Un estudio difundido por EWTN News, basado en el trabajo del apologista católico Jimmy Akin, ha vuelto a poner sobre la mesa una cuestión que periódicamente suscita interés entre nosotros, los cristianos: la posible fecha exacta de la muerte de Jesucristo. La investigación, que combina datos bíblicos, fuentes históricas y cálculos astronómicos, apunta como hipótesis más probable al viernes 3 de abril del año 33, alrededor de las tres de la tarde.
Un marco histórico bien delimitado
Lejos de tratarse de una mera especulación, el estudio se apoya en referencias concretas presentes en los Evangelios y en documentos históricos. Entre ellas destaca la figura del sumo sacerdote Caifás, quien presidió el juicio religioso contra Jesús y cuyo mandato se sitúa entre los años 18 y 36 d.C.
A ello se suma el gobierno de Poncio Pilato, prefecto romano de Judea entre los años 26 y 36, bajo cuya autoridad se ejecutó la crucifixión. Estos datos permiten acotar con bastante precisión el período en que tuvo lugar la muerte de Cristo.
Otro elemento clave procede del Evangelio de San Lucas, que sitúa el inicio de la predicación de Juan el Bautista en el año quince del emperador Tiberio, es decir, alrededor del año 29. Dado que Jesús comienza su ministerio después de Juan, la cronología apunta a los años inmediatamente posteriores.
Una muerte en viernes y en Pascua
Los relatos evangélicos coinciden en señalar que Jesús murió en el “día de la preparación”, es decir, la víspera del sábado judío. Esto implica que la crucifixión tuvo lugar un viernes.
Además, la Pasión se sitúa en el contexto de la Pascua judía. A partir de estos datos, los estudiosos han recurrido a cálculos astronómicos para reconstruir el calendario lunar de la época. El resultado es que, dentro del margen histórico posible, solo dos fechas cumplen las condiciones: el 7 de abril del año 30 y el 3 de abril del año 33.
El argumento del Evangelio de San Juan
El Evangelio de San Juan aporta un dato relevante al mencionar al menos tres celebraciones de la Pascua durante el ministerio público de Jesús. Este detalle sugiere una duración cercana a los tres años.
Si el inicio de la predicación se sitúa en torno al año 29, como indican diversas fuentes, la fecha del año 33 resulta más coherente con esa duración. Por este motivo, numerosos investigadores consideran que el 3 de abril del año 33 es la hipótesis más sólida.
A ello se añade la coincidencia en los Evangelios sobre el momento de la muerte: la “hora novena”, que corresponde aproximadamente a las tres de la tarde.
Una fe anclada en la historia
Este tipo de investigaciones no pretende reducir el misterio de la Pasión a un simple cálculo cronológico. Más bien pone de relieve un rasgo esencial de nuestra fe: su arraigo en la historia.
Cristo no es una figura simbólica ni un mito. Murió en Jerusalén, bajo autoridades concretas y en un momento determinado del tiempo. Esta dimensión histórica es uno de los pilares que sostienen la credibilidad del cristianismo.
Lo que la Iglesia no define
A pesar de la consistencia de los argumentos, la Iglesia no ha definido nunca una fecha exacta para la muerte de Cristo. Estudios como el de Jimmy Akin ofrecen hipótesis bien fundamentadas, pero no forman parte del depósito de la fe.
Existen aún debates abiertos sobre el calendario judío antiguo y la cronología precisa de los acontecimientos. Por ello, aunque el año 33 cuenta con amplio respaldo, no puede afirmarse con certeza absoluta.
Más allá de la fecha: el sentido del Viernes Santo
La posible coincidencia entre el calendario litúrgico y estas hipótesis históricas puede despertar una legítima emoción entre nosotros. Sin embargo, la Iglesia recuerda que el valor del sacrificio de Cristo no depende de una fecha concreta.
Lo esencial no es el día exacto, sino el acontecimiento mismo: la entrega de Cristo por la salvación del mundo.
Cada Viernes Santo, más allá de cálculos y reconstrucciones históricas, contemplamos el misterio central de nuestra fe: el amor de Dios manifestado en la Cruz, que trasciende el tiempo y permanece como verdad perenne para todas las generaciones.