Cristo ha resucitado. Verdaderamente ha resucitado. ¡Aleluya!
Exulten los corazones y alégrese la Iglesia, porque Cristo ha vencido a la muerte y ha disipado las tinieblas del pecado. La luz del Resucitado rompe la oscuridad del mundo y devuelve al hombre la esperanza que no defrauda.
Que la victoria de Cristo, verdadero Cordero inmolado, fortalezca la fe, avive la caridad y nos mantenga firmes en la verdad.