«Videbunt in Quem transfixerunt»

«Videbunt in Quem transfixerunt»

Por: Mons. Alberto José González Chaves 

Cuando en la Pasión todo parece terminado es cuando empieza lo más desconcertante. Jesús ya está muerto. No hay ya palabra, ni gesto, ni mirada: todo ha sido consumado. Y entonces, cuando ya no se espera nada, sucede algo que no tiene ningún sentido humano: un soldado abre con una lanza el costado de un cadáver. Inútil gesto. Sin embargo, Dios ha querido que ese gesto inútil sea el más fecundo de la historia.

«Aperuit… et continuo exivit sanguis et aqua.» No unas gotas; mana una fuente de sangre y agua, como si ese cuerpo guardara todavía un secreto que ni la muerte ha podido agotar; como si Cristo hubiera reservado lo último para después; como si habiendo amado hasta el extremo… todavía quedara más.

La herida desborda: Dios se deja “abrir” porque quiere entregarlo todo. Su costado traspasado no es una derrota, sino una puerta; no es el final de su cuerpo, sino el acceso a Él.

«Et qui vidit, testimonium perhibuit.» El que lo vio da testimonio. ¿Por qué esta insistencia de Juan? Porque sabe que esto no es evidente; que se puede mirar la Cruz y no ver más allá de un cadáver, una lanza, una herida. Por eso hay que mirar de otra manera; dejar que la mirada se haga más lenta, más blanda, más interior, para percibir que ahí no hay simplemente un cuerpo abierto… sino un misterio donde yo puedo entrar.

No es sólo Cristo el que ha sido traspasado: es la realidad la que ha quedado abierta. Ya no existe un “fuera” de Dios completamente cerrado: siempre habrá una grieta, un acceso, un lugar por donde la gracia puede entrar. Incluso en lo que parece más muerto porque «ya no tiene solución». Hasta en mí mismo.

Y entonces: «Videbunt in quem transfixerunt.» Mirarán, pero no como se mira un espectáculo sino con la mirada de quien se reconoce implicado y empieza a entender que esa herida no es sólo de Cristo, sino que tiene que ver con su propia historia, con sus resistencias y sus fugas. Mirarán y algo romperá dentro del alma al contemplar ese costado abierto. Por eso la Iglesia nunca deja de volver a esa herida que no se cierra. Por eso, en el fondo, la única pregunta no es por qué fue traspasado, sino si me atrevo a entrar en ese Corazón abierto.

Ayuda a Infovaticana a seguir informando