abandonar el seminario.

El lector debe estar advertido de que la declaración que se reproduce a continuación es parte del testimonio de la víctima, identificada con la inicial D., y contiene descripciones explícitas de abuso sexual.

“Los abusos consistieron en lo siguiente: Cuando yo tenía 15 años fui a un seminario en diciembre del 2010. Antes había ido mi hermano mayor, [nombre omitido]. Él me invitó a ir. Mi experiencia allí fue positiva y estudié el cuarto año de secundaria en [ciudad omitida] en el año 2011. Cuando mi hermano se retiró del seminario yo también me retiré. Luego de un mes llegó un padre llamado [nombre omitido] y me invitó a ir al seminario de la diócesis de Huacho. Yo iba a cumplir 17 años y cursé el último año de secundaria en el año 2012.

Cuando yo estaba con mis compañeros en el seminario, el obispo Santarsiero me llamaba aparte o me encontraba por los pasadizos. Cuando estábamos a solas él me daba abrazos ajustados y prolongados, al mismo tiempo que me decía: ‘yo soy como un padre para ti’. Esto fue al inicio, cuando yo era alumno del seminario menor en el año 2012. Pero cuando fui al seminario mayor en el año 2013, él iba a mi habitación y los abrazos se hicieron más intensos y al mismo tiempo intentaba besarme en la cara a la vez que repetía: ‘Yo soy como un padre para ti y tengo derecho de abrazarte, y tú también puedes abrazarme’. Cuando él hacía esto yo me sentía muy incómodo. Él me sostenía de mi cintura y tocaba mis glúteos y trataba de pegarme hacía sus genitales. En esos momentos yo le decía: ‘Monseñor ¿Por qué hace eso? No creo que esto esté bien’. A lo que él respondía: ‘No te preocupes, esto no es malo. Yo soy un papá para ti. No tengas miedo’. Esta conducta se repetía muchas veces. Estimo que dos veces cada mes durante este año del 2013.

Luego las acciones del obispo Santarsiero se hicieron más agresivas: Estaba determinado y empezó a tocarme los testículos y el pene y decía: ‘Pégate bien a mí’. Yo trataba de huir y muchas veces conseguí escapar. En ese momento para mí era traumante. No lograba comprender cómo una persona que era admirada y venerada por tanta gente, podía hacer estas cosas conmigo. Yo me sentía sucio, me daba repugnancia y empecé a sentir rencor y rabia contra esa persona que decía ser mi padre y la vez me abusaba. Yo no podía comprender cómo a un obispo le gustaban los hombres, por este motivo me retire del seminario en marzo del 2014. Cuando salí del seminario el obispo me impidió ir a mi casa. Me ofreció un trabajo en un fundo de mandarinas que dicen que pertenece a la diócesis.

Pero lamentablemente los hechos no quedaron así. La situación empeoró mucho más. Posteriormente, me bajó los pantalones y manoseaba mis testículos y mi pene. Me decía: ‘No tengas miedo. Yo te voy a enseñar a asearte’. Al mismo tiempo, él, forzándome me besaba en la boca. Yo trataba de rehuir una situación que me provocaba asco y vergüenza. En mi interior yo tenía ganas de golpearlo; pero al mismo tiempo pensaba que era el obispo y que debía respetarlo. Así nos habían enseñado: que el obispo merece el máximo respeto. Por eso, aunque yo lo rechazaba repeliéndolo de mi cuerpo, al mismo tiempo él volvía a insistir y yo me sentía abrumado y sin salida. Esto también se repitió muchas veces. Además él intentó hacerme felaciones. Él se sentaba delante de mí, me bajaba los pantalones e intentaba poner mi pene en su boca. Yo nuevamente trataba de rehuir eso y quería gritar. Entonces él se levantaba y me decía: ‘ya está bien, está bien. Abrázame fuerte. Abrázame’. Esto era para mí una situación terrible. Difícil de describir con palabras.”

 

Testimonio incluido en la denuncia formal presentada a las autoridades en diciembre de 2025. El nombre de la víctima ha sido omitido para proteger su identidad.

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