Un cardenal afín a la Misa tradicional junto a León XIV en la bendición Urbi et Orbi

Un cardenal afín a la Misa tradicional junto a León XIV en la bendición Urbi et Orbi

La imagen no ha pasado desapercibida. Junto al Papa León XIV, en la logia central de la basílica de San Pedro durante la bendición Urbi et Orbi de este Domingo de Resurrección, ha estado presente el cardenal Ernest Simoni, una de las figuras más sobrecogedoras del actual colegio cardenalicio y un hombre cuya biografía resume como pocas la persecución contra la Iglesia en el siglo XX.

Simoni no representa una sensibilidad cualquiera dentro de la Iglesia. Su vida quedó marcada por la represión del régimen comunista albanés, que lo mantuvo durante largos años en prisión y trabajos forzados por ejercer fielmente su sacerdocio. En su figura se concentra la memoria de una fe vivida bajo amenaza, probada en el sufrimiento y mantenida sin estridencias, pero con una firmeza extraordinaria. Su sola presencia junto al Papa, precisamente en una bendición centrada en la paz, la violencia y el sufrimiento de los pueblos, adquirió por ello una fuerza simbólica evidente.

No se trata solo de un superviviente de la persecución, sino también de un cardenal identificado con la tradición litúrgica de la Iglesia. Simoni ha mostrado en diversas ocasiones una clara cercanía a la Misa tradicional. Esa afinidad volvió a hacerse visible recientemente con su presencia en la Misa tradicional celebrada en San Pedro durante la peregrinación ad Petri sedem, celebrada por el cardenal Burke.

También a comienzos de año su nombre volvió a llamar la atención cuando decidió no concelebrar en la Misa del consistorio. A sus noventa y siete años, con una fragilidad física ya muy acusada, permaneció arrodillado durante la plegaria eucarística, en un gesto que muchos interpretaron como expresión de una espiritualidad sacerdotal profundamente centrada en el sacrificio de Cristo y en el recogimiento ante el altar. Más allá de interpretaciones interesadas, lo cierto es que su modo de estar en la liturgia transmite una continuidad interior poco frecuente y una sobriedad que impresiona.

Por eso, verle este Domingo de Pascua junto a León XIV en uno de los momentos más solemnes y visibles del calendario litúrgico romano no puede considerarse un detalle menor. Mientras el Papa denunciaba la indiferencia ante la muerte de miles de personas y llamaba a abandonar las armas y a elegir la paz, a su lado se encontraba un cardenal que conoce por experiencia propia lo que significa la persecución, la violencia ideológica y la fidelidad mantenida en medio del dolor.

En tiempos de confusión, su presencia no necesita explicaciones excesivas. Simoni habla sobre todo por lo que ha vivido. Y quizá por eso su figura, silenciosa y casi frágil, resultó este Domingo una de las imágenes más elocuentes de la jornada pascual en Roma.

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