Sarah denuncia la deriva de la Iglesia: «No es una ONG, ha olvidado su misión»

Sarah denuncia la deriva de la Iglesia: «No es una ONG, ha olvidado su misión»

En una entrevista concedida al programa Le Club Le Figaro Idées, el cardenal Robert Sarah ha ofrecido un diagnóstico sin concesiones sobre la situación de la Iglesia y de Occidente. El purpurado africano advierte de una crisis profunda de fe en Europa, denuncia la reducción de la Iglesia a una organización social y subraya que sin Dios las sociedades occidentales están abocadas a desaparecer.

Occidente, una civilización que ha olvidado a Cristo

El cardenal Sarah expresó su principal preocupación por la evolución espiritual de Occidente. A su juicio, las sociedades que durante siglos transmitieron el Evangelio han dejado de considerar a Jesucristo como una referencia vital.

“Tenemos la impresión de que Occidente ya no se interesa por Cristo”, afirmó, alertando de una pérdida de identidad que pone en riesgo no solo a Europa, sino también a las jóvenes Iglesias. Aun así, recordó que la Iglesia no desaparecerá: Cristo permanece con ella hasta el fin de los tiempos.

“La Iglesia no es una ONG”

Uno de los ejes centrales de la entrevista fue su crítica a la deriva de la Iglesia hacia cuestiones exclusivamente sociales:

«Da la impresión de que desde hace algún tiempo la Iglesia no habla más que del cambio ecológico, de los migrantes, de la paz… ¡Pero la Iglesia no es una ONG! No es el papel de la Iglesia hablar únicamente de cuestiones sociales. Debe poner en relación al hombre con Dios»

Para Sarah, cuando la Iglesia pierde su orientación hacia Dios, deja de cumplir su misión esencial.

Una liturgia “demasiado ruidosa” y centrada en el hombre

El cardenal denunció también el estado actual de la liturgia, señalando una pérdida del sentido de lo sagrado:

«La Iglesia ha dañado la liturgia de la misa. ¡Es demasiado ruidosa! Es como si nos celebráramos a nosotros mismos. Se ha convertido en un momento de convivencia, cuando estamos ahí para adorar a Dios; hace falta una liturgia que adore a Dios. ¡Ya no se habla de la salvación ni del alma!»

A su juicio, la liturgia ha dejado de conducir a Dios para centrarse en el hombre.

Vocaciones: la solución no pasa por eliminar el celibato

Sobre la falta de sacerdotes, Sarah rechazó con claridad las propuestas de reforma del celibato:

«No es suprimiendo el celibato de los sacerdotes como la Iglesia suscitará más vocaciones. Mire el anglicanismo: está en plena decadencia, y sin embargo los sacerdotes pueden casarse. Sobre todo, el sacerdote representa al propio Cristo. Por tanto, los sacerdotes deben imitar a Cristo en su vida concreta, y Él no se casó»

Eutanasia: “una ley inhumana”

El purpurado fue igualmente contundente al referirse a las leyes de eutanasia:

«Al autorizar la eutanasia, Francia va más allá de su poder; es una ley inhumana. Nadie puede decidir quién debe morir o quién debe vivir, si una vida vale o no, salvo Dios. Matar a alguien es una barbarie»

Islam y crisis de identidad: una llamada a despertar

Sobre el crecimiento del islam en Occidente, el cardenal planteó una advertencia clara:

«El islam puede despertar a los cristianos. Los musulmanes rezan cinco veces al día; Dios ocupa un lugar fundamental en su existencia. A nosotros solo se nos pide ir a misa el domingo, pero ¿lo hacemos? Si no despertamos espiritualmente, con su número en aumento impondrán su ley y su cultura»

Fraternidad San Pío X: advertencia sobre la desobediencia

El cardenal también abordó la posible ordenación de obispos sin mandato pontificio:

«La decisión de ordenar obispos sin el acuerdo de la Santa Sede y del Santo Padre es una decisión grave, que volverá a desgarrar y romper la Iglesia, que desgarrará la túnica de Cristo; hará sufrir a Cristo. No se salvan las almas en la desobediencia»

Occidente sin Dios: una civilización sin raíces

En conjunto, la entrevista dibuja un diagnóstico claro: una civilización que ha olvidado a Dios pierde su fundamento.

Sarah advierte que el bienestar material no basta para sostener una sociedad y que sin su raíz espiritual, Occidente corre el riesgo de vaciarse. Al mismo tiempo, insiste en que solo una vuelta a Dios permitirá a la Iglesia y a la sociedad recuperar su sentido.

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