Un colegio católico en Castellón acoge el acto anual de los Testigos de Jehová

Un colegio católico en Castellón acoge el acto anual de los Testigos de Jehová

El Colegio La Salle ARLEP, un centro educativo de identidad católica en Benicarló (Castellón), acogió el pasado 2 de abril la llamada “Conmemoración de la muerte de Cristo”, el acto anual de los Testigos de Jehová en el que recuerdan la muerte de Jesucristo desde postulados doctrinales incompatibles con la fe católica.

Un acto recurrente en un espacio católico

No se trata de un hecho aislado. Según se ha podido comprobar, este tipo de actos ya se ha celebrado en otras ocasiones en el mismo espacio, lo que refuerza la preocupación por la cesión reiterada de instalaciones católicas a grupos que niegan elementos esenciales del cristianismo.

Los Testigos de Jehová rechazan verdades centrales como la divinidad de Cristo, la Santísima Trinidad o la naturaleza sacramental de la Iglesia. Su doctrina, por tanto, se sitúa fuera de la fe católica, lo que hace difícilmente justificable que centros educativos católicos acojan sus celebraciones.

Qué celebran los Testigos de Jehová en Pascua

A diferencia de la Iglesia católica, los Testigos de Jehová no celebran el Domingo de Pascua ni la Resurrección de Cristo como solemnidad. Consideran que estas celebraciones no tienen base bíblica y que muchas de sus costumbres están vinculadas a tradiciones humanas ajenas al cristianismo.

En su lugar, centran su práctica religiosa en la llamada “Conmemoración de la muerte de Cristo”, el único acto anual que consideran mandado por Jesús, en referencia a las palabras del Evangelio: “Haced esto en memoria de mí” (cf. Lc 22,19-20). Esta conmemoración se celebra cada año según el calendario lunar que, según su interpretación, coincide con la fecha de la muerte de Cristo.

Desde su perspectiva, las prácticas asociadas al Domingo de Pascua —incluidas aquellas de carácter cultural— no cuentan con la aprobación divina, al considerarlas influenciadas por tradiciones externas al cristianismo primitivo. Por ello, rechazan su celebración y defienden una práctica religiosa basada exclusivamente en lo que interpretan como mandato bíblico.

Una cesión que genera confusión

La cuestión va más allá de un simple alquiler de espacios. Permitir este tipo de actos en instalaciones vinculadas a la Iglesia contribuye a generar confusión entre los fieles y transmite una imagen de normalidad que no se corresponde con la realidad doctrinal.

Las instituciones católicas están llamadas a custodiar su identidad y a evitar cualquier práctica que pueda diluirla. Ceder sus espacios a grupos que sostienen enseñanzas contrarias a la fe no favorece el diálogo, sino que introduce ambigüedad allí donde debería haber claridad.

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