En la tarde del Jueves Santo, el Papa León XIV ofició la Misa in Coena Domini en la Basílica de San Juan de Letrán, marcando el inicio del Triduo Pascual con una homilía centrada en el sentido del servicio cristiano y, de manera particular, del ministerio sacerdotal.
Durante su predicación, el Pontífice recordó que el gesto del lavatorio de los pies realizado por Cristo no puede entenderse únicamente como un ejemplo moral, sino como la manifestación concreta del modo en que Dios actúa. Jesús, al ponerse en actitud de siervo, revela una lógica distinta a la habitual, en la que la grandeza no se mide en términos de poder o dominio, sino de entrega.
En este contexto, León XIV retomó una idea ya formulada por Benedicto XVI, según la cual el hombre tiende a imaginar un Dios que confirma sus expectativas o le garantiza el éxito, mientras que el Evangelio presenta a un Dios que sirve. A partir de ahí, subrayó que también el sacerdote está llamado a asumir esta lógica, no de manera parcial, sino con la totalidad de su vida.
“Estamos llamados a servir al Pueblo de Dios con toda nuestra vida”, afirmó, insistiendo en que el ministerio ordenado implica una entrega personal que va más allá de la mera función. En ese sentido, recordó que el amor de Dios precede a la respuesta del hombre y no depende de sus méritos, sino que es el punto de partida que hace posible cualquier conversión.
El Papa también situó este mensaje en el contexto actual, señalando que, ante las múltiples formas de violencia y sufrimiento presentes en el mundo, el cristiano está llamado a adoptar una actitud concreta de cercanía. “Si la humanidad está de rodillas por la brutalidad, nosotros también debemos arrodillarnos junto a los oprimidos”, afirmó, en referencia directa al gesto de Cristo.
La celebración incluyó el tradicional lavatorio de los pies a doce sacerdotes, en continuidad con la práctica habitual de este día. Al término de la Misa, el Santísimo Sacramento fue trasladado al lugar de la reserva, según la liturgia propia del Jueves Santo.
Con esta celebración, el Papa dio inicio a los días centrales del calendario litúrgico, en los que la Iglesia conmemora la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo.